Lucifer se hinca ante el perdón, con tal de abandonar la oscuridad

14 octubre, 201911:23 pmAutor: La NoticiaDestacada Opinion

El poeta y escritor, Héctor Adolfo Esquer Quiñones, autor del libro, Las tentaciones de Lucifer, plantea que el demonio, durante siglos, anhela con vehemencia abandonar la oscuridad para regresar a la luz salvadora, de dónde lo alejó el gran creador del universo. En su afán desesperado por ser como antes, está dispuesto a arrodillarse. Expone que el cristianismo, que tiene como médula el perdón, no debe hacer excepciones. Pero la iglesia, inmersa en la doble moral y los intereses mezquinos, jamás permitiría que sus seguidores clamen a Dios levantarle el castigo al sempiterno apóstata. Equivaldría a que los líderes de secuestradores y narcos, de pronto dijeran a sus huestes que deben enderezar el camino y alejarse de las prácticas criminales. Esquer plantea que infundir el miedo a los demás sobre la naturaleza de Satanás, ha rendido frutos a la elite eclesiástica. Plantea que es mayor la maldad de los hombres que espanta al mismo demonio. Vehemente, respetuoso de los esquemas morales y cristianos, Esquer niega ser un hereje o cismático. Al contrario, no deja de sorprenderse en los constantes milagros cotidianos, como mirar un amanecer, la magnitud y belleza de una flor, lo perfecto del cuerpo humano con sus funciones intelectivas.

Hace 8 años Esquer dio a conocer su polémica obra, gracias al respaldo del ex director de Nuevas Tecnologías en el museo del ferrocarril, Juan Martín Cárdenas. Le hizo el diseño y consiguió el financiamiento de la Secretaría de Cultura. “Fue un proyecto largo, dividido en tres partes. Me causó una sensación muy extraña. Tenía el objetivo de escribir, aunque no era clara la naturaleza del personaje. Se trata de las tentaciones de Lucifer. Lo antecede una serie de costumbres que uno critica en el trayecto de la vida. El escritor Giovanni Papini, en su libro El Diablo, nos dice lo equivocados que estamos cuando se nos enseña a odiarlo, pero es el que necesita amor. Es una obra de teatro maravillosa. En radio lo han teatralizado. Su postura es que debemos aprender a amar a quien lo necesita. Pero no hacer sus obras. Es decir, no se puede combatir el odio con el odio, el mal con el mal. Es la tesis de autor italiano. Amar al que se odia, corresponderle en términos cristianos con comprensión, generosidad, hacer todo lo contrario a lo que es la venganza, al ojo por ojo y diente por diente. Al Diablo o Lucifer debemos amarlo, para que no se incremente el odio en el mundo”.

“El escritor francés, Charles Baudelaire, llamado el poeta maldito, planteó que la estrategia o astucia del Diablo nos hace que amemos a Dios, pero hacemos todo lo contrario a lo que nos dice. En cambio hace que odiemos al Diablo y ejecutemos sus obras. Se trata de desenmascarar la doble moral, que incluso vemos en el seno de la propia iglesia, sobre todo en el catolicismo. Aunque en todas las religiones y sectas comparten el mismo pan podrido de la hipocresía. Hay una salvedad, conocí a una persona cristiana a más no poder, capaz de quitarse la comida de la boca, el dinero de su bolsa para ayudar a los necesitados. Me quedé muy sorprendido, en paz descansa la noble amiga. Era bastante apegada a lo que Cristo decía. Las diversas lecturas o influencias me llevaron a concluir que la rebelión de Lucifer fue ocasionada por una serie de circunstancias. Lo acusan de soberbio, de querer igualarse al padre celestial, quien lo creó. Sin embargo, creo que es una cuestión real, en términos de que existen tales entidades. No lo voy a negar, hay un mal entre nosotros. Como dicen muchos actores, utilizamos al Diablo para lucrar con su figura, sobre todo en la iglesia, para meter miedo. Sin embargo, no se modifica la parte negativa de lo que llamamos maldad. Una prueba es que hay sacerdotes pederastas en casi todas los conventos. Hace poco fue acusado de abuso sexual el ministro protestante, Nassón Joaquín García, líder de la iglesia La Luz del Mundo”.

“Cuando sale el libro Las tentaciones de Lucifer, como poeta, muchas veces no es claro lo que se escribe. Planteo de manera simbólica, una serie de posturas ideológicas sobre Luz Bella o Luz Bel. El principal sufrimiento de Lucifer, fue sublevarse a Dios. En el libro El Paraíso, de John Milton, maravilloso, aunque es ficción, se basa en lo que sucede. Habla de la maldad asumida por el hombre, pero también el hombre culpa de su propia maldad a las entidades diabólicas o satánicas. Sostengo que Lucifer tiene muchos milenios en el olvido, por lo que siente la necesidad de regresar a la luz. Extraña el amor del gran padre celestial que lo creó. Si seguimos la historia como la han contado, siente la necesidad de poner las rodillas en el suelo, agachar la cabeza y pedir perdón como una forma de madurez y reconciliación. El hijo malo, la oveja negra, vuelve al padre y madre. El hijo prodigo regresa después de haberse gastado el dinero, pecado, ¿por qué no lo haría Lucifer si es alguien con sentimientos, emociones, ideología? El afán de querer reintegrarse le provoca sufrimiento. ¿Quién no quiere ser perdonado?, retornar a pedir piedad, compasión de la persona a la que herimos por ignorancia, petulancia, soberbia, inconciencia”.

“Es la misma tentación que aparece en el libro de poesía sobre Lucifer, pero no es fácil, hay demasiados intereses. Imagínate que un narco le diga a sus allegados: oigan, vamos a volvernos a la luz, dejemos de violentar, secuestrar, asesinar y pudrir a la gente con las drogas. No lo van a permitir. En el libro planteo que el principal sufrimiento de Lucifer es querer regresar a la luz. Todos quieren salir de la oscuridad, a nadie le gusta. Buscamos la claridad de recibir el perdón, ser más humanos dentro de nuestra propia circunstancia existencial. Se requiere mucha inconciencia, inmadurez, ignorancia para que un individuo, por más que haga daño a los demás, no se da cuenta que un día, le dan una oportunidad. No puede ignorar la alternativa de ir a un proceso de evolución de sí mismo, a menos que esté podrido. Las circunstancias nos confrontan. Es lo que pasa con mucha gente que hizo daño y después pide que busquen a quienes afectó para pedirles una disculpa, como mínimo. A Lucifer lo miro como una entidad humana”.

“La primera parte del libro es el planteamiento de su propia soledad, circunstancia psicológica. Como alma luciferina, está consciente de cometer una serie de errores, como declarar la guerra a quien lo creó. Es entrar en un diálogo interno, hacer una introspección. La segunda parte es atreverse a compartir con los demás la posibilidad de que vamos a reconsiderar, reparar, ofrecer que seamos luz de nuevo. Dios no se lo negaría si es sincero. La tercera parte es como decir: si alguien se portas mal, lo vamos a crucificar otra vez, ya que existen muchos intereses creados. Si el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump dice, amemos a los mexicanos, ayudémoslos, nos han enriquecido en lo económico, lo quitan rápido. Se crean una serie de  situaciones similares a las de Lucifer y no puede salir tan fácil. ¿Cuál es la manera? A través del sacrificio, alguien tiene que hacerlo. Se busca reparar la soberbia, el orgullo. Es la única salida. Es como termina el libro, con otros términos, porque es poesía”.

“Creo que desde siempre, el diablo tiene miedo de nosotros. Somos más capaces de cometer una serie de bajezas, pero nos justificamos en que es un incitador. Evadimos nuestra responsabilidad de permanecer malos, en lugar de aceptarlo por varias razones. A un escritor norteamericano que ha publicado una serie de libros sobre psicopatía, le pidieron que hiciera un libro accesible, que alertara a los demás, de que vivimos en una sociedad violenta en todos los niveles. Hemos perdido la empatía, lo que Cristo dijo, la capacidad de sentir lo que el otro sufre, con necesidades. Nos falta ponernos en los zapatos de los demás, pedir auxilio, necesitamos nos comprendan. Vivimos en plena crisis, en todos los niveles, en el hogar, escuelas, iglesias. Ya no nos duele el hambre del otro, salvo honrosas excepciones. Lucifer no se la pasa con el odio encima, no busca hacerse daño. Hay una serie de triquiñuelas que se inventan. No niego que existan los misterios, las figuras demoniacas. se ha demostrado que hay muchos casos, mientras no se compruebe que es un asunto del cerebro desperfecto”.

“Somos malos, lo decía Cristo: ustedes siendo malos, son nobles con sus hijos. Imagina al padre celestial, lo que nos dará. En una parte del evangelio, una mujer le dice, oye bueno, se voltea molesto y le reclama. Le aclara que bueno es solo el padre que está en el cielo. Si Cristo no se consideraba bueno, ¿qué nos queda a los demás?. Nos invita a cuestionar el orgullo, soberbia, niveles de bajezas que cada uno conoce. Dejar de ser materialistas, lujuriosos, mentirosos, empezar a crecer cuando lo enfrentan. Como decía San Agustín, soy bueno porque se de lo que soy capaz si soy malo. Supo que tenía un grado de oscuridad muy fuerte. La diferencia es que lo controlaba, lo educaba, buscó hacer el bien. Las tentaciones de Lucifer son las mismas de nosotros mismos. No es agradable con tantos malos actos que cometemos. Llegará el momento en que daremos cuentas de nosotros mismos y nos condenen o salvemos. Estamos en el último respiro que nos permiten los misterios. Lucifer tiene que desarrollarse, madurar y crecer. No siempre puede ser el malo por la eternidad. Dios también cambia con el desarrollo de los tiempos. Envió a su hijo para que modificara el testamento, una serie de actitudes humanas que eran  inconvenientes, como lapidar al adúltero, odiar al que nos hace daño. Decía ámalo, ponle la otra mejilla. Se lo digo a muchos creyentes católicos y se molestan. ¿Dónde está la capacidad para iluminarse? ¿Si alguien hace algo malo es culpa del Diablo? No es cierto. Tal vez tenga una injerencia, si le damos permiso, sin el libre albedrío”.

“Muchas veces las religiones son como la historia institucional, la cuentan como les conviene y  utilizan a las entidades. A los niños deberían enseñarles amar al Diablo, pero no hacer sus obras. Tendríamos infantes más evolucionados en lo espiritual. Si sentimos odio, hay que amar. Si quieren venganza, ser piadosos. Si cargan rencor, reconciliarnos. Envidia, admira la que tiene mayor capacidad. Hacer lo contrario. Dios es amor absoluto. ¡Quién necesita amor?, el Diablo. Sus circunstancias lo pusieron donde está. Amarlo y quererlo, no significa que unírsele. Al contrario, lo amo como entidad humana, pero no lo justifico. Te comprendo, pero no me uno a ti con obras destructivas, como las que haces. Vamos a misa, nos arrepentimos, damos limosnas y salimos a hacer lo que nos arrepentimos o peor. Conozco gente religiosa, de hueso colorado. Pero en la práctica son viles. No dejan todo lo que nos destruye, como la doble moral. Se persignan, pero alguien se les cruza en la calle y le gritan pendejo u otras ofensas. No respetan el templo de los demás. ¿Dónde está la reconciliación de la fe, unida a la congruencia del amor?”.

“El Diablo no necesita ser defendido, solo reclama amor. Si se lo damos, todo cambiaría. Lo ayudamos aunque se niegue. ¿Cuánta gente roba, se droga y le dan varias oportunidades de corregirse y sigue igual?. A Cristo en los evangelios lo trataron de demonio, que estaba poseído. Los sacerdotes interesados que dominaban en Judea el poder  religioso, manipulaban a la gente, como lo haría después la inquisición. Manejan el discurso que les conviene. El filósofo alemán, Federico Nietzche dijo que en la figura de San Francisco, Cristo había regresado por segunda vez a morir en la cruz. Son conceptos tremendos. Se trata de asimilar los procesos históricos aplicados al pensamiento propio, espíritu, conciencia y desarrollo. Tenemos que entrar en una especie de crisis, confrontarnos. No quiero tibios, decía Jehová, porque se dominan. Ahora se maneja que cierta psicopatía se relaciona a alguna deficiencia genética o mal formación cerebral. Es por lo que el  psicópata no puede ser tomado como una persona criminal, porque no sabe lo que hace. Es de cuestionarse. Sabemos lo que hacemos, en la inmensa mayoría, hay conciencia de lo que ejecuta. Puede haber ciertas circunstancias genéticas o de alguna gran inconciencia psicológica. Pero hay personas que al madurar y confrontarse consigo mismas, deciden dejar de hacer el daño y se vuelven  más humanas y caritativas. Hubo santos que eran detestables en una época de su vida  y salen después a crear la claridad más perfectible de si mismos. Hay lo contrario, gente noble que se hacen verdugos y dictadores, según las circunstancias que tienen. No es algo demoniaco”.

“Dios se vale del mal para hacer el bien, es algo muy hermoso. Las situaciones nos inducen a hacer lo malo. Si alguien tiene una forma de vida digna, con lujos, pero lleno de deudas, llega un tiempo en que lo acorralan. Se confrontan con su libre albedrío. Llega un narco y lo tienta, que le dará dinero, pero que le resuelva algunos asuntos. ¿Qué decide, dónde está el mal? Las cuestiones económicas lo ponen en crisis. ¿Dónde está el demonio? El sujeto acepta para sobrevivir. Cuánta gente quiere ser el magnate Carlos Slim. Se imaginan que tiene una vida fácil. No existe nada sencillo. Ni la de una hormiga, ácaro, ni la de Slim. Como hemos perdido la empatía, lo único que tenemos son las frustraciones. En lugar de amar lo que somos o tenemos, queremos lo del otro. Es lo que nos lleva a caer en actos negativos”.

“Nunca he encontrado un escrito donde hable directo Lucifer, cuente su historia y diga el por qué se desvió. Se sabe lo que narra la historia, pero no dicen su propia versión. Lo mismo pasa con Cristo, hablan de lo que dijo. No dudo que haya un libro donde Lucifer exponga su caso y circunstancias. En lugar de agradecer lo que tenía, que era demasiado, cometió un grave error. Es lo que sucede con la humanidad. Debemos valorar el instante, no añorar lo que no ha sucedido. Si trazamos un paralelo con nosotros mismos y somos conscientes de la perfectibilidad que tenemos, de lo valiosos que somos, ¿para qué voy a requerir lo de los demás, si ya tengo lo más valioso, que es mi propia existencia, vida, pensamiento, corazón?. No necesito ser alguien famoso, millonario, andar en el lujo. A otros les tocó, cada quien sabrá cuidar lo que tiene. Cuánta gente hay enferma que muere, se queda sin trabajo, pasan situaciones amorosas terribles, niños enfermos, animales en manos de la tortura del hombre”.

“Tenemos una vida propia. Todos cargamos problemas en la vida, debemos aceptar lo que somos. Nuestro paso por la tierra es buscar la sabiduría, la perfectibilidad, la propia iluminación. No somos títeres de dios, que nos hizo humanos. Si fuéramos perfectos, no sabemos lo que es el dolor, la necesidad. Si el sufrimiento no lo convertimos en polen, en miel, nos jodimos. Hay situaciones en las que Dios no está y otras en las que nosotros hemos creado miseria, esclavitud, dolor, pero también la belleza. La busca de lo perfectible es la función que tenemos, pero en base a ser humanos. Todo a partir del dolor, porque es el maestro del hombre. Es como aprendemos a madurar y crecer. Hay que separar el dolor que Dios manda y el que el hombre provoca. Dios no envía a un hombre a violar una niña. O que una mujer mate a su hija a golpes. Genera un dolor que nos ayuda a ser perfectibles”.

“Con el libre albedrío que tenemos, creamos otro tipo de dolor, el innecesario. El de Dios es útil, ya que crea la alternativa de humanizarnos. El que nosotros producimos, genera destrucción. El hombre pide milagros para tener una prueba de que Dios existe. No miran que estamos llenos de milagros, razonamos, nos alimentamos, tenemos un cuerpo con una serie de funciones. Traer un bebé al mundo. Hemos perdido de vista lo que es el verdadero milagro. Es lo que buscaba Lucifer, hasta que se dio cuenta que tenia todos los del mundo, pero los desdeñó al rebelarse. El sustento de las tentaciones de Lucifer es el que se confronta consigo mismo. Es el nivel de ser Dios o Lucifer. Con el libre albedrío, uno está en medio y decide”.

“Dios nos da todo sin ninguna condicionante o intermediario. Lucifer pone trabas. El libro es una utopía. Si podemos, hay que darle a los demás, sin pedir nada a cambio. El miedo se ha utilizado para devaluar la figura de Satanás, no tengo dudas de que existan entidades demoniacas, fantasmas, no las niego, sólo por no verlas. Es más fácil manipular desde el miedo. El Diablo también tiene temor de dejar de ser lo que es, soberbio, envidioso. Es su naturaleza. Toda persona teme perder algo de lo que ya está acostumbrado, lo que lo define. Aterroriza el cambio. Todos estamos poseídos, tenemos una parte de maldad, envidia, avaricia, mentira, lujuria. El Diablo no necesita andar atrás de nadie. Al contrario, hay gente que lo busca. Lucifer no se fija en cualquier alma. Busca y molesta cuando nota que se convierten en almas nobles. Santa Teresa de Ávila decía que el Diablo le ofrecía todo lo que quisiera. Le contestó que su corazón y pensamiento eran para Dios. La mierda que ahora trago es para ti”.

“El Diablo no busca tipejos o almas perdidas, de asesinos, violadores, que ya están podridos. En todo hay niveles y se interesa por las almas que valen la pena quitarle a Dios. El infierno más terrible es no verte a ti mismo, vivir como un muerto en vida. No creo que el no mirar a Dios sea un infierno. Está en todos lados, hasta en lo mínimo. Lo vemos todo el día, pero no nos observamos a nosotros mismos. No queremos darnos cuenta que algo no nos gustará. Hemos creado una religión  imperfecta, donde existen pederastas. El dolor que manda Dios tiene una utilidad. El dolor que el ser humano crea tiene como destino la corrupción. Para perdonar, hay que hacerlo primero con nosotros. No sabemos hacerlo. Si alguien ha sufrido humillaciones, cuando crece, va a reproducir la misma forma y será igual o peor que los hijos. Pero se puede perdonar, decir que no tiene la culpa y ser mejor. El Diablo como entidad que siente y razona, también necesita amor. Todos buscan ser amados. Quiere recibir el perdón, volver a la luz. Mientras sigamos alimentándolo, nunca cambiará. Se requiere que millones de personas lo reivindiquen. Sería un avance, una gran caridad. Si lo hacen, estaría dispuesto a no generar más daño”.

“Todos hemos visto hombres malos que si les aplican una psicología inversa, reaccionan, ablandan su espíritu, porque no se les pagó con odio ni resentimiento, fue con amor. Y comienzan a ser distintos. La práctica que tengo es el respeto a todo lo que me rodea. Mi libro es poesía. Las religiones tienen que cambiar sus rituales, el tiempo, la sociedad, les pide ser más productivos, donde la gente, a través de procedimientos didácticos, pueda criticar. El hecho de que al padre no se le pueda cuestionar en el ritual de la misa, ha hecho mucho daño. Ya no deben prevalecer tradiciones dogmáticas, costumbres por imposición. Los apóstoles dudaban de cristo. En el actual milenio sería maravilloso que la iglesia cambie sus esquemas, donde el hombre sea más humano, más libre. Los sacerdotes se han vuelto aburridos, tediosos. La gente les huye”.

“El error de nosotros es no captar el sacrificio de Cristo y convertirlo en humanidad, ser mejores personas. Lo hemos adecuado a nuestro interés, con grandes líderes que hemos usado a conveniencia, no para hacer transformaciones. Cristo siempre quiso que pusiéramos por delante nuestra inteligencia emocional antes que la inteligencia intelectiva, cerebral. Nunca hemos entendido que es más importante la emocional. El sacrificio no fue en vano, mucha gente ha cambiado. El plan final de nosotros es que estamos a 50 años de destruir el planeta y acabar con nuestra existencia. Modificamos la inteligencia emocional. Hay que hacer a un lado el dinero, oro, riquezas. El plan es destruirnos o aportar algo al proceso evolutivo. Buscar la sabiduría como lo dijo el rey Salomón. El mismo Dios cambió cuando vino a salvarnos. Es lógico, todo se modifica, avanza. La demonología no es una cuestión de quienes se dicen satánicos”.

“Es un principio básico que está en cada ser humano. Cuando un padre golpea a un hijo, está presente la demonología. Pero los demonios no andan atrás de las personas para que hagan el mal, tenemos el libre albedrío. Las entidades andan en sus asuntos, buscan almas puras, no podridas. Le quitan fieles y almas a Dios. Con nuestros actos, nos podemos ubicar en un lado u otro. Los demonios no quieren títeres, buscan gentes convencidas. Nosotros mismos decidimos hacer el bien o mal. No necesito amar a los demás, pero si a mi persona. Uno tiene que lograr el amor de Dios. Uno se gana el amor de las personas que nos rodean. No por saber que es nuestro padre o madre el amor se consigue. No debemos imaginar que Dios nos ama porque existimos. Hay que luchar en la vida para que Dios me ame, ganarme su amor. Si hago lo que Lucifer quiere, no tendré el amor de Dios. Si amo a Lucifer pero no hago sus obras, tal vez Dios me mire con simpatía. El evangelio dice que Dios se alegra cuando un malo cambia, más que cuando un bueno cambia. Somos víctimas de todo, pero tenemos el libre albedrío. Los exorcismos no los veo en el sentido de que una entidad demoniaca posee a una persona. No lo niego, pero tampoco lo creo”.

“Necesitamos purificarnos en forma constante, luchar contra todas nuestras debilidades. Cada uno sabe los niveles de maldad a los que podemos llegar. Muchas veces no nos queremos ver a sí mismos. Hay que educar la maldad. No dejar que las circunstancias nos cambien. Hay que saber de dónde venimos y vamos. El alma irá según se cultive la conciencia. Nadie se la disputa. La obligación de cada uno es ser la mejor persona. El cristianismo, que se fundamenta en el perdón, puede salvar a Lucifer, llevarlo a la luz. Lo demás se ha escrito por un interés institucionalizado, ideológico o político. Cristo siempre dijo ama a tu enemigo, reza por el que te hace daño. Nuestra parte oscura es la que nos afecta. Dios nunca le dijo al Diablo, te odio, te detesto. Solo lo apartó. La obligación del cristianismo es salvar a Lucifer. ¿Cómo?, despojándonos a nosotros de la maldad. Pero se hace todo lo contrario, se vuelven ricos, violan, mienten. Lucifer quiere la reconciliación pero las iglesias no se lo permiten, desde niños lo odian. La pregunta es: ¿quiere que lo salven?, sí y que lo lleven a la luz”.

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