El camaleón y Frankenstein

6 julio, 202112:04 amAutor: Agustín de la Rosa CharcasCapital Noticias Opinion

El maximato se terminó. El parricidio político se consumó el pasado domingo 6 de junio en las elecciones para los cambios de poderes en el estado. Tiene cierta semejanza con el parricidio que se elucubró en las elecciones de 1991 para la gubernatura, la última de las batallas que libró el doctor Salvador Nava Martínez. Fue donde se enfrentó al halcón Fausto Zapata Loredo y su yerno incómodo, Horacio Sánchez Unzueta, quien militaba y competía por el PRI por una diputación federal del sexto distrito. La vileza del sujeto, lo mismo que el dirigente del PRI, Juan Ramiro Robledo Ruiz, ahora diputado federal plurinominal de Morena, como porros, entraron a palacio de gobierno pisoteando a las mujeres navistas que obstruían el paso, para que el usurpador no pudiera entrar a palacio el 30 de septiembre.

Con la subordinación absoluta al tirano Salinas de Gortari, fue que logró ser el candidato del PRI a la gubernatura. Fue el parricida político que Salinas utilizó para sepultar al movimiento de masas del navismo en 1993. Es a partir de entonces que sienta sus reales el maximato que durante 28 años predominó en el estado. A fuerza de votos, muchos fraudulentos, se erradicó de cuajo la mafia que durante las últimas tres décadas controló los destinos políticos locales. Pero de una mafia surgió otra, quizás más peligrosa, corrupta y depredadora de los dineros públicos, como lo ha sido hasta ahora la llamada Gallardía. El Frankenstein que Horacio Sánchez dio vida a partir del 2009, ¿recuerda lo del voto útil de entonces?

El jefe de la mafia de Soledad, Ricardo Gallardo Juárez, dejó explicita la definición del slogan de campaña de su hijo, Ricardo Gallardo Cardona, el lunes 7 de junio en la plaza de los Fundadores, que antes sirvió para concentraciones de luchas democráticas del pueblo potosino. Pero la última, no fue de las que se le puedan considerar libres y de fiesta cívica. Fue una reunión masiva intimidatoria, al más puro estilo de los mensajes que emiten los grupos del narcotráfico a sus adversarios. Pero ahora lo hicieron sin capuchas. El país entero escuchó a través de las redes sociales y medios nacionales, la amenaza directa y vulgar del jefe de la mafia hacia el gobernador Juan Manuel Carreras: “que no se le ocurra al cabrón, volver hacer un fraude. Lo vamos a sacar de donde sea, si hace una pendejada. Se lo permití una vez y supo las condiciones del por qué. Hoy se lo va a llevar la chingada”

A tal mafia, el dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, le entregó toda la fuerza del movimiento en contubernio con el jefe de los delegados de la Secretaría del Bienestar, Gabriel García. El peor enemigo de Morena en San Luis Potosí fue su dirigente nacional. Se diseñó la estrategia de las imposiciones más absurdas para generar una guerra intestina entre los grupos, al tiempo que dotaba de todos los apoyos políticos a su amigo y socio del Verde a la gubernatura. La lucha que dimos varios cuadros políticos en San Luis Potosí en contra de las arbitrariedades, fue intensa, sin más opciones. Se nos presentaban dos alternativas de facto, asumirnos de manera indigna a los atropellos, como varios “dirigentes” lo hicieron o mantener una línea de congruencia en la defensa de los principios del movimiento transformador de la 4T.

La estrategia le funcionó a Delgado, su candidato, el del Verde, se movió con entera libertad, derrochó insultantes cantidades de dinero en la sucia campaña electoral. Mario Delgado está muy contento con los resultados, lo ha dicho en cada entrevista. Es que su candidato ganó y Morena se fue al abismo de la humillación que representa la derrota electoral. La candidata impuesta, Mónica Rangel, se prestó para la derrota, ¿a cambio de qué? Quizás pronto lo sabremos, logró que la votación del movimiento de hace tres años se desplomara 3.8 veces. Los 139 mil 243 votos que obtuvo, son el 26.39 % que obtuvo López Obrador en el 2018.

Es la porción del voto duro que a pesar de todo, el movimiento votó por la imposición. Fue tan vergonzosa la campaña de Morena, que el payaso candidato huachicolero, José Luis Romero, casi la alcanza al lograr 105 mil 854 votos, de los cuales el 78.5 % los consiguió en la huasteca potosina. Donde por cierto, le ganó a Rangel por casi dos a uno, es el tamaño del rechazo de la militancia. En la capital potosina, donde se concentró el epicentro de la inconformidad, el desplome de Morena con respecto al 2018 fue del 80%. Por la impuesta candidata sólo votaron 30 mil 965 ciudadanos, de los 154 mil 933 que lo hicieron por AMLO. Si

sumamos el voto que obtuvo Morena en la capital con el impresentable del partido Verde a la gubernatura, nos dan 155 mil 172, casi la misma cantidad que el movimiento obtuvo en 2018, lo cual nos indica que a los votos del Verde, se le sumó un número importante de los que en 2018 se inclinaron por Morena.

Es claro que el voto útil de decenas de miles de militantes y simpatizantes de Morena se fue al corrupto partido Verde y que hicieron posible el triunfo de la mafia de Soledad. Es el triunfo de Mario Delgado. Es la derrota apabullante de Morena. Es la culminación de tres décadas del maximato corrupto de Horacio Sánchez. Es el inicio de una época de oscuridad, violencia, impunidad y corrupción, mayor que la de la mafia que fue echada del poder. Ya son reiterativos los amagues de la dirigente nacional del Verde, Karen Castrejón, quien anunció, negociará con todos los partidos, no solo con Morena. Es un vil chantaje al presidente para consolidar la impunidad de sus delincuentes compinches de la nueva mafia.

No quiere que se los toquen ni se consoliden las investigaciones que pesan sobre la familia Gallardo. ¿Vale la pena “ganar” una gubernatura con delincuentes acusados de ser parte activa del crimen organizado y que lo avale el movimiento como Mario Delgado lo hizo? No en lo absoluto. El camaleón que ha utilizado todos los colores del espectro político del país, es el Frankenstein que Horacio Sánchez procreó. Es el mismo que el dirigente nacional de Morena ha adoptado, orgulloso por tenerlo de su aliado y socio. El “demócrata” candidato de la derecha potosina, Octavio Pedroza, reconoce su derrota, pero sostiene que fue producto del fraude. Es un “demócrata” fraudulento. El pueblo elige a su gobierno, por la vía del voto. Pero debe ser libre y sin coacción alguna. Sin urnas embarazadas ni la compra de votos. Sin la participación del estado. Las de San Luis no fueron limpias.

Si la derecha acepta la porquería de elecciones que se dieron el pasado 6 de junio, es porque también participaron con prácticas obscenas y carecen de autoridad moral para hacer un llamado a la defensa cívica del voto. No es un “demócrata” el candidato de la derecha, es un farsante sin carácter, sin autoridad moral. Sin autoridad política. Los mismos actores reconocen lo corrupto de su comportamiento. Lo señaló una y otra vez el salinista y alumno de Sánchez Unzueta, el candidato del PT y Verde a la capital potosina, Leonel Serrato. Se identificó como parte del grupo del delegado del bienestar, los que cerraron el pacto mafioso con el nada honorable candidato a la gubernatura del partido Verde. El poder los hace iguales. Es muy grave lo que ratifica el jilguerillo de quinta, que va de traición en traición para montarse en cuanto proceso electoral se le ponga al frente.

Las declaraciones que virtió a la revista Proceso en el número 2328, contradice los conceptos del presidente de la república que una y otra vez reitera “no somos iguales”, en referencia a los conservadores. Veamos las revelaciones graves que el sujeto reafirma una vez pasado el proceso electoral, plagado de irregularidades. “Ricardo Gallardo Cardona es nuestro aliado electoral. Tiene como objeto la búsqueda del poder político, trae sus canicas y nosotros las nuestras. Y, sin mezclarlas -porque unas son guindas y unas verdes- las echamos a la bolsa. Es lo que hicimos, no fue un pacto de que nos vamos a casar. Admite en forma abierta, que se involucró y participó con la estructura del gobierno federal en el estado, con el delegado del bienestar, Gabino Morales, al frente, tras consultarlo y obtener la anuencia de sus superiores, el secretario del bienestar, el tabasqueño Javier May Rodríguez”.

Lo que el sujeto inescrupuloso, sin ninguna inhibición sostiene, es que, desde la federación, la Secretaría del Bienestar actuó de manera facciosa e ilegal, contribuyendo al ensuciamiento de las elecciones donde, los recursos del estado, fueron canalizados a una persona. ¿Se entiende la gravedad de la reiterada postura del corrupto personero del salinismo horacista? La hipótesis que sostuve en otras notas que titulé “El día después” y publiqué el 5 de julio del 2018, se confirmó en las recientes votaciones, en lo que se refiere a la humillante derrota del alcalde con licencia, Xavier Nava. El señor ganó en el 2018, porque el aparato del estado lo movió su tío Horacio Sánchez y el gobernador Carreras a su favor, con el voto duro del PAN, los poquitos votos de los “navistas” y los aún más pocos del Movimiento Ciudadano. Pero, sostuve, y por lo que se observa se ha comprobado, que el voto útil del tsunami que representó la candidatura de AMLO fue determinante en el triunfo.

En 2018, Juntos Haremos Historia, JHH, postuló al salinista horacista notario Serrato, por la gracia de Horacio Sánchez, por quien no votaron 86 mil 141 ciudadanos que sí lo hicieron por AMLO, por la relación aritmética que se dio en las votaciones. Un sector importante se fue con el hijo del contratista Luis Nava Calvillo. La circunstancia política electoral, fiel a su cultura, el alcalde con licencia nunca lo reconoció. La manipuló, sostuvo la falacia, que era la reencarnación divina de su abuelo, Salvador Nava, que fue capaz de generar un proceso de ósmosis político y generó un capítulo más de las luchas cívicas. Creyó que fue la membrana responsable, que por gracia divina, purificó a los conservadores y sus “odiados” adversarios de JHH que le dieron el voto.

El sufragio útil de Morena fue por el rechazo al cacique de la mafia de Soledad, que buscó reelegirs. Además la militancia y simpatizantes no confiaron en el candidato de Morena a la presidencia municipal de la capital. Son las razones por las que ganó. No porque represente un “movimiento social amplio”. ¿Alguien lo pone en duda? El voto duro del PAN se ha mantenido en valores absolutos, es el mismo que obtuvo en el 2015, cuando votaron a la presidencia municipal 81 mil 668 y por MC 3 mil 893. En el 2018, con las circunstancias políticas que sostenemos, el hijo de Luis Nava obtuvo por el PAN 141 mil 581 votos y por MC, 12 mil 311 que hicieron un total de 153 mil 892. Los incrementos fueron los votos del PRI de Horacio Sánchez, los “navistas” y los más importantes, el de JHH.

Los Gallardo fueros damnificados del efecto AMLO en el 2018, perdieron 42 mil votos en relación con el 2015 en la presidencia municipal de la capital. Las sumas y restas nos llevan al destino del voto útil que se movió a favor del alcalde con licencia. También nos permite demostrar que no sólo no tuvo nunca en su haber ningún apoyo social que se hubiere identificado con sus torpezas y contradicciones en su corta trayectoria política, ya que en la elección del 6 de junio del 2021, se mostró lo que representa. La indecencia política y la representación de la nada en términos éticos. El PAN, PRI, PRD y Conciencia Popular, con la suma de su voto duro, obtuvo 143 mil 630 votos el 6 de junio reciente. Nada extraordinario, cuando los adversarios se dividieron de forma tan cruenta, producto de las imposiciones que Mario Delgado consumó en la entidad.

El alcalde con licencia llegó a ser candidato impuesto en Morena con un desprestigio en el ámbito local y nacional. Su notable cinismo e hipocresía no le permitió entender que ya había sido juzgado por la ciudadanía al ser derrotado de manera apabullante en la contienda interna del PAN, en particular en la capital. Su travesía en las contradicciones ideológicas absurdas, incrementó el rechazo en la militancia y simpatizantes de Morena. El voto del PAN y del PRI, así como del MC, ya no los tuvo. La derrota humillante del alcalde con licencia es lapidaria. Los 53 mil 589 votos que obtuvo, son de los “navistas” y una parte mínima del voto de los militantes y simpatizantes de Morena. Es apenas el 34.8% de los votos que obtuvo en el 2018.

Los 100 mil 303 votos que le dieron la espalda, se quedaron en su lugar de origen, casi todos. El jefe de la mafia, Gallardo Juárez, en el 2018, logró 89 mil 894 votos, se puede entender que el otro candidato de Horacio Sánchez, postulado ahora por el Verde, con el impúdico e ilegal pacto que ha confesado, obtuvo un voto útil de la militancia y simpatizantes de Morena, de sólo 10 mil votos, si le quitamos el resultado que obtuvo el PT en su voto duro. La tardía postura del alcalde con licencia con respecto a los resultados, ha sido ridiculizada por la terquedad de no entender lo que le sucedió. Los potosinos le dieron un contundente mensaje, no los representa y le dejó muy claro que la indolencia como funcionario público, ya no se la iba a permitir. Tampoco ser incongruente y traicionar los principios que de manera demagógica defendía.

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