Cuando el fútbol unió a San Luis: el legado de Jacobo Payán
2 marzo, 20268:23 pmAutor: Juan Pablo Moreno GuzmánDeportes
El deporte suele recordar a los héroes que marcan goles, levantan trofeos o firman jugadas que quedan grabadas para siempre en la memoria de los aficionados. Sin embargo, pocas veces se habla de quienes, lejos de la cancha, construyen las condiciones para que tales momentos existan. Visionarios que entienden que el fútbol no es solo un juego, sino una fuerza capaz de unir ciudades enteras. Uno de esos hombres fue el empresario Jacobo Payán Latuff. San Luis Potosí lo recordó en un momento cargado de memoria, emociones y gratitud.
El mediodía cayó sobre el estadio Alfonso Lastras Ramírez, ahora llamado Libertad Financiera, en un ambiente de fiesta . No era hora del partido, pero las emociones se sentían como en los grandes encuentros: esa mezcla de nervios y expectativa que solo el fútbol sabe provocar. Autoridades, exjugadores, empresarios , aficionados y familiares se reunieron para presenciar un homenaje que fue más que una ceremonia. Fue el reconocimiento a una vida dedicada a imaginar, construir y defender el deporte como un proyecto colectivo.
En el marco de 41 asamblea solemne de cabildo de San Luis Potosí, encabezada por el alcalde Enrique Galindo Ceballos, se aprobó unánime que el antiguo bulevar Río Españita, lleve a partir de ahora, el nombre de Jacobo Payán Latuff. El acuerdo representó un reconocimiento público a la trayectoria de un potosino que dedicó gran parte de su vida a impulsar el desarrollo económico y futbolístico, convencido de que el juego podía ser una herramienta de identidad, orgullo y alianza social. Pero más allá del acuerdo institucional, el momento tuvo un simbolismo especial: como cuando un equipo deja de lado los egos y todos se ponen la misma camiseta, los regidores, sin importar siglas ni colores partidistas, asumieron ese acto en conjunto. Fue, en cierta forma, como si todos vistieran la playera de su ciudad , un gesto sencillo pero de unidad, recordando ese legado que Payán buscaba construir: que el fútbol, como la ciudad, se jugara en conjunto.

El homenaje también reunió a la familia del fútbol potosino. Exjugadores como Marcelo de Faria, Raúl Arias y Edmundo Ríos, entre otros referentes , acudieron para compartir recuerdos y reconocer la influencia de Payán en el crecimiento del balompié local. Distintas generaciones coincidieron como en el túnel antes de salir a la cancha, entendiendo que cada etapa en la que portaron la camiseta del equipo fue parte del mismo partido.
Otro momento significativo, fue ver reunidas en un mismo espacio a figuras políticas, que durante años representaron proyectos e ideologías distintas. Entre los asistentes estuvieron los ex gobernadores Marcelo de los Santos Fraga y Fernando Silva Nieto. Además, el actual mandatario, Ricardo Gallardo Cardona. En el debate político cotidiano, sus posturas suelen ser distintas, chocan , como equipos que disputan un clásico intenso . Incluso Gallardo ha despotricado en diversas ocasiones contra lo que llama, la “herencia maldita”, de administraciones pasadas. Pero ahora el contexto fue diferente. El fútbol logró lo que pocos consiguen en la vida pública, reunirlos bajo un solo motivo.
El abrazo entre Gallardo y Marcelo de los Santos fue como ese pase preciso que brinca las líneas defensivas y pone al delantero en carrera hacia la portería , una jugada que suele cambiar el ritmo del partido. Un gesto sencillo, pero cargado de significado. Porque en distintos momentos, cada uno había jugado su propio rol en la historia del fútbol potosino de la mano de Jacobo Payán, desde el impulso de proyectos que fortalecieron al extinto Real San Luis, hasta la consolidación de nuevas iniciativas como el equipo de Santos de Soledad. Diferencias hubo, como en cualquier disputa por el campeonato , pero Payán logró algo que pocos consiguen: reunirlos en una misma cancha simbólica, bajo un mismo escudo, bajo los mismos colores ,bajo la pasión ,amor al fútbol, y el orgullo por San Luis, aunque fuera por un instante.

Pero la virtud de generar amistades en el fútbol, se ve además en la política y los estadios. También nace en lo más cotidiano, en las calles de los barrios, donde muchos comienzan a jugar desde niños. El fútbol suele juntar a los amigos desde las primeras “retas” en la acera o en una cancha improvisada. Con el paso del tiempo, los caminos existenciales separan a muchos compañeros. Pero cuando vuelven a encontrarse, basta recordar una jugada, una victoria o incluso una derrota para que regresen las risas y la complicidad de otros días. Algo parecido ocurrió durante el homenaje, cercanos de Jacobo Payán y promotores del fútbol potosino, se reencontraron para rememorar historias y reconocer a quienes ayudaron a construir el sueño deportivo.
Durante la ceremonia, se rindió homenaje a algunos de esos impulsores históricos del Club de Futbol San Luis, como Alfredo Akira Ueda, Enrique Villarreal Guerra y Saad Sarquis Dahda. Se anexan a figuras que ya no están, pero cuya huella permanece en la historia del club, como Francisco Leos Herrera, Jorge García Suárez, Ramón Gómez Jiménez y Norberto Idaware Azuma. Fue un momento que ilustra, que el fútbol no se construye solo con goles. También intervienen las amistades, esfuerzos colectivos y pasiones compartidas.
La esencia del fútbol, sin embargo, no vive solo en las grandes decisiones ni en los nombres conocidos. En ese sentido, durante el homenaje se hizo presente otra parte fundamental del juego: los dulceros, botaderos y vendedores que acompañan cada partido. Porque en el fútbol, como en la vida, ninguna figura es menor. Desde el engrane más pequeño, todos hacen posible la experiencia.
Ellos estuvieron ahí para despedir a un hombre que entendía su lugar en el organigrama del fútbol. Son quienes, con semillas, botanas o una bebida refrescante, hacen más llevadero el partido. Muchos de ellos son también aficionados que sufren y celebran como cualquiera en la grada. Viven las derrotas, festejan los triunfos y, sin saberlo, también juegan el partido desde su trinchera. Como en cualquier equipo, no todos anotan el gol, pero todos hacen posible la jugada.

El homenaje a Jacobo Payán podría encontrar eco en anécdotas que viven en los anales de la historia, donde el fútbol ha sido capaz de unir incluso en los contextos más improbables.
Así como durante la Tregua de Navidad de 1914, en plena Primera Guerra Mundial, soldados alemanes y británicos ,enemigos en el campo de batalla, dejaron por unas horas las armas para cantar, saludarse y jugar un partido improvisado en tierra hostil. Durante un momento breve pero poderoso, la pelota logró lo que la pelea no pudo: abrazar a quienes estaban destinados a matarse. El gesto que hoy recuerda a Payán se inscribe en esa misma lógica: la del fútbol como un puente capaz de acercar a las personas más allá de sus diferencias.
Porque, al igual que aquella escena improbable en las trincheras, su legado también habla de encuentros, de comunidad y de humanidad compartida, donde la pelota, más que un juego, se convierte en un lenguaje común que une incluso cuando todo parece dividir.
El momento más emotivo de la jornada llegó cuando la familia retiró la manta que cubría la escultura creada por el artista potosino Mario Luis Cuevas. La figura de bronce apareció con los brazos en alto, como si celebrara un gol eterno, una imagen que desde ese día quedó en el estadio como símbolo de perseverancia, identidad y amor por San Luis Potosí. La obra tiene además un significado especial: en su fundición participaron aficionados que donaron llaves para integrarlas al material, convirtiendo el monumento en un homenaje colectivo.
Ese gesto, verdaderamente simbólico, refleja también la realidad de una afición que en ocasiones está marcada por diferencias. Entre quienes defienden el azul y oro, quienes se identifican con el rojo y blanco, aquellos inconformes con decisiones de la directiva y otros más desencantados por torneos recientes en los que el equipo no cumplió las expectativas. Sin embargo, alrededor de esta obra y del recuerdo de Jacobo Payán, esas diferencias se diluyen. Las llaves fundidas no solo representan objetos donados, sino voluntades que decidieron coincidir. Así, lo que antes separaba quedó en segundo plano frente a una pasión compartida: el fútbol. En ese instante, Payán volvió a hacerse presente como un impulsor del deporte en el estado, capaz de reunir a todos no bajo un color, sino bajo un mismo sentimiento.

Pero quizá el instante más profundo de la ceremonia, fue el mensaje de su hijo, Jacobo Payán Espinosa, quien recordó la manera en que su padre soñaba el futuro. Explicó que tenía la fuerza de imaginar lo que otros no podían ver. Antes que el estadio existiera en concreto, ya lo describía como si estuviera construido. Lo defendía con locura y lo recorrió en la etapa que era solo tierra. Fue su manera de vivir, imaginar primero, persistir y después concretar.
Entre las historias que compartió, relató una anécdota que resume la mezcla de hombre visionario y fe que caracterizó a su mentor. En noviembre del 2004, viajaron a París, a visitar una planta de acero, cuando uno de sus acompañantes, notó que sudaba intenso mientras dormía. Al despertarlo, preocupado, le preguntó cómo se sentía. Le respondió que sentía bien, que soñaba que el equipo jugaba la final de ascenso y metía el gol decisivo. Meses después, en mayo del 2005, la historia se hizo real, con el regreso del fútbol potosino a la primera división. La victoria impactó a un equipo, pero también celebró una manera de vivir, no rendirse nunca.
“Si algo lo definió fue la perseverancia, perseverancia que algunos llamaron terquedad, pero que en realidad era esperanza. Nunca concibió mi padre el fútbol como un espectáculo; era una forma de construir comunidad, era identidad, era pertenencia. Era la posibilidad de que una ciudad se viera a sí misma con orgullo. Cuando el fútbol fue sencillo, estuvo ahí; cuando se volvió difícil, se adaptó; cuando desapareció, lo buscó, y cuando parecía perdido, volvió a empezar”.
Para Jacobo Payán, el fútbol era espectáculo, un proyecto social. Creía en el juego amateur, en el femenil, en los jóvenes y en el esfuerzo honesto. Imaginó que el deporte podía formar mejores personas. Entendió que el fútbol moderno necesitaba alianzas fuertes, para que San Luis no se quedara atrás. Es por lo que impulsó proyectos que permitieron consolidar el crecimiento del balompié local.
El homenaje fue acto de memoria, para confirmar un legado. Frente a su escultura, con el estadio de testigo, quedó claro que su historia no se mira con nostalgia, pero sí con la mirada puesta en el futuro. Payán Espinosa sintetizó que los ideales se construyen, las ciudades se levantan con mirada futurista y el fútbol, cuando se ama de verdad, permite trascender. El fútbol, como la vida siempre da revancha y nuevos comienzos, y la herencia de Jacobo Payán Latuff sigue en juego. Mientras exista alguien que crea que San Luis puede soñar en grande, y la pelota siga rodando. El legado de Jacobo Payán Latuff también.
- El fútbol potosino rinde homenaje a Don Jacobo Payán Latuff (Video) https://www.facebook.com/reel/25734514749573328



Comments