Se le hace bolas el engrudo a Gallardo Cardona en las obras de San Miguelito, donde dejó un chiquero

1 septiembre, 20235:40 pmAutor: Juan Pablo Moreno GuzmánCapital Municipios Noticias Opinion

Al gobernador Ricardo Gallardo Cardona se le hizo bolas el engrudo. Acostumbrado a imponerse a través de la prepotencia, jamás consultar a la ciudadanía y carecer del mínimo trazo de las obras sin licitar que ejecuta con el criterio absoluto de obtener ganancias exponenciales, al confrontarse con los habitantes del barrio de San Miguelito lo pusieron contra la pared. Jamás han dicho que rechazan, rehabiliten el histórico vecindario, sólo que lo haga conforme a lineamientos técnicos, que respeten el entorno de una zona protegida por la Unesco. Sin el mínimo consenso, altanero, dijo que iba a invertir de 75 a 100 millones de pesos en arreglar tan sólo unas cuantas calles, sin cambiar el drenaje y las añejas tuberías de agua, por donde se tira casi la mitad del líquido que consumen los potosinos.

Hasta que los parroquianos detuvieron las pesadas máquinas, que sacaban sin reposo, cientos de adoquines, entendió que estaba ante un fenómeno inédito: puede perder la investidura de falso alcalde de la capital si la aguerrida conducta de los pobladores del icónico sitio, la replican otros valientes ciudadanos en diferentes lugares donde se mete de manera arbitraria. A través de esquiroles y oficiosos que tiene en la nómina, que carga a todos lados para que aplaudan sus desmesuradas ocurrencias, hasta la fecha, Gallardo no ha mostrado ni siquiera un rupestre plano, elaborado a mano, de lo que pretende hacer en el céntrico espacio. Para subsanar la falta de drenaje, ordenó colocar un tubo de 4 pulgadas, de plástico, cuando le exigieron usar material de mayor calidad, de al menos un metro de diámetro. Un juez federal le dio la razón a los quejosos.

Mientras se daban las negociaciones, de espalda a los afectados, Gallardo ordenó a su ariete político, Jesús Rafael Aguilar Fuentes, alias “El Chiquilín”, regalar los adoquines a los testaferros que ensalzan sus abusos. Entonces se pintó de víctima. Amenazó que las obras se las llevará a otro lado. Y quizás en 50 años, alguien se volverá a acordar de los habitantes de San Miguelito, al que exalta en la melodía que usa, previo a sus actos circenses, Acuarela Potosina, donde se rinde pleitesía al legendario sitio.

El secretario de gobierno, José Guadalupe Torres Sánchez, adelantó que el problema se podría llevar más de un año, mientras se resuelve el entuerto jurídico.

Algunas personas de San Sebastián, que se sumaron a la revuelta cívica, ya se preparan para impedir que Gallardo cometa más atropellos. Temeroso de provocar el enojo de su principal detractor, el alcalde Enrique Galindo está obligado a recomponer el batidero que le dejó su ominoso vecino.

Como primera autoridad constitucional, hacer lo elemental: sentarse a escuchar a los ciudadanos y hacer lo que le manden. Tan sencillo y complicado, como lo permita la soberbia.

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