Un episodio de la Guerra de Reforma en la plaza Fundadores de Rioverde

17 febrero, 20228:24 pmAutor: Lucas Hernández SalinasOpinion

LA GUERRA DE REFORMA O GUERRA DE TRES AÑOS ocurrió del 17 de diciembre de 1858 al 10 de enero de 1861. La nación estaba dividida entre liberales y conservadores. La historia de México registra una batalla en Rioverde, al amanecer del 7 de enero de 1861. Se afortinaron las fuerzas liberales al mando del entonces coronel republicano Mariano Antonio Guadalupe Escobedo de la Peña, así como el jefe político del partido de Rioverde, teniente coronel Luis F. Tenorio, quienes al tener conocimiento de que el general conservador José Tomás Trinidad de la Luz Mejía Camacho, indígena otomí originario de Pinal de Amoles, Querétaro, se aproximaba con su ejército, enseguida Mariano Escobedo se atrincheró junto con su tropa compuesta por 300 hombres en el atrio y en los altos de la parroquia.

El ataque comenzó a las 6:00 horas con una fuerza de 1,200 hombres, un cañón y un obús. Desde el primer acontecimiento, al romperse el fuego, Mejía logró emplazar un sitio artillado en el cruce de las actuales calles de Reyes y Escandón, apuntando hacia las fortificaciones de la parroquia.

Cinco horas duró el ataque, Mariano Escobedo agotó el parque, por lo tanto no tuvo otra alternativa que rendirse a discreción. Tomás Mejía entró victorioso en el patio del curato montando un gran caballo, con el que subió las primeras gradas de la escalera del curato, en el momento que Mariano Escobedo bajaba cabizbajo con la espada asida por la hoja para entregársela a Tomás Mejía en señal de rendición.

El general Mariano Escobedo fue recluido en la casa cuartel, propiedad de Luis F. Tenorio, junto con ocho oficiales de alto rango, incluyendo al dueño del cuartel, que se ubicaba en la esquina de la plaza Constitución esquina con calle Javier Gallardo. El libro de entierros de la parroquia registra que hubo 45 muertos como saldo en el desigual combate, sin mencionar los heridos que debieron ser numerosos.

A los ocho días, el general Tomás Mejía abandonó a Rioverde y se dirigió hacia Arroyo Seco, Querétaro, con sus prisioneros, pero al pasar por Jalpan, Mejía les facilitó la huida a sus presos envueltos en petates de palma, cargados en burros, para dejarlos libres. Es decir, les perdonó la vida.

Años después, el 15 de mayo de 1867, fecha de la rendición del sitio de Querétaro, el archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo, Miguel Miramón y Tomás Mejía cayeron prisioneros de Mariano Escobedo, quien al ver revertida la situación del hecho de armas que sucedió en Rioverde, en reciprocidad le quiso devolver el favor a Tomás Mejía, pero al saber que la gracia no se extendía al emperador, declinó el ofrecimiento, mostrando un ejemplo de heroica lealtad castrense. Resultó fusilado en el Cerro de las Campanas en Querétaro, junto con el emperador y el general Miguel Miramón.

Para entonces, José Catarino Verástegui Correa, de conocida familia rioverdense, fungía como vocal del Consejo de Guerra, a quien le tocó juzgar al infortunado Maximiliano de Habsburgo y sus compañeros. El veredicto fue la pena capital. Por su parte, José Catarino Verástegui, también se distinguió al participar en el último duelo con pistola que se libró en México, contra el duelista consuetudinario, coronel Francisco Romero. Fue donde Verástegui perdió la vida el 12 de agosto de 1894.

Como testimonio de la batalla que se llevó a cabo entre conservadores y liberales en 1861, se encontró uno de los proyectiles que se usaron: una bala de cañón o bola de cañón cuyo material es de piedra en forma cilíndrica, mide entre 15 a 20 centímetros de diámetro, pesa alrededor de cuatro kilogramos. El proyectil al momento de ser lanzado a través de un cañón hería o mataba alrededor de 40 personas según las circunstancias. El objeto se encuentra bajo resguardo del notario uno de Rioverde, Ramiro Rocha, también connotado jurista.

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