Siglos de indolencia y corrupción

10 marzo, 202011:04 pmAutor: Juan Pablo MorenoOpinion

  • *Ponencia leída por Juan Pablo Moreno al presentarse el libro del mismo nombre, de Agustín de la Rosa, en un área del Teatro de la Paz.

    A la memoria del maestro, filósofo, humanista y colega, Fidel Briano Rincón

Lee, relee, obra y encontrarás, sentenciaban los viejos alquimistas. Es la enseñanza que nos muestra en los tiempos actuales, de grandes contradicciones, el ingeniero Agustín de la Rosa Charcas, donde nos causa espasmo el impacto de las redes sociales, que convierten en sorpresivos críticos, denunciantes y conocedores de todo, a los más sencillos personajes. Pero también nos confronta con una triste realidad, ya casi nadie quiere leer el más simple texto, de cualquier tema. Menos si es prolijo y exuberante. Las cifras de organismos trasnacionales nos ubican en el sótano del atraso, la incultura, casi cercanos a la ignorancia. La mayor y bajuna afrenta se la endilgan a los heroicos profesores, los primeros en reprobar, ya que son incapaces de dominar todas las ciencias a fondo. El eufemismo reformista esconde el feroz colmillo privatizador de lo educativo.

En su papel de historiador, articulista y reportero, el autor se remonta a los orígenes del Valle de San Luis, defendido con fiereza por las tribus huachichiles, apenas doblegadas por la fuerza bruta de la naturaleza. Ya desde entonces se configuran los primeros esbozos de la corrupción en sus mil formas. Surge la alianza de la espada, el fusil, con la cruz y el rosario, que en el nombre de dios, configuran la conquista voraz de los españoles, aliados con tribus bárbaras, enconadas entre sí, para conseguir los más viles fines. Un producto del colonialismo acrítico se encuentra plasmado en las calles de la capital con nombres que a muchos no les dice lo mínimo, como Fray Diego de la Magdalena o José de Gálvez, entre tantas.

Antes revestidas de pasto, colorida flora, fauna y las más disímbolas especies de árboles, ahora el concreto y las varillas ahogan las sierras circundantes a la capital, que en tiempos de lluvias torrenciales, dividen la ciudad en dos polos antagónicos, clasistas. La excusa burocrática es simple. En las últimas décadas, la culpa recae en las vías del ferrocarril, que parten a la capital en dos trozos geográficos cuyas coordenadas inician en el Acceso Norte y siguen en la avenida México. Los mayores estragos se concentran en el puente Manuel José Othón, donde ningún ayuntamiento ha sido capaz de evitar que se convierta en una auténtica y peligrosa alberca.

La avenida Universidad es el escenario apocalíptico del caos y la impotencia al avanzar apenas unos centímetros en horas que se estiran interminables. El río Santiago y Españita son verdaderas corrientes insalvables. Los más avezados buscan un escape rápido por el rumbo de la Feria Nacional Potosina, para salir a la zona industrial. Pero ya tienen por delante otros mil desesperados. El distribuidor Juárez y el Puente Pemex son auténticas trampas. No hay un poro de respiro. La ciudad está sitiada. Se ha dicho que la única alternativa de fondo, es la llegada de un auténtico hombre de estado, visionario, que consiga un remedio definitivo. ¿No es más sencillo suplicar el inmediato y cercano auxilio del experto Agustín de la Rosa Charcas, para que salve nuestras almas?

Es sólido el hilo conductor de la obra Siglos de indolencia y corrupción. El experto en temas hídricos, nos informa que hace más de 300 años, para contener los aluviones, se hizo de manera empírica una enorme zanja conocida como La Corriente, que luego se amplió. Los problemas se complicaron por el crecimiento demográfico y usar el receptáculo para almacenar las aguas negras y los desechos del incipiente rastro municipal. Después se confabuló la ignominia y la avaricia en la triada que formó el alcalde Manuel Muro y los empresarios metidos a políticos, José Encarnación Ipiña y Matías Hernández Calderón, que ordenaron tapar el salvífico carril para construir un canal cerrado, incapaz de detener las inundaciones de 1887 y 1888 que ocasionaron pérdidas de vidas humanas, animales y viviendas.

El heredero intelectual del extinto científico y ex candidato presidencial, Heberto Castillo, el narrador Agustín de la Rosa, revela que en el sexenio del ex gobernador Carlos Díez Gutiérrez, se concesionó el agua de lluvia a los boyantes Matías Hernández Soberón y Felipe Muriedas, los responsables de levantar un deficiente muro conocido como La Constancia, que ayudaría a aprovechar los excedentes de la presa San José. Pero el mediocre trabajo ocasionó el desborde del embalse, que generó la tragedia impune. A casi 100 años de distancia, surge el paralelismo irritante con el magnate Carlos López Medina, dueño de Aguas del Poniente, donde actúa como un ayuntamiento paralelo, al expedir y cobrar recibos por los servicios que facilita a clientes cautivos en sus exclusivos complejos. Es el gran beneficiario de la feroz política privatizadora del ex edil panista, Jorge Lozano, que también entregó a particulares el manejo de la basura.

Perpetrado el daño social y humano, sin el mínimo castigo a los responsables, la oligarquía buscó zafarse del problema. Y de la gran cantidad de terrenos que compraron a centavo, donde se encontraban las instalaciones del ventajoso negocio, le vendieron al gobernador en turno, el 8% del predio y dejaron a salvo, para fines especulativos, 3 mil 454 hectáreas de alta plusvalía. Agustín de la Rosa deja un hoyo negro en sus pesquisas, supone que el contratista López Medina las usufructuó en lo que podría corresponder a los fraccionamientos Lomas, Garita de Jalisco y lo que se conoció como Hacienda de la Tenería, en la que se ubica gran parte del parque Tangamanga uno.

Recuperamos una historia alterna para ubicar en un contexto más amplio al personaje. En su etapa de director del parque, Martín Toranzo Noriega, hermano del ex gobernador de bajísimo perfil, Fernando Toranzo, narró que otro ex mandatario, Fernando Silva Nieto, le propuso venderle a López Medina, una franja del enorme pulmón. Iría de la avenida Chapultepec al sector donde se ubica un aeroplano que donó la extinta Secretaría de Seguridad Pública federal. El belicoso ex funcionario, enojadísimo, sólo atinó recordarle las raíces maternas a su interlocutor.

Como presidente del Consejo Ciudadano del Deporte, López Medina ha conseguido más de 50 millones de pesos del gobierno actual para depurar las aguas del Lago Mayor del parque Tangamanga, donde ha efectuado dos triatlones, lo que le permite promover a nivel nacional e internacional la franquicia de su club La Loma. Otro capítulo de reciente especulación del suelo urbano se vive con las últimas reservas territoriales enclavadas en San Juan de Guadalupe, más de 15 mil hectáreas, donde el ayuntamiento y gobierno estatal, se resisten a reclamar sus derechos primigenios para obras sociales. Los comuneros han señalado en reiteradas ocasiones las estrategias de despojo de López Medina, asociado al hombre más rico de México, Carlos Slim y otros oportunistas. El ex gobernador Marcelo de los Santos renunció a su derecho de tanto sobre mil hectáreas para hacer 30 mil viviendas en Ciudad Satélite. Luego le compró 700 hectáreas en 273 millones de pesos, al doble de precio, a la empresa Dintel del Centro, que tenía de accionista principal a Federico Barrio Terrazas, hermano del entonces gobernador de Chihuahua, Francisco Barrio Terrazas.

El experto en la técnica constructiva socialista, la tridilosa, se mete en el mar oscuro y profundo de la corrupción en la obra pública. Rescata al extinto gobernador interino, Leopoldino Ortiz Santos, que alcanzó rango nacional por entregar los contratos más jugosos a sus familiares, parientes y funcionarios, con un estilo de rupestre cinismo. Fernando Silva hizo fortuna con los escándalos carreteros y los fraudulentos invernaderos de Santa Rita. Aludió a las obras faraónicas y costosas que realizó Marcelo de los Santos, que tenía como contratista predilecto, al actual titular del ramo estatal, Leopoldo Stevens Amaro, que debería estar en el récord Guinnes por cobrar por escrito, el icónico diezmo. Fernando Toranzo y su ex cónyuge, María Luisa Ramos, forman parte de la nueva elite de ricos en San Luis Potosí. Modificaron de manera sustantiva el cobro de sobornos, que pudo llegar al 300% en la compra de equipos de seguridad y deficientes estufas ecológicas. Enumeró las exponenciales ganancias de los ex ediles de Soledad, Ricardo Gallardo Cardona y Ricardo Gallardo Juárez, al que acusan de un desfalco millonario que oscila en los 2 mil a 10 mil millones de pesos.

No se salva el maximato local, Horacio Sánchez Unzueta. El autor del libro solicitó al congreso de la unión, instaurarle un juicio político, por el manejo turbulento de la red caminera indígena, al no licitar 72 millones 400 mil pesos que entregó de manera arbitraria. Ahora me alejo un poco de los datos manejados por el maestro Agustín de la Rosa, para recuperar la tesis de la alternancia de tramoya que le han permitido a Sánchez estar vigente en los últimos 30 años. Ya prepara el retiro, con su última jugada magistral. Experto en el arte de la verdadera política, sabe combinar perfecto la coyuntura nacional y local. Espanta a los presidentes con la tesis del navismo subversivo. Lo que le permite aplicar la fórmula: San Luis para los potosinos.

Horacio Sánchez ha jugado un papel capital en el nombramiento de los últimos cuatro gobernadores. Coludido con su alumno Fernando Silva, les resultó fácil imponer a Marcelo de los Santos, en detrimento del ex alcalde y ex senador, Alejandro Zapata, al que no le valió ser compadre del ex presidente Felipe Calderón. Imponer a Fernando Toranzo resultó un simple trámite administrativo. Luego se complicó el escenario ante el desprestigio vertiginoso del PRI. Con antelación, había perfilado al ex senador panista, Octavio Pedroza Gaitán. Sus hermanos siempre han servido al jefe político de la entidad. A Germán Pedroza lo hizo delegado del Infonavit y presidente del Supremo Tribunal de Justicia. El actual secretario de finanzas, Daniel Pedroza, ocupó distintos cargos en otros gabinetes. La alianza Por México al Frente, que encabezó Ricardo Anaya, pulverizó las estratagemas de Sánchez Unzueta.

Habilidoso, improvisó certero. Recurrió al ex diputado federal y entonces secretario del ramo educativo, Juan Manuel Carreras, que tenía dos características esenciales: le cargó el maletín al ex gobernador interino, Gonzalo Toribio Martínez Corbalá, “docente” del ex mandatario Carlos Salinas, simultáneo protector de Sánchez Unzueta. Para cubrir el perfil panista que perdió con Pedroza, el maximato impulsó a Carreras, que laboró con Calderón en distintos cargos. Las encuestas pintaban como ganadora absoluta a la senadora del PAN, Sonia Mendoza, con mejores alianzas en al ámbito nacional. Las elecciones arrojaron dos fenómenos inexplicables. El triunfo en la capital del vilipendiado Gallardo Juárez y el milagro de Carreras que se levantó de la lona. Ha causado extrañeza que las 10 denuncias que el edil Xavier Nava ha interpuesto contra su antecesor, por desfalcos que superan los 2 mil millones de pesos, no caminan. Y es que ya se empezaron a ventilar las razones encubiertas. El PRI utilizó los servicios de los Gallardo para rellenar urnas en los 58 municipios. Es como se explica el asombro del ex candidato de Morena a la alcaldía de Soledad, Juan Carlos Velázquez, que relató la ausencia de los representantes de los partidos en las casillas y de repente, aunque habían acudido a votar apenas 10 personas, su opositor, Gilberto Hernández Villafuerte, sumó 100 sufragios. Sonia Mendoza denunció que le arrebataron el triunfo a través de una gigantesca maniobra de estado.

Agustín de la Rosa cierra el ciclo con una solicitud de juicio político en el congreso federal, contra el funcionario-contratista, el director de la Comisión Estatal del Agua, Jesús Alfonso Medina Salazar, que ha repartido obras por más de mil millones de pesos a empresas donde tiene intereses. ¡Loor al cronista, experto en temas de agua y movimientos de izquierda, Agustín de la Rosa, que incentiva a no renunciar al periodismo de denuncia!

 

 

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