El histórico hotel Santander, que recibió a Saturnio Cedillo y sus huestes rurales

26 marzo, 20269:35 pmAutor: Honorio García PalomaresCultura

El hotel Santander de Rioverde, la vieja casona de 5 de mayo y Moctezuma, se niega a morir. El paso del tiempo, letal, ha carcomido sus muros, las puertas de sus balcones, vencidas, se dejan caer.

El abandono ha sido su peor enemigo, pareciera el silencio premonitorio que sólo espera su caída para eregir una nueva obra. Quedan para la añoranza sus viejas glorias, como aquellas que esperaban la llegada del señor gobernador, Saturnino Cedillo y sus huestes del bravo llano.

Como las de su famoso bar, hermoso recinto, donde Bernardo Arreola era el semidios que portaba la simiente de progreso, el algodón, vestido de forma impecable, con casimir y sombrero Panamá.

Encendía sus famosos habanos con billetes, pero tiene mucho del realismo mágico, en las atmósferas redentoras y la ilusiones, hermanas de los sueños, se trocó en sueños de algodón.

Arreola jamás volvería a pisar su famoso y elegante bar, menos a disfrutar el señorial Ballantine’s, su bebida preferida. Los lastimados labios, darían paso a la «bachicha», la que se junta en las piqueras, para seguir entre volutas de escaso humo, más sueños de grandeza. Lo mismo le sucede al Santander, que herido, se niega a morir. Espera también su redención.

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