El monstruo de mil cabezas que pretende destruir López Obrador, goza de cabal salud
21 diciembre, 20216:14 pmAutor: Felipe de Jesús Cervantes PérezCapital Noticias Opinion
Para desarrollar el tema parto de otros antecedentes. 1.- Al clausurar los foros para la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, el domingo 17 de marzo de 2019, el presidente Andrés Manuel López Obrador declaró de manera formal, el fin de la política neoliberal aparejada, dijo, con una política económica de pillaje antipopular y entreguista. También planteó la responsabilidad de construir un modelo post neoliberal forjado desde abajo y sin exclusiones dando preferencia a los más necesitados. 2.- En la mañanera del 22 de octubre del presente año, un periodista señalaba al presidente: “usted ha referido al aspiracionismo como una fórmula falsa que genera individualismo ramplón, egoísmo, clasismo y racismo…”.
En su amplia respuesta, el presidente decía que no buscaba ofender a nadie y cuestionaba el razonamiento “es que debes salir adelante, tú tienes que triunfar a toda costa, sin escrúpulos morales de ninguna índole. Y el que tiene, vale, el que no tiene, no vale nada”. 3.- Sobre las mañaneras surgió la polémica porque AMLO sostiene que la UNAM se derechizó y junto a todas las universidades fue sometida por el pensamiento neoliberal. Preguntaba dónde están los economistas de la UNAM que defiendan un modelo alternativo al neoliberal y sostenía que se quedaron callados y los habían silenciado, por lo que la UNAM no estuvo a la altura de las circunstancias y muchísimos de sus académicos e intelectuales se dedicaron a legitimar la privatización, cooptados casi todos por el ex mandatario Carlos Salinas de Gortari y sus egresados perdieron la emoción social.
Pasó al tema. El modelo neoliberal, capitalista a ultranza, promueve la libertad plena del mercado, privatizar los bienes y factores de producción, un peso mínimo del estado, reducir los impuestos, buscar mayor cosecha con menor gasto social. El monstruo de mil cabezas que pretende destruir AMLO goza de cabal salud. El neoliberalismo comenzó a aplicarse en nuestro país durante el sexenio de Miguel de la Madrid y su llamado “secretario de bolsillo”, Carlos Salinas en Programación y Presupuesto, secretaría que se impuso por encima de la propia de hacienda, con lo que provocó la ruptura del entonces hegemónico PRI en 1988 y el surgimiento de una izquierda nacionalista que le vino muy bien a la derecha conservadora panista, misma que se vio favorecida con el corrimiento del PRI hacia el flanco derechista que culminó con las reformas de Enrique Peña avaladas por el PAN y consideradas por sus integrantes como su “victoria cultural”.
La firma del Tratado de Libre Comercio en 1994 dio pleno auge e impulso al neoliberalismo, con lo que adelgazó al estado con privatizaciones de hasta el 80% de sus empresas. Es casi imposible exterminar el pensamiento neoliberal, tanto de los académicos e intelectuales como de los trabajadores de la educación pública, mientras no se corrijan los esquemas de financiamiento en las instituciones. Fruto podrido del neoliberalismo es la desigualdad en la distribución del ingreso, con un alto impacto social, pues son prácticas que resultan injustas. Para llegar a reducir el presupuesto inversión en educación pública, se implementaron esquemas que enaltecieron el individualismo, en una infame competencia entre iguales para tratar de superarse por encima de la masa.
Con el discurso de la modernización educativa, Salinas implantó lo que critica el presidente: el avanzar a toda costa en feroz competencia entre iguales por alcanzar el premio prometido. Durante el salinato (1988-1994) se habló de mejorar la calidad de la educación como imperativo de fortalecer la soberanía nacional, perfeccionar la democracia y modernizar el país. Para disfrazar el adelgazamiento de la inversión en el sector educativo, se tomaron varias decisiones. La primera fue desplazar la dirigencia sindical vitalicia de Carlos Jonguitud Barrios e imponer a Elba Esther Gordillo, cercana a los afectos del presidente Salinas, con quien firmó el 18 de mayo de 1992, el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica. Establecen la Carrera Magisterial y un sistema de estímulos al desempeño y capacitaciones.
La zanahoria iba aderezada con un programa de viviendas y revalorar el magisterio mediante premios estatales y federales para “los mejores maestros”. La práctica de hacer más con menos recursos funcionó,
aunque al final no se mejoró la “calidad de la educación” ni se redujo el atraso de manera significativa. La caída del presupuesto pasó inadvertida para los trabajadores embelesados por salir adelante en una competencia individualista. La reforma de Peña desapareció Carrera Magisterial y se sustituyó con la Evaluación al Desempeño Docente, que además de punitiva, continuó con el proceso de diferencias en el salario.



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