Los espacios públicos siempre resultan importantes para las referencias sociales de los pueblos, porque son los lugares que tienden puentes históricos para la memoria colectiva, establecen afectos y vÃnculos de identidad.
El parque Tangamanga uno es de los sitios que se ganaron poco a poco entre los potosinos, la alternativa de convivir con la naturaleza aún en medio del semi desierto que representa el áspero donde se ubica la ciudad capital.
Su origen se remonta a los antiguos terrenos de la Hacienda de La TenerÃa, de la cual solo quedaron restos del casco viejo, ahora convertido en salones para recepciones de festejos sociales y un malogrado museo que nunca encontró rumbo cierto.
A mediados de la década de los ochentas del siglo pasado, el entonces gobernador y lÃder magisterial, Carlos Jonguitud Barrios, ordenó que en la amplia zona al sur poniente de San Luis PotosÃ, se estableciera el parque Tangamanga, para ese entonces el centenario parque de Morales ya quedaba chico, ante una ciudadanÃa creciente que abarrotaba el pequeño espacio.
Los domingos era casi imposible encontrar siquiera un solar donde tenderse al pasto, el área de juegos y de lanchas con todo y sus patos, siempre estaba saturado hasta con largas filas para el acceso.
La propuesta de contar con un nuevo parque fue bienvenida, no faltaron las crÃticas, dado que para entonces, el inmueble resultaba muy lejano. La ciudad no era tan grande ni extensa como lo es ahora en el 2026. Durante décadas, se convirtió en un parque de verdad, ya que al principio no habÃa tantos árboles, solo algunos mezquites de la antigua hacienda.
Hoy en cambio encontramos toda clase y variedad de arbustos, que lograron desarrollar gran tamaño. Convirtieron el área verde en un pulmón. Ya nadie recuerda los inicios ni los cuestionamientos polÃticos entre jonguitudistas y navistas de la atapa ochentera.
A más de 40 años, el parque Tangamanga se abrió camino y se ha convertido en parte de la identidad de los potosinos que acuden a correr o hacer ejercicio por las mañanas. Lo utilizan como espacio para celebrar un cumpleaños o solo ir de picnic un fin de semana.
Se desarrolló bajo administraciones más o menos neutrales que mantenÃan al parque ajeno al ámbito polÃtico partidista. Un espacio de solaz esparcimiento, ecológico, cultural y cientÃfico. Contaba ya con un Teatro de la Ciudad al aire libre, un observatorio y un pequeño centro de convenciones, canchas para varios deportes y secciones para ciclistas, patinadores y un zoológico, que nunca logró afianzarse.
Uno de los espacios que sà logro consolidarse, fue el denominado Splash, área acuática para épocas de calor. Todo parecÃa establecerse como un lugar atemporal con una cierta, perenne tranquilidad y sosiego, áreas arboladas y otras de pasto que se mantenÃan a raya con un rebaño de borregas, horarios de seis de la mañana a seis de la tarde y un dÃa de descanso a la semana.
Sin embargo, a la llegada del actual gobernador, José Ricardo Gallardo Cardona, todo cambió para mal en lo administrativo y en el parque Tangamanga. Con conductas negativas, como es su costumbre, se apropió del entorno, como si fuera de su particular patrimonio. Lo convirtió en filial de sus lúgubres negocios.
Las denuncias de ex trabajadores del lugar que fueron corridos por denunciar y oponerse a sus latrocinios, dan cuenta de cómo Gallardo ha ordenado el saqueo de cientos de árboles que ha mandado talar y convertirlos en parte de sus pingües negocios, para la venta clandestina de madera. Amplias zonas del parque han sido arrasadas sin haber sido reforestadas. Los cobros por utilizar áreas públicas comunes para recepciones sociales, actos deportivos y culturales, se han visto elevadas a niveles abusivos.
Se abandonó el cuidado de baños públicos, áreas deportivas y hasta la antigua fachada fue demolida para imponer feos y ridÃculos armatostes similares a enormes matamoscas que sólo vinieron a estandarizar un modelo de saqueo público encabezado por quién sin raigambre, se ha adueñado de lo que no es suyo. Pertenece a todos los potosinos. Ahora la asonada ha ido más lejos, busca apropiarse del área acuática para beneficio exclusivo del inquilino de palacio. Ahora pretende exprimirlo, como si fuera un club privado, asociado con conocidos y eternos depredadores locales. Se quieren quedar a la mala y a la brava también con el Splash.
El asalto y daño al parque Tangamanga debe encender alarma roja entre los potosinos. Es inconcebible que el personaje, que dice emanar del Verde Ecologista, sea un ecocida. Le arrebata a la gente un espacio público, del cual no puede adueñarse para su exclusivo coto de poder y enriquecimiento económico. Sólo vino a arrasar como un depredador carroñero.
El daño que le ha enderezado al más importante parque público de San Luis Potosà es ecológico, en su funcionamiento al servicio de los ciudadanos, a los deja sin un espacio para convivir, distraerse, conservar la salud y desarrollar en armonÃa.
Gallardo Cardona no ha logrado construir ningún beneficio para los potosinos, sólo vino a destruir lo que por generaciones, familias completas preservaron para lograr una mejor calidad de vida. Salvar al Tangamanga resulta hoy una trinchera que no se puede abandonar, ante el enemigo número uno de los potosinos



