Los Gallardo, producto de la “herencia maldita”

13 mayo, 20225:50 pmAutor: Agustín de la Rosa CharcasCapital Noticias Opinion

Son tantos los ladrones que, al amparo del poder y la impunidad, han amasado de forma inmoral, impresionantes cantidades de dinero del erario que han tenido bajo su custodia. Cuando una persona, sea hombre o mujer, son llamados a cuentas por las instituciones encargadas de aplicar las leyes, para que respondan ante la ciudadanía, se genera una muestra de alivio, al ver que al menos alguien es subido al banquillo de acusados, en el mar de impunidad y corruptelas. ¿Pero en realidad ocurre?

El caso de la ex secretaria de salud, Mónica Liliana Rangel, obliga a detenerse sobre lo que, me parece, no es un acto de aplicación de la justicia, fue de venganza de personas inescrupulosas en el ejercicio del poder. Veamos. En nuestro estado, hemos contado con el “privilegio” de ostentar los primeros lugares en corruptelas con dos gobernadores priistas, Fernando Toranzo y Juan Manuel Carreras López. El actual encargado del despacho del poder ejecutivo, Ricardo Gallardo Cardona, en forma de distractor político, los ha llamado “herencia maldita”, cuando junto con su familia, saben que son producto de dos gobiernos que les brindaron total respaldo e impunidad en el saqueo del erario en los ayuntamientos de Soledad  y la capital potosina.

A los dos gobernadores la “justicia” no los ha tocado ni con el pétalo de un comentario por los que ejercen el poder. Nada en su contra. Pura saliva, no es más que retórica encubridora de los que fabricaron a la mafia de los Gallardo. En la ruta de la complicidad, desde el 2009 que acceden al poder en Soledad hasta la fecha, han acumulado un sinnúmero de demandas en su contra, en la Fiscalía del Estado, donde han dormido el sueño de los justos. Es un hecho incontrovertible de cómo el PRI de Fernando Toranzo, Juan Manuel Carreras y Horacio Sánchez Unzueta, les brindó a sus aliados políticos. ¿Estarán arrepentidos por no haber detenido a los peligrosos sujetos? No lo creemos.

El primero de julio del 2018, invadió una fuerte luz de esperanza a la mayoría del pueblo mexicano. Nunca imaginé que a un torvo personaje, que pisó la cárcel de máxima seguridad y que fue dejado en libertad, por otro acuerdo político, pero que no fue absuelto de lo que se le acusó, tendría la mínima alternativa de que fuera apoyado por el movimiento de esperanza que sacudió a las estructuras del país. En el más alto nivel del poder, saben, mejor que ningún ciudadano, el tipo de calaña que porta quién ejerce el poder en el estado. Fue por lo que la Unidad de Inteligencia Financiera ha documentado parte de las fechorías de una familia en la que demostró la forma en que lavaron más de 700 millones de pesos de las arcas de Soledad y de la capital. La denuncia está ingresada en la Fiscalía de la República desde hace casi dos años y no se mueve nada. ¿Acaso la mafia potosina ya compró impunidad? Espero, por el bienestar del pueblo potosino, que no.

Ricardo Gallardo Cardona es gobernador porque el dirigente nacional de Morena, Mario Delgado, operó y puso a sus órdenes, todo el poder político del movimiento. Fue el responsable directo de impulsar a una mujer priísta, muy cuestionada en los malos manejos del sector salud. Fue el responsable de la derrota. Los compromisos con sus desprestigiados socios han sido muy fuertes. Se lo hizo saber en público, quién hoy se ostenta como gobernador. “Tengo facturas por cobrar”, se refirió a los acuerdos mafiosos con Delgado, cuando ambos fueron diputados federales.

El papel que jugó la candidata impuesta a la gubernatura por Morena, Mónica Rangel, fue la de desfondar de votos al partido y favorecer a la pandilla del Verde ecologista y su mafioso candidato. El cerco del apoyo se cerró, cuando permitieron que la Secretaria del Bienestar en San Luis, se sumara de forma abierta, en respaldo al acuerdo de la dirigencia nacional. No pudieron encontrar peor candidata para Morena, que cumpliera a cabalidad su objetivo, que nunca fue otro que perder. El acto político tan deleznable a que se prestó, debería tener una reacción de agradecimiento de quién hoy ocupa la gubernatura y de su socio Delgado. ¿Por qué se ensañan con una mujer que les ayudó en sus aviesos proyectos, para triunfar en las pasadas elecciones? Solo asoman dos vertientes: se ratificó la bajeza política de Gallardo y Delgado. Además, la urgencia de legitimarse con un perfil que ostentó mala fama y un cúmulo de demandas penales en su contra y de su familia.

Combatir la corrupción es una bandera fundamental de la Cuarta Transformación. No lo es del corrupto Partido Verde. Tampoco lo es de Gallardo. Lo suyo es la cultura de la transa y el nulo castigo. No está en su horizonte, combatir los malos manejos. Al contrario, los profundiza con los dineros del pueblo potosino. La consigna de campaña “Vivir sin miedo”, su significado real, es todo lo contrario. Será a partir de intensificarla en todos los rincones del estado, como pretenden instaurar un cacicazgo, si el gobierno de la república decide someter de nuevo al pueblo potosino a vivir bajo la férula de quienes sólo buscan el beneficio económico personal.

Un principio del derecho señala, “Prior in tempore, putior in iure”, primero en el tiempo, mejor en el derecho. La justicia aplicada por el gobierno actual empezaría por los dos ex gobernadores y la familia Gallardo, que tienen varias demandas, ¿Por qué no lo han hecho? ¿Por qué someten al estado de derecho a los intereses de criminales inescrupulosos? Lo que buscan es imponer las intimidaciones entre los grupos de poder que no controlan. Es una falacia, le interese combatir las corruptelas. Lo que está en su adn es la venganza y la bajeza moral, que ni a sus aliados le muestran el mínimo respeto. Los latrocinios hay que combatirlos con el imperio de la ley. Respetar el principio jurídico de primero en tiempo, primero en derecho. Ya sabemos quiénes debieron ser juzgados antes. No hubiera sido candidato de nada. Luchemos para que la justicia sea real. No la venganza.

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