Un mandato lucrativo y errático

26 septiembre, 20229:16 pmAutor: Juan Pablo MorenoCapital Municipios Noticias Opinion

El gobernador Ricardo Gallardo rinde su primer informe de actividades envuelto en el escándalo de las obras millonarias sin licitar, caras y deficientes, como pasó en el bulevar Antonio Rocha Cordero, que arbitrario, ahora denomina Circuito Potosí. Con el respaldo del presidente Andrés Manuel López Obrador, se ha convertido en un incipiente cacique de horca y cuchillo. Maneja a su antojo al poder judicial y legislativo. Los diputados le temen y rinden pleitesía. Tiene como meta, controlar sin ambages, antes de concluir en 2022, los 58 alcaldes de la entidad, a los que quitará inexorable, el manejo del presupuesto, para dilapidarlo a su antojo. En el corto tiempo, puede quebrar a los comerciantes de tortillas, garrafones de agua, útiles escolares, uniformes, zapatos, mochilas, ya que se ha convertido en el proveedor número uno. La misma suerte tendrán los centenares de micros y pequeños contratistas a los que no los deja pegar un ladrillo. Su estilo de mando se sostiene en la pachanga, en el jolgorio constante con música grupera y narco corridos, donde corre la cerveza a raudales. Su intransigencia y nulo diálogo, lo pintan como un represor de sindicalistas, por lo que se ganó varias demandas ante la Organización Internacional del Trabajo. Narcisista, es proclive a las acciones mayúsculas, las que reflejan el tamaño de su ego. Como el fallido pino más grande de América Latina. Un Cristo gigante en la Joya Honda. La rueda de la fortuna sin parangones. Enemigo sistemático de la crítica y la transparencia, sin que nadie le exija cuentas claras, puede quedarse con el porcentaje que decida del techo financiero que supera los 50 mil millones de pesos. A un año de ganar con la sospecha del fraude encima, Gallardo no tiene un plan de gobierno definido. Sus escasos críticos sostienen que se mueve por instinto, con meras ocurrencias, como querer convertir a Pozos en el municipio número 59, cuando se trata de una zona semi rural. Aunque el secretario de seguridad, Gúzmar Ángel González Castillo es un militar condecorado y un hombre de batalla, está maniatado en el cargo, se oxidó. Por las componendas de su jefe, no ha realizado un combate frontal contra las pandillas criminales que azotan la entidad. Incluso, Gallardo, jocos, lamenta que le tiren en la casa los cadáveres de otras partes. O que los cárteles se detengan en una tienda de abarrotes de la huasteca para surtirse de víveres ya que andan de picnic. Para impedir manifestaciones donde le reclamen su errático desempeño, se esconde en el inaccesible centro de convenciones “El Bandido”. El acceso al palacio lo blindó con cerca metálica y una hilera de policías. Si Gallardo no endereza el barco, en las próximas elecciones intermedias, se llevará un palmo de narices con la mayoría de sus candidatos.

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