La familia Gallardo hoy festeja 20 años de saqueos y humillaciones a los potosinos. Y nadie les impedirá colar a través de un mega fraude a Ruth González, su relevo transexenal
9 julio, 20266:42 pmAutor: a Noticia San Luis/ Juan Pablo MorenoCapital Destacada Municipios Noticias
No es una corriente política disidente, un movimiento de avanzada, menos una alternativa para el desarrollo social y democrático.
Son una auténtica pandilla caciquil que, como garrapata, se incrustó a fuerza de sangre y fuego en el ayuntamiento de Soledad, al que han explotado en los últimos tres sexenios, como si fuera una hacienda familiar. Lo que les ha permitido tejer una fortuna estratosférica que convierte a la familia de los Gallardo en los nuevos multimillonarios de San Luis Potosí.
Tránsfugas de todos los partidos, ya no quieren ser lacayos del poder político, económico ni gansteril. Buscar con vehemencia consolidar sus planes transexenales, al menos los próximos 50 años, como ya lo hicieron 20 en el municipio conurbado.
No son tampoco cabilderos de alta escuela ni trazan estrategias como si fueran los nuevos maximatos. Apenas llegan a ser la moderna “Maldita Herencia”. Su acierto más notable, es que saben intimidar, cooptar con maletines de billetes y el terror por delante, al que les abra las puertas al sitio donde se toman las decisiones finales.
Gracias a una milagrosa alianza con el bipolar, explosivo y cirujano de bajísimo perfil, Fernando Toranzo Fernández, el acarreador de votantes y aprendiz de alquimista electoral, Ricardo Gallardo Juárez, alias “Don Pollote”, logró que el falso médico del pueblo, le pusiera de contrincante testimonial en la lucha por la alcaldía, a la oficial del registro civil, Amalia Velázquez Gaitán. Para garantizar el triunfo del hijo, Ricardo Gallardo Cardona, tres años después, el vergonzante priista volvió a impulsar a la misma candidata perdedora, a la que sabotearon la campaña con porros y pandilleros que les destruyeron la propaganda electoral, disolvieron mítines y visitas domiciliarias.
Sembraron el terror, secuestraron a los representantes de los demás partidos, funcionarios del Consejo Estatal Electoral, compararon votos, acarrearon simpatizantes, balacearon casas de campaña de los contrincantes, rellenaron urnas, se impusieron con un burdo y gigantesco fraude comicial.
En el sexenio que completaron padre e hijo, conocieron al cadenero del siniestro antro Mandará, José Luis Fernández, alias “El Chiquis”, quien los conectó con el líder de los Zetas, Heriberto Lazcano, “El Lazca”. Según testimonios del ex comandante de la policía federal y estatal, Julio Alfredo Ceballos Alonso, les patrocinó las campañas a los Gallardo, al menos con 50 millones de pesos.
A cambio, los usaba de cocineros en la granja que se ubica en La Constancia, donde le servían jugosas carnes asadas. Después les cobró el patrocinio. Infiltró la policía municipal y se movían en la “Van del Terror”, para desaparecer a los grupos contrarios en el negocio del narcomenudeo. Reclutaron pandilleros en las colonias marginales. Los que se oponían, tan sólo los desaparecieron.
Ceballos narra que entonces se hizo un escándalo mayúsculo con el tema de las narco fosas. Una gran cantidad se ubican en un rancho que perteneció al entonces jefe de la policía preventiva, Jesús Maldonado.
En el amasiato del estado mexicano con desalmados asesinos, apareció con grandes opciones de triunfo, la senadora panista en la lucha por la gubernatura, Sonia Mendoza. Tenía enfrente al pusilánime doctor en derecho, Juan Manuel Carreras López, al que superaba tres a uno en las encuestas.
En una astuta maniobra que le atribuyen al extinto jefe político de San Luis, Horacio Sánchez Unzueta, le recomendó al mandatario, reivindicar su figura, como un enemigo a ultranza de los peligrosos capos y salvar el mando para Carreras.
La maniobra consistía en encerrar a Gallardo Cardona un año, en el penal de Hermosillo, Sonora, acusado de delincuencia organizada y malversar 200 millones de pesos de las arcas de Soledad, que nunca regresó. Obligar al padre, que ya tenía una sólida estructura para cometer fraudes electorales, con métodos violentos, hacerle el trabajo sucio a Carreras. Aunque también a cambio, le entregaron la alcaldía de la capital, que usó para enriquecerse en forma despiadada a través de extorsiones a los grandes contratistas, a los que exigía, departamentos de lujo, por los cambios en los usos de suelo o para construir.
Gallardo Juárez buscó reelegirse, pero en un mitin histórico en la Plaza de los Fundadores, denunció que Carreras, lo “obligó a bajarse”, para que lo relevara el ex diputado federal, Xavier Nava Palacios, sobrino del matador de dragones, Salvador Nava. Gracias a Carreras, “Don Pollote” no cayó a las mazmorras, ya que Nava le formuló más de 10 denuncias penales por peculados que superan los mil millones de pesos y ordenó al fiscal de consigna, Federico Garza Herrera, enterrar las demandas.
Con la prepotencia y soberbia por delante, en la etapa de voraz edil de la capital, Gallardo Juárez sometió con rudeza al eterno candidato de izquierda a la presidencia de la república, Andrés Manuel López Obrador, al que le negó la Plaza de los Fundadores para uno de los cierres de campaña. Lo persiguió en el río Santiago, donde lo “levantó”, para llevarlo a sus dominios territoriales, donde le impuso la agenda que más le convenía. Con el miedo encima, el tabasqueño le recomendaría después a sus colaboradores, “nunca le pidan el mínimo favor a los Gallardo. Ni siquiera un vaso de agua, porque se los van a cobrar toda la vida”.
Después de abandonar el presidio, Gallardo Cardona se convirtió en diputado federal con las siglas del PRD, que ya había saqueado, a través de un fraude de 15 millones de pesos, cometido por su lugarteniente, Ignacio Segura Morquecho, para empezar a hilvanar las primeras células del Verde Ecologista.
En el congreso federal, el hijo entabló amistad con el siniestro ex secretario de gobierno de la Ciudad de México, Héctor Serrano Cortés, acusado de múltiples fraudes y espiar con fines perversos a López Obrador y la ambientalista Claudia Sheinbaum Pardo.
Después de los incontables tropiezos del oriundo de Macuspana, Serrano olfateó que era el momento de traicionar al PRD y dar el bandazo a Morena a través del que luego fue dirigente nacional, Mario Delgado, al que ubican como socio de Gallardo en los seguros médicos que ofertan a la niñez, constructoras y en giros negros que operan en San Luis.
Gallardo se convierte en jefe de bancada a través de los amarres y cabildeos de Serrano, al que convierte en su principal asistente y socio financiero.
La siguiente jugada fue comprar la voluntad de Mario Delgado, quien los acercó a López Obrador, que pragmático, ávido de votos fáciles y rápidos, en su última batalla, amagó con encerrar al padre e hijo, a los que calificó de insignificantes “mafiosillos”. Pero bajo la mesa ya se había pactado el futuro de San Luis.
Gracias a la enjundia de la dirigente sindical, Francisca Reséndiz Lara, se rompió el grotesco acuerdo de que Morena, Verde Ecologista y Partido del Trabajo, postularan a Gallardo como su candidato estrella. Delgado tuvo que corregir.
Engañó a Carreras de ganar con la desprestigiada ex titular de salud, Mónica Rangel. Además, también empujó al abanderado del PAN, Octavio Pedroza Gaitán. Imaginó que iba a imponer a su relevo.
Delgado traicionó a Rangel. A través de los titulares de la secretaría del bienestar, Gabino Morales y Leonel Serrato, le entregaron a las huestes de Gallardo, los padrones de beneficiarios de los programas federales y usaron de activistas a los escuadrones de los servidores de la nación, para facilitar el triunfo del enemigo número uno de Morena y de la llamada Cuarta Transformación.
Apenas asumió el cargo, el mandatario envió a su cónyuge, la senadora del Verde Ecologista, Ruth Miriam González Silva a realizar una adelantada e ilegal campaña para que lo releve. Pero le han restado fuerzas, el honesto despliegue de un puñado de periodista libres, que denunciaron sus mega millonarios latrocinios y absoluta prepotencia.
Es donde vuelve a resurgir, protagonista y peligroso, el diputado plurinominal defeño, Héctor Serrano Cortés, autor de la Ley Garrote, Ley Mordaza o Ley Marrano, para acosar y meter a la cárcel al reducido número de comunicadores, que les estorban y ponen en peligro los planes transexenales de la pandilla de los Gallardo.
Aunque hay sólidos indicios que también ya doblegaron a las cúpulas partidistas nacionales, para que los dejen continuar con los saqueos al erario y humillar 6 años más a los potosinos, las trabas contra el nepotismo que les endosó la presidenta Claudia Sheinbaum, los pone en una encrucijada peligrosa. Pero la dirigente estatal de Morena, Rita Ozalia Rodríguez, les ofreció resolver el entuerto: sacrificar a González por otro cuadro, como el magnate Juan Carlos Valladares o el encargado del verde en San Luis, Ignacio Segura y asunto resuelto.
Aunque Rodríguez no se apuntó a la contienda interna de donde saldrá el posible abanderado a la gubernatura, se ha mencionado que por caer en la categoría de “figura relevante”, podrían ungirla candidata a finales de año o inicios del siguiente. Pero las encuestas favorecen al empresario de Tanquián de Escobedo, Gerardo Sánchez Zumaya. Ya se pintó como un axioma político, si Rodríguez resulta favorecida, volverá a configurarse el escenario del 2021, similar al de Mónica Rangel, “La Doctora Muerte”, lo que facilitará se consolide el nefasto cacicazgo de los Gallardo.
No les preocupa en lo mínimo, retar de manera abierta a Sheinbaum, que les ha suplicado un centenar de ocasiones, no caigan en el molesto nepotismo y guarden un sexenio más a González, para romper los candados legales. Pero los Gallardo ya decidieron el futuro inmediato de San Luis.
Hoy celebran 20 años de saqueos a las arcas, pisotear los derechos de burócratas, médicos del hospital central, jubilados, magisterio y ciudadanos que sólo claman, se acabe el sexenio del martirio.
En las redes sociales, el rechazo es absoluto. Ladino, Gallardo Cardona advierte que los feisbuqueros no votan. Ya tienen listo un fraude de estado para imponerse con violencia extrema.
Están convencidos que nadie los tocará, ni con el pétalo de una rosa.



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