Morena sin Morena

10 marzo, 202111:08 pmAutor: Felipe de Jesús Cervantes PérezDestacada Opinion

Pues nada, estimados lectores, que en días recientes se ha manifestado la crisis política que viven los partidos políticos y que ha puesto en evidencia a más de un personaje. En mi anterior artículo titulado, Morena, maquinaria electoral o partido político, abordé la idea que el presidente de la república no es ajeno al desorden que vive el proceso electoral y que, en su tarea de separar el poder económico del poder político, mantiene en jaque a los ricachones de Sí por México y su brazo electoral llamado Va por México, por la vía de disminuir al PRI a través de las concerta-cesiones.

Tanto López Obrador como el ala conservadora buscan la mayoría en la cámara de diputados que es la pista central de la batalla electoral. Los segundos están dispuestos a arrebatar la mayoría al financiar a los candidatos a diputados federales y ganar hasta 13 de las 15 gubernaturas en juego. Mi pronóstico es que pasado el proceso electoral, López Obrador incrementará su fuerza política para consolidar en la segunda parte de su mandato la Cuarta Transformación. Su poder se asemejará a las presidencias imperiales sustentadas en el nacionalismo revolucionario del hegemónico PRI, donde la oposición era meramente testimonial.

Y si aceptamos que Morena es más grande que cualquier partido y que el partido de AMLO es México, podremos empezar a saber en dónde estamos parados. La táctica es simple: atraer al contrario por un objetivo mayor. Nada nuevo, pues en 2018 López Obrador no dudó en sumar a Manuel Espino y Germán Martínez, ex presidentes nacionales del PAN, a Gabriela Cuevas, Tatiana Clouthier y Lily Téllez, unos fueron ave de paso, útiles para conseguir un objetivo, otros se quedaron.

Hasta en los juegos de canicas, procurábamos perder las más cascadas y picadas. En la negociación política pasa igual y terminan por entregarse las menos vistosas para ganarle al adversario sus mejores pertenencias, de ser posible hasta bajarles su mejor prototipo y dejarlos sin nada. En un tablero de ajedrez se atraen las piezas importantes del adversario, ponen de cebo una de menor o igual valor que signifique conseguir el ansiado jaque mate. Para resguardar la imagen presidencial se tiene que echar mano de un patiño que juegue el papel del payaso de las cachetadas o del pastelazo para recibir todo tipo de reclamo. Tal personaje es el que encarna Mario Martín Delgado.

Las ofensas, diatribas, agresiones y demás, son recibidas por el líder de Morena, sin inmutarse, su tarea es operar para lograr la mayoría en la cámara de diputados. Antes lo hizo para lograr crecer la bancada, al tener mayoría simple y sacar adelante la agenda dela 4T. Si muchos creen que Delgado tiene el poder personalísimo para hacer y deshacer, entonces cumple su papel: vendió la imagen y se la comieron toda (sin albur). Para empezar, Delgado está solo en el comité nacional, pues de 13, sólo cuenta con su sombra. Casi no tiene nada en el Consejo Nacional y en el Comité Nacional de Elecciones, ya que la secretaria, Citlalli Hernández, es del equipo contrario, identificada con Martí Batres, Claudia Sheinbaum y Bertha Luján. Alejandro Peña es el suplente en el senado del todo poderoso Gabriel García, mandamás en la Secretaría del Bienestar, que será el influyente instrumento electoral y quien se hará cargo de repartir los dineros a los candidatos. Los restantes, Carlos Evangelista, cercano también a Gabriel García y reconocido opositor a Yeidckol Polevnsky y la

guerrerense Esther Araceli Gómez, ha sido servidora de la nación y su cónyuge es subdelegado del bienestar. ¿Podría Mario Delgado pasar sobre los 4 comisionados nacionales? Todos juegan el papel de distractores para dar largas a las quejas de la militancia que los busca encorajinada por “lo que hace Mario Delgado”.

Cumplir con la tarea encomendada por el presidente de la república (“que no se mete en la vida interna del partido”) los podrá posicionar para el 2024. A Mario Delgado, porque su jefe político, Marcelo Ebrard, podría hacer “el uno dos” con AMLO como ya sucedió en el entonces Distrito Federal y al resto porque Gabriel García podría sumar mayorías en todo el país, que le hicieran viable desbancar al hoy canciller. El ejemplo está muy claro en San Luis Potosí. Los distintos actores políticos lo entienden y actúan en consecuencia, pierden todo decoro y llegan a extremos vergonzantes. Brincan de un lado a otro sin el menor rubor porque saben que pueden maniobrar de la manera más impúdica, siempre y cuando no pongan en riesgo la 4T, que es garantizar al presidente las más posibles de las 7 curules en disputa.

No se ve difícil pues el PAN se ha desfondado con un Octavio Pedroza que irá acompañado sólo de su ex empleado policíaco, Enrique Galindo Ceballos, derivado de la maniobra de López Obrador para minar a “Sí por San Luis”, al atraer figuras que terminarán por desbarrancarlos. Y los patiños locales hacen desfiguro y medio, se justifican al decir que los otros son peores, aunque todos dicen defender las tesis del presidente. Hay peces pequeños y verdaderos tiburones en el ya pestilente escenario. Entre los menores destaca el secretario del partido, el defeño Moisés Cedillo, quien en sus devaneos se lleva de corbata a jóvenes que merecerían mejor suerte. El sujeto parece una larva de nigua, un audaz oportunista que empezó buscando a Esteban Moctezuma, al que manifestó su apoyo para la gubernatura. Después se lanzó a los brazos del mejor posicionado en las encuestas, Primo Dothé Mata. Luego de manera abrupta apareció como impulsor de Adrián Esper, quien seguro sufrió alguna merma económica ante la cercanía de Cedillo. Al final, no tiene reparo en ser de los primeros en ponerse junto a Mónica Liliana Rangel. En el circo, encontraría acomodo como trapecista maromero.

No muy atrás aparece “el camarada” y “comandante”, Octavio García Rivas, quien dijo buscar la gubernatura trepado en una bicicleta. Ofreció en garantía el ser pobre y de abajo. Frente a la entonces probable injerencia del diputado federal Ricardo Gallardo, alardeó haber dado una lección de dignidad política a la dirigencia, al rechazar al ex edil de Soledad, y que apoyaría con todo a la compañera que surgiera de Morena, de las que se registraron a la par y exigía al gobernador Juan Manuel Carreras, sacar las manos del proceso. A la secretaria de salud, Mónica Liliana Rangel, le espetó: “si tiene un poquito de dignidad, vergüenza y decoro político, no debería aspirar siquiera a ser candidata de un proyecto contrario a lo que representa”. Una reportera le preguntó al “comandante” García, si iba a apoyar a Rangel. Categórico dijo que podría reaccionar de manera violenta, ya que “representa a la corrupción de la élite plutocrática que se ha enriquecido en el estado, los últimos 60, 70 años. Y del cuatrienio de Horacio Sánchez hacia adelante, en particular”. Lo aplaudió el litigante Marco Antonio Coca Manzanares. Y del discurso de defender con todo lo que estuviera a su alcance en lo legal, político y moral, a Morena, sin el mínimo rubor posó al lado de la impresentable Mónica Rangel en el auditorio del Sindicato de Trabajadores de la Salud.

Si hubiera un monumento a la impudicia y simulación, se lo lleva el poco edificante notario Leonel Serrato. En 1993 aparecía registrado por el Nava Partido Político como número uno en la lista de plurinominales. Los resultados le otorgaban una curul. Sin embargo, al sostener que hubo fraude electoral para favorecer a Horacio Sánchez Unzueta, se tomó el

acuerdo de no aceptar el cargo, lo que iba a legitimar los oscuros comicios. A Serrato no le gustó lo decidido. La número 2, Luz María Anaya, también se negó. Conforme a la ley, pasaron al 3 y 4, que eran José Manuel Herrán y Jesús Juárez Portillo, con igual rechazo. Hasta que llegaron al 5, Juan Raúl Acosta, quien dijo “de aquí soy” y se quedó con el regalito por los 4 años que duró la legislatura ante el berrinche del número uno. Antes de salir Horacio Sánchez Unzueta, le entregó una notaría al veleidoso Serrato. Bajo su sombra se desempeñó como representante ante el consejo electoral de la candidata a diputada local por el Partido Verde, Beatriz Benavente, en las elecciones de 2009. Luego pasó a ser fugaz consejero jurídico del gobernador priista, Fernando Toranzo. Aseguró que volvería a darle el voto.

Reaparece para firmar el “Acuerdo Político de Unidad” impulsado por AMLO y signado frente al Teatro de la Paz, donde también se convocó a la sindicalista Francisca Reséndiz y al ex alcalde de Tanlajás, Domingo Rodríguez Martel. Ácido crítico del ex diputado local, Jesús Cardona Mireles, le devuelve las cortesías. Estableció no saber el interés de Serrato por acercarse a Morena, cuando hizo públicos sus desacuerdos en cómo se manejan al interior del partido los procesos de elección. Otro militante, Jair Santos, reclamó al notario, haber sido enemigo de las protestas contra la reforma energética. Antes de hacer equipo con el delegado federal, Gabino Morales, fue nombrado candidato a la presidencia municipal por Morena, donde se fue hasta el tercer lugar. Le abrió brecha al sobrino político de Horacio Sánchez Unzueta, el edil, Xavier Nava. Para que el PRI no estorbara, designaron a una candidata no competitiva, que se fue hasta el cuarto lugar.

Ahora reaparece Horacio Sánchez Unzueta para no quedar fuera de la jugada. Es sabido que el ascenso de la familia Gallardo es tutelado desde 2006 por Sánchez Unzueta, para arrebatarle Soledad a los políticos locales que desbancaron a los priistas bajo partidos diferentes al tricolor. Cuando los Gallardo quisieron volar con sus propias alas, atravesó a su sobrino. Crítico de los procesos internos de Morena, Serrato no puede llamarse a engaño. Usa un discurso falaz como protesta, porque una priista será candidata a la gubernatura. Decide irse al Verde, para defender a Morena, de la que asegura, no renuncia. El caradura habla de no irse de donde nunca ha estado: no es consejero nacional o estatal, no es miembro del comité y tampoco está afiliado al padrón. El quiebre de Leonel Serrato para acercarse a Gallardo Cardona puede tener dos destinos manejados por Horacio Sánchez. Uno, asegurarse la gubernatura y la presidencia municipal con dos alfiles: Gallardo y el notario. El otro es más truculento y tendría que ver con repetir la receta del 2018, para dejar el paso a Xavier Nava y traicionar a Gallardo, para asegurar el gane de la transformista Mónica Liliana Rangel. Sánchez juega a ganar-ganar.

El asunto es conservar su influencia al saber que a AMLO, a cambio de la mayoría en el congreso, deja al libre juego la elección local con la engañosa premisa de que “el pueblo es sabio”. Si Horacio Sánchez hubiera sido desplazado por el veleidoso gobernador Carreras, la apuesta del primero es con Gallardo y Serrato. Si Carreras sigue cercano a Horacio Sánchez, le dará una puñalada traicionera a Gallardo Cardona. La suma de Serrato a Gallardo, seguido por el inmoral aparato de los “Defensores de la Patria”, (muchos feroces anti Gallardo) y de los legisladores identificados con Gabino Morales, como Angélica Mendoza y el vallense Édson Quintanar, como algunos regidores, puede significar una alianza entre el todo poderoso secretario del bienestar, Gabriel García, con el taimado Sánchez Unzueta. Mientras la militancia de a pie sufre las de Caín, distraída con la piñata llamada Mario Martín Delgado Carrillo. ¿Qué opina el votante? Ignora las intrigas palaciegas, podrá decir que “todos son iguales” y votar mientras reza un “Ave María, dame puntería”. Yo no sufro. Nadie me obliga a estar en un partido. Cualquiera se pasa por el arco del triunfo principios y valores.

Votaré por quien considero una mejor opción, esté o no en la boleta electoral. Bueno, no estarán, a mucha honra. Si alguien me pregunta, contesto, para la gubernatura, “YoConPrimoDothé, desde antes y hasta el final. Para la presidencia municipal, estamparía con mi plumón un definitivo Agustín de la Rosa Charcas. Total, el pueblo es sabio.

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