En la escena del crimen

20 julio, 20207:54 pmAutor: Julio Alfredo Ceballos AlonsoColaboradores Opinion

«Quien no sabe lo que busca, no reconoce lo que encuentra…”

El concepto Escena del Crimen la podemos definir como el lugar donde se cometió un delito, abarca la ruta de acceso, núcleo, ruta de escape y área circundante. Ahora bien, si la escena del crimen es el lugar o sitio donde se cometió un delito, se trata siempre de un sitio o varios sitios plenamente identificables físicamente. Además se debe de circunscribir a un espacio determinado, delimitado y debidamente medible o al menos calculable.

Si la escena del crimen implica un delito (s) asumiremos que bajo el principio de Intercambio de la Criminalística, “siempre existirá un intercambio de materia física entre el autor, la víctima y la (s) escena (s) del crimen”. Si en la escena del crimen existía una ruta de acceso y escape del autor, implica identificar los puntos y buscar rastros, indicios y pruebas.

Existe en la escena del crimen “típica” un sitio núcleo donde los rastros, indicios y pruebas son más fáciles de identificar, para un ojo menos entrenado. El área circundante es un lugar de “precaución” para los investigadores. Significa que cuando creamos haber definido y buscado correctamente, resulta más prudente buscar más allá de lo evidente. El investigador de la escena se puede topar con muchas sorpresas.

Quiero aclarar que existe alguna controversia respecto al término escena del crimen y una es la siguiente: que entendiendo al “escenario” como lugar, no podemos confundir a la “escena” dándole la misma acepción, por lo que al hablar de escenario se puede claramente establecer que se trata del lugar de los hechos, o del hallazgo, pero siempre el concepto hace referencia al lugar, y por el contrario, la “escena” se refiere al mismo hecho, al momento en que se desarrollaron los hechos motivos de la investigación.

Sin embargo las definiciones que luego encontramos sobre los términos a que se hace referencia pueden atender a la manera en que las diversas legislaciones los establezcan o a una cuestión práctica, no por ello correcta.

El lugar de los hechos. Primera etapa de investigación. Por elemental que parezca, advierten los profesores José Antonio y Miguel Lorente Acosta, no debemos olvidar nunca que en el laboratorio sólo se estudia lo que se envía. El análisis se inicia sobre el indicio que se recibe, no sobre el que se manda, por lo que si durante el trayecto o el tiempo transcurrido se altera, será sobre tal evidencia alterada sobre la que iniciaremos nuestro trabajo. Si el indicio no se junta por falta de un adecuado estudio del lugar de los hechos, el resultado final será como no tener indicios, afectando por completo el proceso judicial.

Entonces,  se puede afirmar que el éxito de la investigación depende, en gran parte, del trabajo desarrollado en el lugar de los hechos, mismo que engloba su protección, la búsqueda, la localización, fijación escrita, fotográfica, planimétrica, levantamiento y embalaje de los indicios. Teniendo siempre presente que constituyen la prueba científica del delito, a nuestro juicio, el más importante y seguro de los medios de prueba que contempla la legislación penal moderna, atentos siempre a guardar la “cadena de custodia”, para que no se pierda valor procesal.

“Es mejor no excavar a excavar mal, ya que los errores cometidos son irreparables”, sabio principio de arqueología aplicable también a la criminalística de campo, primera etapa de la investigación.

No se debe tocar, cambiar o alterar cosa alguna, sostiene Le Moyne Snayder, hasta que esté debidamente identificada, medida y fotografiada. Recordar que cuando algo ha sido removido no podrá ser restituido a su posición original. A su vez, Jorge Silveyra, expresa lo mismo: “siempre se recordará que un objeto que haya sido movido, no podrá ser puesto de nuevo en su posición absolutamente original”.

De todo lo anterior se desprende que es fundamental vedar el lugar de los hechos, respetar a la víctima y mantener intangible cuanto le rodea. Su examen se verifica según la forma del suceso y las condiciones del lugar. La indagación técnica siempre está en concordancia con el tipo de delito y las circunstancias en que se cometió.

En efecto, el lugar de los hechos es tan valiosa fuente de información, siempre y cuando sus aguas no hayan sido contaminadas. Como un libro lleno de vestigios materiales, relata la historia de la infracción cometida, cuya veracidad depende de que se haya respetado el principio criminalístico de proteger la escena (escenario) del crimen.

Observación.- El papel que desempeña la observación en la investigación criminalística es fundamental, ya que permite encontrar los indicios o testigos mudos que no mienten, cuyo diligente y adecuado examen hace posible señalar al autor o autores del ilícito penal, así como su reconstrucción. El éxito de la investigación depende, por lo tanto, del cuidadoso examen de la  escena del crimen en busca de indicios, objeto propio, formal y determinado estudio de la criminalística. Es decir, hallar el “material sensible significativo” relacionado con los hechos investigados, también denominado “evidencia física”.

En tal virtud, saber observar el “lugar de los hechos” resulta indispensable. Recordemos que solo encuentra el que sabe lo que busca. Observar es mirar con atención algo para conocer sus características. Conviene tener presente que en una hora de trabajo metódico y aplicando las reglas de la observación científica, a saber, hipótesis expresas y manifiestas, que sirvan de guía al investigador, puede resolver lo que parece en principio un enigma.

En suma, la observación puede ser completa, exacta, metódica y descriptiva. Intencionada, porque se hace con un fin determinado. Ilustrada, porque va guiada por un cuerpo de conocimientos. Cuan cierto es el siguiente concepto de Guillermo Marañón, el famoso médico y polígrafo español: “La verdad no está sólo detrás del experimento, también atrás de la simple y fecunda observación”. Puntualiza que cuando los hechos se observan directos, se descubren con exactitud e incorporan a la eternidad de lo creado.

Pavlov (1849-1936) concedía extremada importancia a la capacidad de observación en el trabajo científico, considerándola una de las cualidades más valiosas del hombre de ciencia. En este sentido, es muy significativo que por indicación suya se grabase en grandes caracteres en la fachada del edificio del laboratorio de la ciudad científica de Koltushi: “Espíritu de observación y más espíritu de observación…”.

Cajal, con frecuencia repetía: “Observar sin pensar es tan peligroso como pensar sin observar”. La observación es nuestra mayor herramienta intelectual, como todas, susceptible de enmohecerse, necesitada de continuas reparaciones y sustituciones, pero sin la cual es casi imposible labrar honda brecha en el duro bloque de lo real…”.

 

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