La Fenapo, el negocio millonario de Gallardo Cardona

20 agosto, 20223:47 pmAutor: Juan Pablo MorenoCapital Noticias Opinion

El contratista y proveedor número uno del estado, Ricardo Gallardo Cardona, logró su gran meta: convertir a la Feria Nacional Potosina en una gran cantina. Para conseguir el objetivo, se preparó con esmero desde la etapa en que fue alcalde de Soledad, con la llamada Feria de la Enchilada, donde el ayuntamiento era el único con licencia para vender la bebida durante casi un mes de pachangas con grupos musicales que interpretan narco corridos o de bandas ruidosas. Las tiendas de abarrotes que osaran competirle, eran sancionadas con fuertes multas. Parece que ha historia se repite. Para no tener el mínimo estorbo en su nuevo negocio, despareció el patronato de la feria, que durante varios sexenios, lo manejó la clase empresarial. Era una forma de salpicarlos, de ser tomados en cuenta. Gallardo alteró la fórmula. Para quedarse con los más de 100 millones de presupuesto que tenía asignado, diversificó los gastos y tareas por medio de algunas dependencias, para evitar erogaciones adicionales. Por ejemplo, la labor publicitaria, la encargó al jefe de prensa, Gerardo Zapata. Las actividades lúdicas, al titular del Instituto Potosino del Deporte, Edmundo Ríos.


A Gallardo lo visitó un empresario de los juegos mecánicos para llegar a un acuerdo sobre la forma en que iban a trabajar en el 2022. Soberbio, le dijo. “ahora el patronato soy yo”. Le expuso que de entrada, debía aportar determinada cantidad por derecho de piso. Y que el servicio a los asistentes sería gratuito. El interlocutor se mostró desconcertado. “¿Entonces, cuál será mi ganancia?”. El mandatario metido a promotor de espectáculos le respondió: “vende cerveza”. Ahora se ofertan las marcas Tecate, Dos Equis, Indio, que se ofertan en los Oxxos a menos de la mitad de precio que en otros mercados. Se estima que en una compra masiva, el precio es más rentable. Una de bote Dos Equis, en la muestra gastronómica, vale 35 pesos. El Caguamón de Tecate, 75. Añadió la canadiense Heineken. Se ha dicho que Gallardo tiene de socio al cantante norteño Julión Álvarez, que también podía rentar para el Teatro del Pueblo, un gigantesco y potente equipo de sonido. En cada festejo mínimo, lo presenta sin reposo. Se ha mencionado que le facilita la avioneta del gobierno para que el artista se mueva a su antojo a su natal Concordia, en Chiapas.


En sus afanes de obtener mayores ganancias sin la mínima competencia, Gallardo ordenó cambiar el lugar del Teatro del Pueblo, que estaba en una parte alta, a donde antes se encontraban los juegos mecánicos, que ocupaban un área mayor de terreno. Sabía de los riesgos de inundarse por ser temporada de lluvias y el gran declive del predio, que se ubica en la parte final del inmueble, en una encerrada esquina, sin salidas de emergencia. Entonces se mostró pleno el interés mercantil. El también boyante vendedor de pollos, convirtió el escenario masivo en un segundo palenque, lo que habrá de redituarle pingues ganancias. Frente al monumental escenario, colocó lo que llama de manera eufemística, 300 palapas. Son armatostes de lona con armazones de varilla. Los precios cambiaron según la fama de los cantantes que se iban a presentar. Con el grupo Maná, el sitio verde a costó 2 mil 860 pesos. El b, 2 mil 640. Con los Acosta, que son locales, uno tuvo el precio de 880, otro 660. Gallardo ordenó construir un techo de acero y láminas galvanizadas, creado ex profeso para la venta industrial de cerveza. También tiene un costo acceder al lugar de la juerga. En la parte baja, en un amplio local, le cedió el permiso para ofertar hamburguesas a uno de sus allegados, que también se dedica a organizar otros festejos. Acostumbrado a ocultar el manejo del erario, para disimular que será el único ganador de los ingresos, pretextó que los fondos recaudados los entregará al DIF estatal, que maneja su cónyuge, Ruth González Silva, que ha utilizado de prestanombres en otras empresas inmobiliarias.


Para que las lluvias no le echen a perder sus ganancias exponenciales, como pasó con la fallida presentación del cantante colombiano J Balvin el 16 de agosto, cuando ingresaron más de 100 mil visitantes, Gallardo anunció que contempla cambiar el mes de los festejos donde concentró sus máximos esfuerzos. Para vigilar el acceso a la entrada y Teatro del Pueblo, se valió de un centenar de elementos de la Guardia Civil Estatal y de la policía municipal de Soledad. No le importó dejar a la capital a la deriva, ante el incremento de los índices de violencia. Tampoco le importaron los crecientes números de contagiados de Covid en las últimas semanas, cuando se alcanzaron más de mil infectados diarios. Alardeó que iba a imponer con rigor los protocolos de salud. Pero no cumplió. Los agentes que ocupó para revisar las pertenencias de su clientela, la mayoría no usó cubrebocas. No colocó un detector de temperatura corporal, por el temor de regresar a los que le iban a dejar dinero por múltiples consumos. Aunque presume que reparte toneladas de gel antibacterial a través de sus programas clientelares, no puso una sola botella para limpiarse las manos en los sitios de mayor aforo, como los pabellones artesanales y Teatro del Pueblo. Sólo atendió la zona de los sanitarios portátiles, donde cobra por acceso 7 pesos.


Al destinarle un mayor espacio físico al Teatro del Pueblo, Gallardo redujo de manera drástica los lugares destinados a los juegos mecánicos, que casi empalmó con los vendedores de comida, frutas y los llamados gritones, que se inundaron con casi un metro de altura que alcanzaron las lluvias. Un comerciante de camarones ensartados en una delgada banderilla de madera, oferta sus productos a un metro de distancia, donde le cruza por la cabeza, un pesado brazo de acero que mueve a los jubilosos asistentes a los juegos mecánicos. La Noticia entrevistó a un operador para conocer cómo funciona el esquema del servicio gratuito. Expuso que el patronato o Gallardo, absorbe los costos, como pasó con los estacionamientos, el traslado en camiones urbanos y acceso al Teatro del Pueblo, donde erogó más de 50 millones de pesos para cubrir la paga de los artistas que contrató. Es un enigma lo que invierte y ganará el controvertido mandatario, que colocó una gran fotografía de su figura a la entrada de las instalaciones. Lo acompaña su chofer Raúl López, “El Gordo”. Dejó un espacio abierto para que la gente se retrate con su figura, lo que tuvo un bajísimo impacto. Para que no haya dudas de su prolijo desempeño, tapizó de carteles propagandísticos, las incontables obras que no licita, caras y realiza con pésima calidad. Resalta con letras verdes su eslogan de éxito, ¡Ya se nota!.

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