Las razones de la derrota

3 septiembre, 201810:35 pmAutor: José Guadalupe González CovarrubiasCapital Opinion Sin categoría

¿Cómo se puede explicar que Ricardo Gallardo Juárez perdiera en las urnas dos a uno? ¿Cuáles fueron algunas de las causas desde una óptica ciudadana? A continuación expongo desde mi punto de vista una serie de situaciones, que incidieron en una derrota estrepitosa en las urnas el pasado primero de julio para el alcalde de la capital de San Luis Potosina que buscó reelegirse.

En campaña Ricardo Gallardo prometió sacar a San Luis del bache, llevar ante la justicia al anterior alcalde Mario García, regular el ambulantaje, crear una universidad pública, erradicar la corrupción entre los distintos cuerpos policíacos y aplicar exámenes de control y confianza, rehabilitar la red de agua potable y alcantarillado, construir más colectores pluviales, elección compartida del director de obras públicas entre el alcalde y la ciudadanía, poner orden en Interapas para que mejore el servicio y manejar con transparencia los recursos públicos.

Al paso de los tres años de su administración municipal ninguno de los compromisos logró cumplir e incluso se agudizaron otros que tal vez no se veían como graves problemas. Algo que caló profundo entre la ciudadanía fue el olvidarse de los servicios públicos elementales como el alumbrado, las vialidades, el agua y la seguridad.

Gallardo no supo aprovechar el pasado de las espantosas y corruptas administraciones de sus antecesores Victoria Labastida y Mario García. Tuvo todo para hacer un gran papel. El usar a las instituciones para perseguir a sus críticos fue algo grave y nunca antes visto, el terrorismo laboral fue evidente y el no respetar las leyes de manera constante alarmó a la gente. Cientos de quejas surgían cada día donde los afectados recibían extorsiones de funcionarios de obras públicas y comercio. Creó un emporio de “medios de comunicación” cuyas dos funciones eran solo alabarlo y atacar de forma brutal a quien osara criticar o señalar algún mal acto de la administración llamada “gallardista”.

Ricardo Gallardo incluso en su discurso nunca entendió lo que era la rendición de cuentas, manejaba al ayuntamiento como su empresa, a los empleados como subyugados. El retroceso en transparencia fue impresionante, pedir copias de un expediente podría costar hasta 20 mil pesos, siendo una violación clara al derecho a la información pública. La opacidad con la que se manejaron los recursos públicos fue enorme.

Sandra Sánchez Ruíz fue una fantasma que siempre estuvo sobre Gallardo. El caso fue un emblema de los malos manejos que se llevaron a cabo. Ll extraña proveedora de medicamentos genéricos no fue el único caso de empresas usadas por el ayuntamiento, fue uno más. Por cierto el SAT logró que Sandra Sánchez Ruíz regresara los 62 millones de pesos al fisco tras un largo litigio en tribunales.

Usar recursos públicos para su beneficio y no respetar las leyes electorales fueron temas de todos los días. Las campañas de odio y calumnias de sus negros operadores eran cotidianas, cada vez más graves, cada vez más fuertes. En lugar de darle votos a Gallardo se le revirtió. Cada mensaje que llegaba a la intimidad de los celulares causó molestia en lugar de creer las encuestas y guerra sucia que circulaba.

Los “asesores” en lugar de ayudarlo lo terminaron de hundir. La ciudadanía habló clara en las urnas y lanzó un mensaje. Queremos personas sensibles, que sean nuestros mandatarios, empleados de la ciudadanía, que estén convencidos que la rendición de cuentas y la transparencia. Es algo obligatorio, pero más una convicción.

 

 

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