Los ataques a las mujeres, se generan por un patriarcado machista

15 febrero, 20225:04 pmAutor: Juan Pablo MorenoCapital Municipios Noticias

La defensora de los derechos feministas, la doctora en ciencias sociales por el Colegio de San Luis, Yesica Yolanda Rangel Flores, estableció que el ataque a las mujeres por parte de los hombres, se fundamenta en el machismo, por cuestiones de patriarcado, que se gesta dentro de los hogares.

-¿Cómo explica la violencia irracional, sistemática, contra las mujeres, si todos los agresores tienen madre, hermanas, hijas, se dicen devotos de la virgen de Guadalupe, qué resortes internos impulsan al odio que termina muchas veces en homicidio?

-En México, se dice algo y hacemos lo contrario. La doble moral permea en todas nuestras relaciones. Vivimos en forma eterna en contradicciones. Es lo primero que debemos hacer, reconocer que es parte de nuestra realidad y tenemos que cambiar. El odio contra las mujeres es la contraparte del amor patriarcal, desde que nos enseñan a relacionarnos en lo afectivo con otra persona. No para compartir experiencias, se busca complementar una identidad que percibimos incompleta y carente.

“Son las relaciones entre personas que buscan completarse o existir a través de la otra. Las que son peligrosas, también, porque no nos damos cuenta del riesgo. Nos han enseñado lo que es amar. Los celos son porque nos aman. No alcanzamos a ver que son producto de la inseguridad y la necesidad de posesión narcicista de las personas. No digo, como no advertimos, somos las culpables de que nos maten en las relaciones violentas. Los feminicidios no son consecuencia de la decisión de matar de un hombre, la que existe. Pero el actuar es resultado de una serie de fallas más globales, en lo grupal, la familia y el estado”.

“Los hombres que matan son, independiente de la clase social, etnia, estudios, inseguros, ansiosos y temerosos de no cumplir con los mandatos que el machismo les impone. Cuando asesinan, lo hacen en la búsqueda de cumplir el patriarcado. Es por lo que debemos dejar de revictimizar a las mujeres, preguntar cómo iban vestidas o qué hacian en la vía pública tan noche. El problema está más que demostrado, no tiene que ver con tales cuestiones. Es un asunto cultural, derivado del machismo y el pacto patriarcal, que se ve en la calle, pero más en nuestras casas. La mayor parte de las mujeres víctimas de feminicidio, son asesinadas dentro del hogar, por sus parejas y padres de sus hijos”.

-¿Hay que castigar con penas más severas a los infractores, establecer el feminicidio, influye en reducir el número de casos lamentables?

-Sin duda, hay que impulsar leyes que sancionen con más peso la violencia contra las mujeres. Si dejamos que siga, lanzamos un mensaje de impunidad y tolerancia, que alienta el pacto patriarcal y el deseo de los hombres de matar a mujeres. Desde sus frágiles machismos, perciban que atentan contra su imagen de “hombres”, pero como hemos visto, solo sacar leyes, no acaba con los feminicidios. El asesinato de mujeres es la maquinaria más cruel que tiene el patriarcado para someter y controlar a las mujeres. Acabar con los feminicidios, implica destruir el patriarcado, dar las mismas oportunidades de desarrollo y calidad de vida a

hombres y mujeres. Cuando se les niegan oportunidades educativas y laborales a las mujeres, por el solo hecho de ser mujeres, se aporta fuerza al patriarcado, respaldan más atentados.

-¿Agrede igual un hombre letrado que uno sin estudios, es un problema educativo, de alcohol, genético?

-La violencia no es una cuestión biológica, es cultural. Es decir, es algo que aprendemos. Sabemos cómo actúa, predecimos su resultado. Nadie es violento porque bebió alcohol o heredó un gen de su padre. No digo que no exista, diversos estudios han demostrado que el alcohol desinhibe la conducta humana. Entonces, quien es alegre y bebe, pues se vuelve más alegre. También quien es agresivo y bebe, se altera más. Hay estudios que asocian el neurodesarrollo con comportamientos agresivos, no se niega. Sin embargo, lo que más peso tiene, es el aprendizaje educativo. Es decir, yo puedo tener un padre golpeador, violento. Pero no por tener un gen, que no me puedo quitar, supe que mi padre se relacionaba de tal manera con mi madre. Entonces, si lo aprendí, lo puedo desaprender. Hay grupos de hombres que trabajan sus violencias. ¡Si es cultural, puede cambiar! No solo los hombres con estudios pueden ser violentos, suelen ser incluso más peligrosos, porque el conocimiento, los títulos, el dinero que ganan, les otorgan otras formas de poder, aparte de las físicas.

-¿Cómo educar a las nuevas generaciones, para que haya equidad en todos los órdenes?

-La respuesta parece sencilla, pero es compleja al aterrizarla. Las instituciones tienen que ponerse las pilas, implementar polìticas y programas que promuevan la cero tolerancia a cualquier forma de violencia. Con especial énfasis, la sustentada en el género. Las familias debemos dejar de creer que la educación se da en la escuela. Hay que compartir más con nuestros hijos, establecer límites dentro de un marco de afecto y respeto, educar en la igualdad. Dejar de imaginar a los niños desde estereotipos. Hacer independientes y libres a las infancias, para que aprendan a relacionarse como iguales. Y por supuesto, dejar de enseñarles a amar desde el enfoque romántico. El estado y familias deben trabajar de forma simultánea, para que tengan oportunidades de estudio, insertarse en el arte, apasionarse con algo más que con alguien, para que, felices en lo individual, compartan con otras personas. Todo lo que planteo, no es posible desde el imaginario patriarcal. Es el primer reto, crear otra forma de organizarnos.

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