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Las deficientes pesquisas de la procuraduría de justicia

A dos a√Īos de que desapareci√≥ la perito de la procuradur√≠a de justicia, Mar√≠a Guadalupe Gonz√°lez Vel√°zquez y su hijo Alan Tadeo Morales, las investigaciones han sido deficientes, sostiene la madre y abuela de las v√≠ctimas, Ana Mar√≠a Vel√°zquez C√≥rdoba. A√Īade que no ha recibido resultados concretos. Por su propia cuenta ha continuado la b√ļsqueda. Conf√≠a en que m√°s adelante los habr√° de hallar. Describe a la familiar ausente como alguien alegre, amiguera, que siempre le gust√≥ ayudar a los dem√°s. ‚ÄúEs muy so√Īadora y entregada a lo que hac√≠a. Es abogada, pero recibi√≥ unos cursos para especializarse en criminal√≠stica‚ÄĚ.

González se perdió el domingo 26 de septiembre del 2014, en un día de lo más rutinario. Salió de laborar alrededor de las cinco de la tarde, para después reunirse, como todos los domingos, con su familia en una casa ubicada en el barrio de San Sebastián, lugar que acostumbraban para la convivencia. Vieron una película, pero se retiró más temprano que otras veces. Iría a pagar una tarjeta de Soriana y luego con el padre de su hijo, Alfonso Morales Pérez, también perito que laboraba en el departamento de delitos de alto impacto.

La pareja ten√≠a un vida complicada, ya que Morales se hab√≠a casado antes dos veces. ‚ÄúEs un se√Īor mayor a mi hija. Primero fue su jefe, despu√©s amigos. M√°s adelante se dio un trato que nunca aceptamos. Yo sab√≠a un poco de sus acuerdos. Mi esposo jam√°s se enter√≥‚ÄĚ. La cita que ambos tendr√≠an era para llegar a un acuerdo acerca de la pensi√≥n alimenticia del ni√Īo, la cual era un poco elevada debido a que el infante padece s√≠ndrome de Dawn. Entonces ten√≠a apenas 9 meses de nacido. La perito acept√≥ hablar con Morales P√©rez para reducir el monto de la cuota impuesta por el juez.

Antes de salir, la madre se arregl√≥ con el ni√Īo, relata con voz cortada la abuela. ‚ÄúLo puso muy estrenado. Le dijo que iban a mirar a su pap√°. Por lo regular se encontraban afuera de los centros comerciales. Luego se ir√≠a a la casa de Abastos, d√≥nde vivimos. Cuando se march√≥, yo sent√≠a algo, quer√≠a seguirlos, pero me qued√©‚ÄĚ. Fue la √ļltima vez que los vio. Ana Mar√≠a Vel√°zquez se fue a dormir. M√°s tarde recibi√≥ una llamada de su esposo, padre de Lupita. Le inform√≥ que su hija y nieto a√ļn no llegaban. Para tranquilizarlo le dijo d√≥nde podr√≠an estar. Y llamar√≠a a unas amigas cercanas para indagar. Ninguna de las personas con las que se comunic√≥ supo algo de su paradero. Las horas pasaron y la angustia crec√≠a en la familia, por lo que un hermano de Lupita, Marco Antonio Gonz√°lez, llam√≥ a Morales P√©rez para preguntarle si estaban juntos, ya que hab√≠an acordado reunirse con √©l.

Contestó que habían establecido reunirse, pero la perito y su hijo nunca llegaron a la reunión. Alegó que iría a buscarlos y colgó. Ya no volvió a llamar. Al poco tiempo la procuraduría lo mandó a trabajar fuera. No saben si a Matehuala o Salinas. “Ignoramos por qué lo mudaron, nos quedamos sorprendidos. En la capital lo podían ver. La familia se enteró que Morales Pérez fue llamado varias veces a declarar y entró en contradicciones. La quejosa relató que el implicado nunca les pidió reunirse para buscar a los desaparecidos, como lo haría cualquier otra persona con un interés genuino.

Empez√≥ la ardua y angustiada b√ļsqueda. Al no saber su paradero, los hermanos se dirigieron a poner la denuncia. La respuesta burocr√°tica de las autoridades fue que deb√≠a pasar un lapso de 72 para tomar cartas en el asunto. Al saber que la extraviada trabajaba en la procuradur√≠a, hicieron una excepci√≥n y la b√ļsqueda inici√≥ de inmediato. Al principio las autoridades atendieron el caso, citaban a los interesados. Les explicaban que hab√≠a varias l√≠neas de estudio, pero nunca demostraron avances claros. Vel√°zquez expuso que el entonces subprocurador, Carlos Gustavo Rodr√≠guez Cruz, reiter√≥ que las personas involucradas iban a responder ante la ley.

Las promesas resultaron ef√≠meras. El trabajo de Rodr√≠guez fue nulo. Presum√≠a de logros, aunque jam√°s facilit√≥ a los familiares de la perito, copias de documentos que avalaran su desempe√Īo. Incluso antes de perderle la pista, le solicitaron un resumen de todo lo que investig√≥. Se hizo de la vista gorda, dio la vuelta y se escondi√≥ en sus oficinas. Al preguntar d√≥nde se encontraba, los asistentes lo negaban. Nunca dio la cara. El mismo actuar tuvo la directora del Centro de Atenci√≥n a las V√≠ctimas del Delito, Julieta M√©ndez Salas. Apenas les dio un tratamiento psicol√≥gico. Nunca les entreg√≥ informes. No les dijo que ten√≠an derecho a un abogado para que llevara su caso en particular.

‚ÄúNo es v√°lido, se escuden en el dolor ajeno. Nos pusieron un licenciado que tampoco ha dado resultados‚ÄĚ. Cansados de los nulos avances por parte de las autoridades locales, la familia de Gonz√°lez fue al Distrito Federal con resultados adversos. Les dijeron que las leyes hab√≠an cambiado y s√≥lo los pod√≠an orientar. Al llegar como gobernador Juan Manuel Carreras, le entregaron una carta donde le expusieron el caso de la perito. S√≥lo se dign√≥ a decir que la hab√≠a recibido. Con el nuevo procurador, Federico Garza, les dijeron que las investigaciones empezaron de nuevo, ya que las anteriores estaban muy confusas. Ante los nulos resultados, Vel√°zquez C√≥rdoba indic√≥ que podr√≠a buscar otras instancias m√°s competentes. Le pidi√≥ a Carreras y Garza ser m√°s sensibles.