Los cambios en la estructura social, pol铆tica y econ贸mica, sobre todo los que modifican de manera sustancial el orden establecido, los usos y costumbres de arraigo longevo o las pr谩cticas de gobierno que conducen el desarrollo, suelen ser violentos, efervescentes y radicales, es decir, revolucionarios.
Para escribir la historia de la humanidad, se han tomado como puntos de inflexi贸n, las diversas revoluciones, dado que facilitan, adem谩s la explicaci贸n del devenir social universal, la historia nacional y regional. Por ejemplo, en los a帽os m谩s remotos de la historia, la revoluci贸n neol铆tica o la revoluci贸n de la rueda, la del fuego, entre otras, marcaron cambios radicales en el desarrollo de la humanidad, como la conocemos hasta nuestros d铆as.
Igual de significativos han sido los cambios en los aspectos pol铆ticos m谩s notorios, como la concepci贸n del origen divino de la casta gobernante o los derechos hereditarios de mando o econ贸micos, los cuales han marcado cambios en el rumbo que segu铆a la humanidad en las sociedades destacadas. M谩s cercanas en el tiempo hay dos grandes revoluciones de la era moderna, que son tambi茅n dos de las m谩s estudiadas y difundidas: la Francesa de 1789, que derroc贸 a la monarqu铆a, como sistema pol铆tico y la revoluci贸n industrial de la primera mitad del siglo XIX, que modific贸 el sistema de producci贸n, ambas con efectos de impacto global.
Todos los ejemplos mencionados tienen un innegable aspecto en com煤n, modificaron para siempre la forma en que vivimos y la manera en entendemos la convivencia social y sus estructuras. Sin embargo, tambi茅n es cierto, a la luz del tiempo, la necesidad de poner en balance, los aspectos ben茅ficos que trajeron consigo, los negativos y sus consecuencias.
La revoluci贸n mexicana, el suceso hist贸rico que todos los mexicanos conocemos gracias a la masiva difusi贸n de sus caudillos, a trav茅s de la historia propagand铆stica del estado en todos los niveles educativos de car谩cter obligatorio, es un episodio de la historia que hoy, m谩s que nunca, deber铆a estar sujeto a estudio, cr铆tica y revisi贸n. Son muchas las preguntas por resolver a la luz del tiempo y no pocos los clich茅s, creencias y pretextos discursivos que han sido inventados y utilizados por los gobiernos en turno, al usar a la llamada revoluci贸n mexicana como el sustento perfecto del status quo gubernamental.
Desde los or铆genes del Partido de la Revoluci贸n Institucional hasta nuestros d铆as, bajo el manto de la autodenominada cuarta transformaci贸n, la historia ha sido utilizada como herramienta de justificaci贸n de la causa ideol贸gica que se predica como sost茅n del actuar gubernamental. La exaltaci贸n de unos h茅roes y la denostaci贸n de otros, ha sido variante seg煤n los prop贸sitos de la 茅lite pol铆tica en turno. Ayer el empresario y burgu茅s Francisco Indalecio Madero era exaltado como el ap贸stol de la democracia, hoy Francisco Villa (salteador de caminos y l铆der popular) junto a Felipe 脕ngeles, militar de extracci贸n del sector social m谩s pobre, son los rostros m谩s promovidos. La forma es fondo, siempre.
Ante un aniversario m谩s del proceso hist贸rico iniciado el 20 de noviembre de 1910, vale la pena, como cada a帽o, preguntarnos acerca de los resultados obtenidos, de quienes fueron los verdaderos beneficiados, las implicaciones econ贸micas que trajo consigo el cambio de fondo que impuls贸 el movimiento armado, pol铆tico e intelectual m谩s importante del siglo XX mexicano. Preguntarnos acerca del sistema pol铆tico que nos hered贸 y sobre todo, si los sectores m谩s vulnerables, al igual de lo que ha sucedido a nivel global, fueron los que m谩s bajas civiles obtuvieron, los que m谩s pusieron (literalmente) el cuerpo y alma en el conflicto. Si los que m谩s necesitaban que las circunstancias cambiaran, se vieron beneficiados y si a 113 a帽os de los levantamientos y revueltas que sacudieron por completo al pa铆s, hubo verdaderas modificaciones. Cuestionemos los discursos oportunistas y el uso de la historia con fines demag贸gicos y propagandistas. Cuestionemos el manejo de nuestro pasado, acerqu茅monos mas a la historia desde la permanente b煤squeda de la objetividad.
La historia no es militante, partidista o sectaria, es nuestro pasado compartido, no le pertenece a nadie y al mismo tiempo nos pertenece a todos. La historia, entre algunas otras disciplinas fundamentales, nos brinda la oportunidad, individual y colectiva, de ser cr铆ticos en pro de una conciencia libre, de un esp铆ritu, semejante al que sin duda, motiv贸 a muchos de nuestros antepasados a alzar la voz contra la opresi贸n, la injusticia y la desigualdad. Nos permita hoy, desde el presente y la luz del aprendizaje obtenido, encontrar la mejor manera de hacer valer la pugna por la libertad. Lectura recomendada, Bloch, Marc (2000). Introducci贸n a la historia. M茅xico. Fondo de Cultura Econ贸mica. Colecci贸n Breviarios. Cuarta edici贸n.




