En Iguala se mostró el odio contra la educación popular
13 enero, 20208:27 pmAutor: José Enrique González RuizColaboradores Opinion
Marx nos enseñó que la lucha de clases es el motor de la historia. Aun cuando la represión por parte del Estado hacia la sociedad es una constante de la historia contemporánea de México, hay circunstancias de lo ocurrido en Iguala, Guerrero, que no tienen precedente. Nunca habÃamos visto actuar conjuntamente a la delincuencia organizada con los cuerpos regulares de policÃa de dos municipios (el de Iguala y el de Cocula), ni tenÃamos registro de una desaparición forzada masiva, ejecutada a plena luz del dÃa (aunque ocurrió cerca de la medianoche del 26 de septiembre de 2014).
La versión gubernamental es de barbarie. Según el ex procurador general de la república, Jesús Murillo Karam, un grupo de policÃas asesinó a seis personas -tres estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, de Ayotzinapa- y secuestró a 43 más para entregarlas a un grupo de delincuentes que opera en la zona, quienes los mataron para después quemar sus cuerpos en un basurero. Trituraron luego los huesos que quedaron y los pusieron en bolsas negras que arrojaron al rÃo San Juan. SerÃa imposible encontrar los cuerpos de las vÃctimas. Los autores intelectuales habrÃan sido el ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca y su esposa, que fueron detenidos junto con decenas de policÃas y algunos individuos a los que acusan de ser sicarios del crimen organizado.
Aun dando crédito a tan inverosÃmil versión, tendrÃamos que preguntarnos por el móvil. ¿Cuál fue la ganancia de quien o quienes ordenaron semejante crimen? La verdad parece ser otra, Ayotzinapa es la sede de una Escuela Normal Rural, de las que estorban al gobierno. Se fundó en la etapa en que el gobierno de México se asumÃa como promotor de la educación popular y creó instituciones que se encargaran de preparar a los profesores que atendieran la educación básica en el medio rural. Su principio esencial es que la educación debe vincularse con el trabajo, para contribuir a la comunión entre el quehacer intelectual y el manual.
El proyecto fue abandonado por el Estado mexicano, junto con otras orientaciones de orden social. Los derechos colectivos fueron desapareciendo del texto constitucional o quedando como meros adornos literarios. La educación entró en un proceso abiertamente privatizador, bajo la sabia orientación del Banco Mundial primero, y más tarde de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
Las normales se volvieron peligrosas para el nuevo modelo, de corte neoliberal. Sobre todo porque su enseñanza tiene contenido libertario. Y si son rurales, mucho peor, porque el sector agropecuario de los paÃses dependientes ha sido devastado y está en proceso de grave debilitamiento como sector económico. ¿Para qué profesores y, aún más, para qué profesores rurales en plena globalización?
Asà como desaparecieron la Normal de Roque, Guanajuato, en tiempos de Jesús Reyes Heroles al frente de la SecretarÃa de Educación Pública, y la de El Mexe, en Hidalgo, cuando gobernaba Miguel Ãngel Osorio Chong, los polÃticos del sistema quieren exterminar Ayotzinapa y las otras normales que quedan. Se explica su odio hacia lo que queda de educación popular en México y servirÃa para saber por qué ocurrió la bárbara masacre de Iguala. Los hechos van más allá de un ayuntamiento y de un gobierno estatal.
La clave para develar lo ocurrido los dÃas 26 y 27 de septiembre de 2014 está en la persona o personas que ordenaron exterminar y borrar toda huella de los normalistas de Ayotzinapa. Fue alguien tan poderoso que se hizo obedecer por dos alcaldes, dos cuerpos policiacos en pleno y bandas de criminales de la peor calaña. Un hecho relevante es que los soldados no intervinieron para impedir la masacre.
Vendrán transformaciones provenientes de las semillas del estudiantado de Ayotzinapa. El paÃs disfrutará (o sufrirá, según nos vaya) de cambios sustanciales en la vida polÃtica y social. Después de lo ocurrido, ya nada será igual. Esperemos que no se modifique el paÃs para empeorar. Pugnemos porque camine en sentido positivo y produzca un nuevo sistema educativo que recupere nuestra historia y ponga el quehacer educacional al servicio de la emancipación.



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