Seguro andaba de…

7 enero, 201910:08 pmAutor: Pam VelduCapital Noticias Opinion

El túnel que se encuentra debajo del puente que cruza la avenida Salvador Nava sobre la avenida Juárez, me parece uno de los más escalofriantes de la ciudad, no conozco muchos rincones alcantarillados, pero los accesos peatonales me resultan especialmente abrumadores, no se diga imaginarlos por la noche. Ni loca pasaría al oscurecer.

Correr para mí se ha vuelto una necesidad, no es que me encante demasiado, pero lo debo hacer por salud y bajar de peso. Mi opción por la zona donde vivo es realizar el ejercicio por los túneles o pasos llenos de grafiti, sombríos aun con los rayos del sol, con olor fétido a desechos humanos y con toda clase de rastros estupefacientes.

No puedo evitar tomar las llaves que guardo en la chamarra a manera de defensa personal justo al ingresar al área, todos me parecen sospechosos, ni siquiera a las pocas mujeres que deciden pasar les puedo tener confianza, así nos hemos acostumbrado muchas, a estar alerta todo el tiempo, aunque sea de día.

Ahora mi imaginación dio más vuelo, puedo ser muy creativa cuando me lo propongo, ¿qué hacían ahí un par de tacones, ropa rasgada y tirada en el trayecto? Algo pasó, sin duda. De ida la gente, dos o tres personas, se quedaron viendo la escena, al regreso, seguían las prendas. Entonces un hombre joven de traje, al verme tomar las fotografías emitió un: espero que no haya pasado nada. “Yo tampoco”, dije.

La única imagen que se viene a la mente por el contexto que hemos visto a diario, es que a una mujer que usaba los tacones y la ropa a jirones, pasó por alguna situación violenta. Mi mente se aleja de cualquier acontecimiento cotidiano, alguien usó la fuerza, la violencia, para vulnerar a tal persona.

La reacción del joven no pudo ser más empática desde su entendimiento personal y tratando de deshacerse de una culpa de su género. Bien pudo no haber dicho algo más y retirarse. Sin embargo, había que dar una explicación, nadie la pidió, pero es lo que pudo decir.

Detrás de una computadora, de un teléfono, ¿qué comentarios esperamos? Que seguro la mujer, porque al usar tacones siempre aseguramos que es mujer, se lo buscó. Y por mil razones: “¿qué andaba haciendo de noche, por que usó tacones, por que provocó a alguien?”. Para mí no es más que un retrato terrorífico de que alguien quiso pedir ayuda y nadie se acercó, ¿quién lo haría?.

La parte que debo destacar, es que efectivamente, no sé qué ocurrió. Las historias que conozco a diario me indican que no debemos acostumbrarnos a ver episodios de horror. Los resultados fatales con las mujeres inevitablemente nos dicen que son las más vulnerables, por mayor poder que presuman las instituciones.

Pero también debo reconocer algo en el joven que excusó a su especie masculina. “Yo no fui”, esperando que no haya ocurrido nada. Al menos el discurso de muchos hombres está cambiando. No necesitan ser feministo, feminista, feminazi ni defender causas de mujeres para entender lo que muchas hemos vivido. El respeto es obligatorio al cien por ciento. También requerimos que se entienda cómo nos sentimos, aun sin andar en nuestros días. Nos da miedo salir a las calles, pero no queremos sentirnos así. Por eso seguiremos usando los espacios públicos para sentirnos libres, donde no debe pasarnos nada. Ojalá pueda razonar igual todos los días cada vez que salgo a intentar hacer ejercicio. No puedo, acelero el paso en un intento de huir del peligro.

 

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