La clĂnica 50 del Seguro Social, sin dinero ni insumos para atender a incontables enfermos, que además, abordan con despotismo
20 abril, 202611:50 pmAutor: Paola Moreno GuzmánCapital Destacada Municipios Noticias
El obrero que labora en la zona industrial, Brayan Enrique Alvarado Sánchez, durĂł más de 15 dĂas internado en la clĂnica 50 del Seguro Social, donde no le pudieron atender las quemaduras que recibiĂł por manejar sustancias quĂmicas. Carecen de gasas, sueros y agua oxigenada para hacerle al menos curaciones superfluas.
Los familiares tienen que comprar los insumos en farmacias privadas, cuando el estado debe garantizarle el servicio, por los impuestos que cubre. Tampoco hay dinero para comprar gasolina, que permitan transportarlo a MĂ©xico, donde podrĂa aminorar los fuertes dolores fĂsicos que padece.
Los quejosos lamentan que el gobernador JosĂ© Ricardo Gallardo Cardona, en vez de auxiliar al hospital, seguro social y otras clĂnicas pĂşblicas, por el convenio que tiene con el programa del bienestar, se dedica a dilapidar el erario en negocios que le dejan ganancias millonarias, como remodelar y ampliar el balneario Splash, ubicado en el parque Tangamanga uno, donde talĂł cientos de árboles para conseguir sus ambiciosos propĂłsitos, de espalda a la ciudadanĂa.
TambiĂ©n se gasta cifras exponenciales en la ilĂcita y adelantada campaña para heredarle la estafeta a su cĂłnyuge, la senadora Ruth González Silva.
Los afectados censuran ser vĂctimas de la herencia maldita que encabeza Gallardo. Los ubica como si estuvieran en Cuba. La clĂnica 50, además de no tener los medicamentos básicos, doctores, enfermeros, ambulancias con chofer y suficiente combustĂłleo, ya empieza a sufrir apagones elĂ©ctricos.
Igual que Alvarado, son mĂşltiples los enfermos que sufren las consecuencias de un nosocomio que asemeja un cascajo. Faltan camillas para las decenas de pacientes internados. A la mayorĂa los acomodan en sillones, bancos o el suelo. La insensible administradora que los trata con despotismo, justifica su inoperancia al argumentar que el pĂ©simo servicio es culpa de Ruth González, quien acapara el dinero destinado a la salud pĂşblica.
Lo usa para hacer proselitismo en los municipios, donde entrega despensas de baja calidad y afilia a sus ahijados con la amenaza de dejarlos fuera de los programas clientelares.



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