La clĂnica 50 del Seguro Social, sin dinero ni insumos para atender a incontables enfermos que además, abordan con despotismo
19 marzo, 202610:06 pmAutor: a Noticia San Luis/ Paola Moreno GuzmánCapital Municipios Noticias
El obrero que labora en la zona industrial, Brayan Enrique Alvarado Sánchez, tiene 15 dĂas internado en la clĂnica 50 del Seguro Social, donde no le pueden atender las quemaduras que recibiĂł por manejar sustancias quĂmicas. Carecen de gasas, sueros y agua oxinada para hacerle al menos curaciones superfluas.
Los familiares tienen que comprarlos en farmacias privadas, cuando el estado debe garantizarle el servicio, por los impuestos que cubre. Tampoco tienen dinero para comprar gasolina, que permitan transportarlo a MĂ©xico, donde podrĂa aminorar los fuertes dolores fĂsicos que padece.
Los quejosos lamentan que el gobernador JosĂ© Ricardo Gallardo Cardona, en vez de auxiliar al hospital, seguro social y otras clĂnicas pĂşblicas, por el convenio que tiene con el programa del bienestar, se dedica a dilapidar el erario en negocios que le dejan ganancias millonarias, como remoderlar y ampliar el balneario Splash, ubicado en el parque Tangamanga, donde talĂł cientos de árboles para conseguir sus ambiciosos propĂłsitos, de espalda a la ciudadanĂa.
TambiĂ©n se gasta cifras exponenciales en la ilĂcita y adelantada campaña para heredarle la estafeta a su cĂłnyuge, la senadora Ruth González Silva.
Los afectados censuran ser vĂctimas de la herencia maldita que encabeza Gallardo. Los ubica como si estuvieran en Cuba. La clĂnica 50, además de no tener los medicamentos básicos, doctores, enfermeros, ambulancias con chofer y suficiente combustĂłleo, ya empieza a sufrir apagones elĂ©ctricos.
Igual que Alvarado, son mĂşltiples los enfermos que sufren las consecuencias de un nosocomio que asemeja un cascajo. Faltan camillas para las decenas de pacientes internados. A la mayorĂa los acomodan en sillones, bancos o el suelo.
La insensible administradora que los trata con despotismo, justifica su inoperancia al argumentar que el pésimo servicio es culpa de Ruth González, quien acapara el dinero destinado a la salud pública.
Lo usa para hacer proselitismo en los municipios, donde entrega despensas de baja calidad y afilia a sus ahijado con la amenaza de dejarlos fuera de los programas clientelares.



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