Estado sojuzgado
10 noviembre, 202011:15 pmAutor: Agustín de la Rosa CharcasOpinion
La derecha conservadora, la que gobernó de manera espuria (golpista) al menos dos sexenios (1988-1994 y 2006-2012) de los últimos 38 años, generó una vastísima cultura de corrupción que abarcó amplios sectores de la vida pública. No se salvan las cúpulas del poder económico. Las raíces de la corrupción y la impunidad han sido profundas. Los frutos emanados están podridos por cuestiones genéticas, culturales. Casi nada se ha salvado.
La pandemia de la corrupción institucionalizada es la que más ha dañado la vida del país en todos los rubros. Se queda pequeñito el daño de la enfermedad causada por el covid-19 ante el monstruoso e insaciable apetito de los corruptos neoliberales, que por cuatro décadas saquearon las riquezas producidas.
La ambición desmedida de la camarilla de rufianes escaló a tal magnitud que sometió al estado mexicano a sus espurios intereses. La naturaleza podrida de la mafia generó un meta estado, totalmente al margen de la Ley Madre, la Constitución. Definían las conductas que a su criterio, eran punibles, sobre todo para los “enemigos” de sus intereses creados.
El manto protector de la impunidad se renovó con cada nueva camada que llegó al mando federal. El poder no residía en el pueblo, lo tenía el que ocupaba la presidencia de la república. La casta divina que controlaba los hilos en el país, dio paso a una serie de rostros, que para la foto y la publicidad, aparecían como mujeres y hombres güeritos, bien comidos y mejor vestidos, católicos y fervorosos devotos de la palabra de dios. Casta divina que han tenido para sí y descendientes, las mejores escuelas del país y el extranjero, atenciones de salud en cualquier parte del mundo donde se incluye la parentela.
Y todo con cargo al erario. Los mejores contratos se repartían de manera religiosa entre un grupito de privilegiados al costo que su estado de ánimo les amanecía. La corrupción en el país subió a niveles de escándalo internacional. Es por lo que racistas mafiosos, entronizados, desarrollaron también la cultura del cinismo que no conocía límites.
Tal grupo condenó a la inmensa mayoría del pueblo mexicano al inframundo. Pero como nada es para siempre, el primero de julio del 2018, los condenados durante décadas por la casta corrupta de conservadores, decidieron emerger con una vitalidad impresionante, avasalladora y aniquiló a la mafia simuladora.
El terremoto cívico provocado por la sociedad mexicana en el territorio nacional, fue el responsable de agitar las aguas de tal manera que las heces fecales de los corruptos cubrieran los mares del planeta. Por primera vez en la historia moderna, los hipócritas conservadores que ocuparon la más alta posición, fueron señalados como lo que siempre han sido, los jefes de la corrupción y la impunidad que ha carcomido los cimientos de la nación. Abruma observar la vulgaridad de los hampones autoritarios, con sus poses de divas y divos, con ínfulas de perdonavidas y aires de honorables que medían por el tamaño de la riqueza acumulada de manera ilícita.
No se salvan del histórico proceso de llevar ante la justicia a los que han saqueado a México, el jefe de jefes y usurpador, Carlos Salinas, tampoco Fox, Peña Nieto y el genocida Felipe Calderón. Hay denuncias de los “moches” que recibieron panistas como Ricardo Anaya, senadores y diputados que aprobaron las llamadas reformas estructurales. Algunos son gobernadores, se han convertido en candidatos a ser huéspedes de las cárceles.
Los mafiosos encabezados por Peña Nieto, se pusieron sobre nombres para instrumentar fechorías. Luis Videgaray era conocido en el bajo mundo, con su verdadero rostro de Louis Vuitton. Miguel Ángel Osorio Chong era Michael Kors y Gerardo Ruiz Esparza, Richard Gere. Durante varias décadas el país fue sojuzgado por una pandilla muy influyente que ha sido derrotada por mandato del pueblo en forma pacífica. Profundicemos los cambios que la nación reclama. Sólo el pueblo organizado será capaz de cristalizar la utopía.n



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