El Gran Elector

21 junio, 20235:10 pmAutor: Francisco Parra BarbosaCapital Noticias Opinion

México se ha caracterizado por padecer sistemas verticales, autoritarios y antidemocráticos de gobierno, donde la voluntad de un sólo hombre, es la que decide quien manda. Desde los imperios aztecas, mayas, el virreinato, los efímeros del siglo XIX y las largas dictaduras de López de Santa Anna y Porfirio Díaz, hasta el régimen priista, donde los presidentes de la república eran descritos por algunos historiadores como «marajás orientales durante seis años».
La descomposición del priato se aceleró desde 1988 y ni las concertacesiones panistas ni las supuestas «alternancias”, han logrado disminuir un ápice, la injerencia del gobernante en turno para manosear los procesos sucesorios. En la dictadura priista le llaman «El Tapado», al beneficiario y ungido para ser «el candidato», que a manera de burla, se lanzaba en una campaña de baños de pueblo y santificación, hasta volverse una deidad en vida, «el idóneo», «el mejor», «quien alcanzará a realizar nuestros anhelos», «el más preparado». Se leía en las ocho columnas de una prensa amordazada y al servicio de la élite política.
Hoy estamos ante El Gran Elector, el titiritero que luego de pasársela gobernando a punta de salivazos, se deleita lanzando al ruedo a sus «corcholatas»(sic), a quienes luego de promover desde el primer día de su gobierno, ahora encarrila para su regocijo, en una muy adelantada sucesión, pactada hasta el mínimo detalle, donde el pueblo volverá a quedar cautivo de las promesas y los tiempos electorales porque los recursos públicos expoliados en cinco años, ahora estarán prestos para el dispendio del partido único, de Estado, mientras el Jefe de Campaña, El Gran Elector y el Jefe de los Tres Poderes de facto, impone sobre la voluntad del soberano, sometido, que es el pueblo, al que su real y caprichoso dedito índice, señale, en la república amorosa de los abrazos no balazos, de la alfombra de cadáveres e inflación galopante, donde la simulación de la democracia es en realidad demagogia. Y donde otra vez, el Gran Tlatoani, se impone por sus arrestos para auto celebrarse, sin inmolarse nunca, ya que impuso a su relevo en turno.

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