Miramontes se opone a que desarrolladores maten las reservas de la biósfera

20 julio, 20206:26 pmAutor: Paola Moreno GuzmánCapital Noticias

“Lo que más preocupa es el entorno del ecosistema de tales lugares. Hay un dato curioso, existe un trato despreciable hacia las rocas, pastos, arbustos, las pequeñas especies que habitan en la Cañada del Lobo, como si les faltara significado. La grama y arbustos cumplen una tarea importante al absorber carbono. Cuando el crecimiento de la ciudad invade zonas claves, que son pulmones de reserva de la biósfera, el alma para la supervivencia de los seres humanos, no es desarrollo, es involución. El crecimiento de las urbanizadoras en la sierra de San Miguelito mata a los pulmones y al sistema ecológico, vital en nuestra ciudad, por ser el método de recarga de los recursos hídricos, de los aposentos del agua en la región del Tangamanga. Es por lo que me opongo a las desarrolladoras que construyen sobre un área verde”.

El agro ecólogo, Pedro Nájera, indicó que todo inició a partir del incendio que se provocó hace un año y medio. Los brigadistas ayudaron a apagarlo. Ya había el propósito de hacerla una franja protegida. “La revisamos paro que fuera estatal. Lo federal es muy diferente. Nuestro objetivo es crear una propuesta, para dar la pauta y que la gente misma se una y la proteja. Divididos nos vencen. La ciudadanía debe unificarse para proteger su patrimonio. Es la tercera vez que abordamos el tema, ya se hicieron cambios pertinentes y agregamos datos que habían sido omitidos. La sierra de San Miguelito es muy importante, ya que es reguladora del clima, captadora de agua. Cuenta con  mucha biodiversidad. Se le conoce también como archipiélago de montaña. Su  fauna crea especies que son únicas en su tipo. Aporta agua a las presas de la capital. Se debe tener en claro que ante las áreas protegidas federales, no se pierde la propiedad privada ni ejidal, siguen como dueños los mismos, solo se limita al cambio de uso de suelo, al mal aprovechamiento de los recursos naturales”.

“El usufructo natural es para beneficio de las comunidades y ejidatarios, no se modifica, solo se crean áreas protectoras, de uso restringido, de preservación, de uso tradicional. Se pueden permitir ciertas actividades como los bancos de cantera. Los pueblos como Escalerillas se mantienen al explotarla, ya que es preciosa. Tenemos lugares de asentamientos humanos donde proponemos que se pueda construir el desarrollo que convenga. Crecer para un lado. La mayoría alcanza en promedio el 1%, que es muy bajo. También se propone que haya ganadería y agricultura de temporal. Hay sitios de conflicto, como el costado de la Minera México, que está muy contaminado, pagan por vivir y sufren las consecuencias. No los podemos proteger, tendrá que decidirlo la comunidad. Otro punto de análisis es el libramiento que quieren hacer desde la avenida Salk hacia la zona industrial. Es una fuga de tráfico y van a preferirla por ser una vía rápida. La obra ayudaría a disminuir los contaminantes. Vamos a proteger la sierra y pastizales porque es donde hay más biodiversidad, tres veces mayor que en el bosque. En los estudios mencionamos todas las especies que existen y se deben conservar”.

“Era indispensable porque buscamos salvar cuestiones humanas y la naturaleza. Son 18 mil hectáreas quemadas en el incendio que hubo. Si extendemos el relieve, pudiera ser el doble de lo que se marca, son pendientes muy pronunciadas. Dentro de las modificaciones que hemos hecho hay que agregar las áreas estatales como el parque urbano paseo a la presa y el perímetro de San Miguelito. Las agregamos a la propuesta federal. Hay nuevos avances gracias a las presiones que hemos hecho para que haya un decreto presidencial y seamos los pobladores, los responsables de crear un beneficio. Hacer las transformaciones, tenemos que ser partícipes del proceso y proteger el piso, no esperar una dádiva o el carpetazo del gobierno. Cuidar además la Sierra de Gogorrón. La extensión sería de 85 a 90 mil hectáreas. Dicen que el monte no les da dinero, que no hay forma de vivir más que vender los terrenos, pero es una forma negativa de actuar. Dejan en riesgo a los hijos por unos cuantos pesos. Evitar su venta nos trae como beneficio bloquear el flujo de agua e inundaciones para toda la ciudad. Quitaríamos un lugar que purifica el aire”.

Luego habló el doctor en ciencias sociales con especialidad en antropología social, Francisco Peña de la Paz. Aludió al polígono de áreas naturales protegidas, semejante al caso de los Wirikutas, donde está en juego la defensa del territorio, un asunto fundamental en la vida de los pueblos organizados. “En la lucha de los Wirikutas las mineras y el gobierno quieren encerrarlos en polígonos, hablan de la construcción territorial, que tiene fronteras, tránsitos, valores ambientales, culturales, de conocimiento. Hay que evitar el lenguaje del polígono, reflexionar el tamaño, aclarar qué tipo de territorios, lo que se propone construir. El punto es cómo se edifica la ciudad. Las áreas de contacto de lo que se ha considerado reserva urbana y lo pavimentado, lo que constituye las ganancias de las inmobiliarias. A veces parece que se defiende determinada especie, ecosistemas, pero es más bien un asunto de carácter territorial. Necesitamos saber qué clase de urbe se erige, si es para los ricos o los desarraigados, de grandes polarizaciones. Lo que se llama geografía de la desigualdad. O hacer una ciudad más gentil, amable, donde los que vivimos, la consideremos habitable. Preguntarnos si las personas que tienen la propiedad legal y la práctica del territorio que está en litigio, les interesa dejar de reproducir los desequilibrios”.

“Los propietarios legales y que trabajan en tales lugares, deben ser tratados como aliados. En todo proceso donde se construye el territorio, es importante considerar a la gente ya vive en el sitio. Es grave anunciar el tren maya en la península de Yucatán y exigir se consulte a todos, pero por otro lado, decir que la mejor manera de proteger un área, como la sierra de San Miguelito, es que el gobierno federal decida según el dictamen de los expertos. Todo puede suceder cuando quedamos atrapados por el polígono ambiental y dejamos de lado el origen del asunto que alude al tipo de construcción urbana. Hay que analizar los espacios de contacto y de frontera que se amplió, requiere mucho dinero y un montón de pillerías. Hay que valorar a los afectados. Mi principal sugerencia es analizar si el tamaño del polígono cumple con lo establecido en la ley ambiental. Apoyarse en el movimiento cívico, integrar a otras organizaciones, comunidades, ejidatarios y no quedarse en una definición estrecha del asunto”.

“Coincido con el valor estratégico de la zona, ahondar en cómo se elabora una ciudad  democrática. Es la disyuntiva, focalizar los lugares de frontera donde está el litigio con algunas desarrolladoras y el plan urbano, donde el gobierno estatal hizo la terrible propuesta de un mazacote con 8 cabeceras municipales. Vemos que la sierra de San Miguelito, la parte más boscosa, puede entrar en los cálculos mediante lugares de movilidad. Se trata de interconectar Villa de Zaragoza, Mexquitic, todo el corredor urbano está involucrado. Lo que se debe detallar es el asunto de lo que pasará con los habitantes. Descarto que la gente no entienda y que el gobierno les diga, lo mejor para su vida es decretarlo área natural protegida y tienen que apechugar. Pero no sucederá. Un militante tiene que convencer y aprender juntos, hacer un eco sobre los intereses reales”.

 

 

 

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