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Una venturosa casualidad y un casi susto

5 agosto, 202010:54 pmAutor: José Enrique González RuizOpinion

El 12 de julio se festeja el día de San Nabor, que fue el nombre de mi padre y la fecha de su festejo cumpleañero. Muchas situaciones se me olvidan, pero ésta no. Ahora llegó con un regalo para mí: desperté con una canción en mi mente y comencé a cantarla desde temprano: “Ya se cayó el arbolito/donde dormía el pavorreal. Ahora dormirá en el suelo/ ahora dormirá en el suelo/ahora dormirá en el suelo, como cualquier animal. Guadalajara en un llano, México en una laguna. Me he de comer esa tuna/me he de comer esa tuna,/me he de comer esa tuna, aunque me espine la mano. El águila siendo animal/ se retrató en el dinero. Para subir el nopal/para subir al nopal/para subir al nopal, pide permiso primero”.

El transcurso de los años me hace ver las valiosas lecciones del texto: 1.- El primer verso hace referencia a la persona que se conoce como presumida. El pavorreal duerme en un árbol, pero cualquier arbolito es susceptible de caerse, haciendo que aquél tenga que dormir en el suelo, exactamente como cualquier otro animal.2.- El segundo hace ver que se necesita un esfuerzo (espinarse la mano), para poder conseguir lo que queremos (comernos la tuna). 3.- Y el tercero habla del respeto, pues nunca debemos subir a ningún nopal si no contamos con la correspondiente autorización.

Lo comenté con mi familia, porque me gusta que mis hijos sepan historias de mi padre, que es el único santo ante el cual me arrodillé. Estaría contento si le contara la anécdota. Y pues ni modo, tengo que narrarles también lo otro, lo no amable que nos ocurrió. Fueron alrededor de 50 balazos los que escuchamos desde nuestra cama la madrugada del 10 de julio del 2020, percutidos en forma de ráfagas espaciadas por más de media hora, a partir de las 3 de la mañana. En el número coincidimos, sin concierto previo, Adriana y Tata Memo (y más tarde Augusto, el vecino de enfrente). Al día siguiente supimos que la policía salió a buscar a los autores de la balacera, pero obviamente no los encontró.

Hace como un mes hubo un antecedente: entre 10 y 15 tiros se oyeron, también de madrugada. No hicimos mucho caso, sobre todo porque un trabajador nos dijo que “es algo normal”. Y no hay razón para dudar de su dicho, sobre todo porque es de por acá. Pero ahora sí nos llegó algo de temorcillo, sobre todo por el tema de las “balas perdidas”. Hay varias interpretaciones posibles. La más optimista es que se trató de borrachos que estaba festejando algo (se alquilan casa por el fin de semana) y salieron “a divertirse” con metralleta en mano y dispararon al aire. Las otras versiones mejor no las pongo, por aquello de invocar demonios. El clima del país no da para andarse asoleando de gratis.

La seguridad y la educación siguen siendo los temas cardinales. Los violentos siguen adueñados de considerables extensiones del territorio nacional y por los enormes recursos que manejan cuentan con base social y sus rutas de entrada y salida. Matan y destituyen jueces a placer. Y el sistema educativo nacional sigue siendo casi el mismo que aplicó la pervertida reforma educativa de Peña-Nuño. La lucha del magisterio democrático se mantendrá viva.

La firma del Tratado México, Estados Unidos-Canadá (T-MEC), traerá algo de tranquilidad al actual gobierno. La derecha golpista, dirigida por el traficante de piernas Gilberto Lozano, está más huérfana que Guaidó y no contará por algún tiempo con la bendición de la embajada. Es otro de los terrenos en que hay luchas pendientes. Dirán que tuve miedo por la balacera y tendrán razón. Aunque no llegó a gran susto, sí causa preocupación que haya quienes usan armas tan potentes. Y que pueden divertirse alarmando a pacíficos refugiados del coronavirus. Pero las circunstancias tienen compensación: lo de don Nabor disminuye los temores por la balacera.

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