El prolongado receso pandémico

10 noviembre, 202011:21 pmAutor: José Enrique González RuizOpinion

 

Pues sigue aquí, causando conflicto por todas partes, el ya histórico coronavirus. Lo que fue una sencilla cuarentena, es ahora una doscientosena que amenaza prolongarse durante todo el 2020 y más allá. Los aprendizajes han sido de gran trascendencia. En materia política, vimos una espectacular maniobra de Donald Trump, quien dijo haber sido alcanzado por el virus coronado, cuando antes lo menospreció. Lo minimizo cuanto pudo y se negó a usar cubrebocas, como una muestra de su “fortaleza”. Las televisoras más potentes del mundo lo filmaron cuando se dirigía al hospital, en medio de un vistoso despliegue militar, para “recibir tratamiento”.

A los dos o tres días se volvió a presentar ante los medios, diciéndose “vencedor” de la plaga. Gran parte de los espectadores sospechamos que se trató de una mera maniobra electoral, dadas las escasas posibilidades de reelección que las estadísticas dan al actual mandatario. En el tema de salud pública, somos testigos del enorme desgaste de las políticas de los gobiernos, incluyendo el mexicano, ante la pandemia. Tuvieron el desacierto de fijar fecha de término del aislamiento y número probable de fallecidos y la realidad los desbordó de forma considerable. Los muertos sobrepasaron ya la cifra de un millón a nivel mundial y en el país van más de 70 mil.

El error ha sido muy bien aprovechado por los opositores, quienes se dan el lujo de responsabilizar de las muertes a los funcionarios del sector salud, donde figura el que había ganado más prestigio, el doctor Hugo López Gatell. Olvidaron la regla de la política conforme a la cual quien habla más, yerra más. La tarea educativa se va dando con tropiezos, pero en general de forma acertada. Las clases virtuales no resultaron ser el monstruo que nos vaticinaron y conforme avanza los días, nos habituamos. Ahora usamos de mejor forma los aparatos electrónicos y confiamos en que los resultados serán favorables.

En el ámbito de la sociabilidad, estamos aprendiendo a convivir solo con los más cercanos. Los niños registrarán en su memoria la etapa en la que no convivieron con sus iguales, solo con adultos. El regreso a clases presenciales será difícil, pero esperamos que su enorme adaptabilidad los saque adelante. En lo biológico, los menores se han conservado, pues se comprobó que son menos vulnerables al contagio. Además, están recibiendo una atención especializada, de mayores dimensiones que la ordinaria. Se comprueba que son el tesoro de la familia, los resguardamos de forma única. En lo comunicacional, hemos recibido una cantidad de datos que van más allá de nuestras posibilidades de análisis.

Pero desarrollamos la aptitud de seleccionarla y valorarla en forma adecuada, desde nuestra perspectiva, para que nos sea útil. La cantidad de notas que nos llegan por Internet no consigue confundirnos al grado de que abandonemos lo esencial de la resistencia al virus. Y en el terreno artístico, para cerrar el comentario, diremos que se han creado composiciones musicales muy bellas para enfrentar la crisis. El miedo y los demás sentimientos que desata el encierro aumentaron la sensibilidad y por eso podemos disfrutar de melodías y canciones muy estimables. Seguiremos guardados otro rato largo. Aprovechémoslo para nutrir nuestro intelecto y servir mejor a nuestros semejantes. Posdata. Nos llegan cenizas del Popocatépetl. Es muy emocionante.

 

                            En Morelos, la naturaleza ratifica su bravura

 

Comenzó a soplar el aire en la madrugada y dejó de hacerlo ya entrada la mañana. Sus bufidos fueron atemorizantes y sus efectos de diverso tipo. En lo positivo, las calles amanecieron esplendorosamente barridas, mientras que en lo negativo “volaron” grandes objetos que se encontraban mal puestos, como ramas de árboles vetustos y trozos de cartón. Conozco los fuertes aires que al inicio de año hacen en San Luis Potosí, “febrero loco y marzo otro poco”, pero no hay comparación. Acá sí se llega a tener miedo de que el viento nos levante y luego azote contra el suelo, sobre cuando uno sale y vemos los cables de electricidad, que se bambolean con violencia.

También en lo rescatable, las siluetas de Ixtaccíhuatl y Popocatépetl están claramente dibujadas. Las aguas también han caído con fuerza, al grado que hemos visto convertidas en ríos las calles principales. Se hicieron acompañar de una onda fría, de modo que la temperatura bajó casi a extremos invernales. En las idas y venidas a México, somos testigos de las diferencias de los estragos del coronavirus. En ambos sitios es pernicioso, pero mientras en la Gran Capital se nota el miedo que causa entre la gente (disminución del movimiento, ausencia de actos públicos, distanciamiento entre las personas), en la región de Zapata la vida es casi normal: solo se advierte un poco de disminución de las actividades comerciales.

En las cifras gubernamentales no hay señales de pronta salida. Si teníamos la esperanza de que a medio semestre se reanudaría la actividad presencial en las escuelas, hay que olvidarlo, pues ya dieron noticia de que será hasta enero del 2021 que volvamos a las aulas (y eso todavía sujeto a que haya semáforo verde). Así que mejor imaginemos, que seremos profesores por medios electrónicos y que nuestros únicos alumnos de carne y hueso serán nuestros hijos pequeños. La adaptación al modelo de enseñanza por internet es sencilla, pero latosa. Las maestras hacen grandes esfuerzos para estar comunicadas con los padres (la madre sobre todo) de sus estudiantes, mientras los alumnos aprenden a marchas forzadas.

El resultado es doble: unos días terminan la faena plenos de alegría, mientras otros la concluyen llenos de enojo porque hubo desacuerdos en la sesión. Es como se adquiere experiencia y producen mejores resultados cada día. Diremos que ahí la llevamos. Deleitándonos con la bravura de la naturaleza morelense, vivamos en plenitud la extraordinaria experiencia de ser docentes de nuestros hijos, sin dejarnos llevar por el impulso de tirar la toalla.

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