Empecinado en hacer la Arena Potosí, Gallardo llama “retrógradas” a sus críticos

20 enero, 20239:58 pmAutor: Capital Noticias

Enemigo de la crítica y la transparencia, el contratista y proveedor número uno de San Luis, Ricardo Gallardo Cardona, ya impuso un estilo sui generis: le fascinan las obras que superan los 200 millones de pesos, donde se lleva, libres de polvo y paja, más del 30% de ganancias. Sin contar que no licita los trabajos o los ejecuta a través de prestanombres. Los detractores lo llaman “el gober pachangas”, aunque también le queda “el señor de los bulevares”. En su despliegue de mega alcalde, hizo el de Rioverde-Ciudad Fernández donde se embolsó orondo más de 60 millones. Sin que fuera algo prioritario y urgente, aplicó el mismo criterio en San Ciro de Acosta, donde cotizó el acceso en 25 millones. Hará una nueva entrada en Real de Catorce que tasó en 15 millones de pesos. Sin consultar al alcalde de Valles, David Medina, menos a la ciudadanía, tumbó el histórico arco donde erogó más de 20 millones de pesos. En los arreglos del parque Tangamanga dos, gastó 200 millones de pesos. Incluyó arreglar varias aceras de la colonia Industrial Aviación, donde no tiró un kilo de cemento.

Ahora maneja que habrá de rehabilitar todas las calles, como ya lo hizo en otros sectores, sin licitar un peso. Obsesionado en gastarse el erario a su antojo y conveniencia, ya que no existe el mínimo contrapeso que se lo impida, Gallardo está empecinado en construir el equivalente al coliseo romano, usado para enajenar a las masas hambrientas y con harapos. Nadie le impedirá hacer el mega lienzo charro que designa con el eufemismo Arena Potosí, valuada en 290 millones, lo que ha generado un gran malestar de la gente, hasta de sus seguidores. Se compite a sí mismo, ya que antes, con el erario, se compró uno más pequeño en su natal Soledad, llamado Hermoso Cariño. No le importa construir un elefante blanco, como pasó con el teatro Doroteo Arango, donde dilapidó más de 40 millones de pesos. Para lavar el dispendio, ahora lo bautizó como Francisco Gabilondo Soler. Ignora que son pocos los interesados en el fútbol americano y la charrería, un deporte elitista y caro. Le han sugerido que mejor contrate el Domo, que la mayoría del año está desocupado. Molesto por las descalificaciones que ha recibido, Gallardo cataloga a sus opositores tener “mentes pequeñas y retrógradas”. Con deudas millonarias encima y miles de afectados por sus desmanes financieros, tira el dinero en las alcantarillas, sabedor de que nadie lo llamará a cuentas.

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