El temor a ser “levantado”, por protestar

31 agosto, 201711:56 pmAutor: Juan Pablo Moreno GuzmánCapital Noticias

Enemigo de la crítica y de las cuentas claras, el alcalde de la capital, Ricardo Gallardo Juárez y sus colaboradores, han generado el descontento en varios sectores, como el de los comerciantes, empresarios y líderes sociales, que denuncian sin reposo los excesos contra sus víctimas. A lo largo de un rosario de prepotencia, se suma el viacrucis de 700 trabajadores del ayuntamiento que han sido despedidos de manera arbitraria e injustificada por el fiero verdugo, urgido de colocar en la nómina a incondicionales que le ayudaron a ganar y que necesita de nuevo para sus futuras aspiraciones políticas. Con el pretexto de acabar con los aviadores y recuperar fondos para obras, sus testaferros se han encargado de hostigar y correr sin la mínima defensa a los que no encajan en su proyecto político.

Una de tantas víctimas es la educadora Rosa María Martínez Rocha quien durante más de 22 años de laborar en el jardín de niños Estefanía Castañeda, fue corrida de forma repentina, sin fundamento alguno. Señaló que en abril del año pasado fue dada de baja, solo le notificaron que se presentara con el jefe de recursos humanos, Gildardo Castañeda Moreno, el cual apenas le explicó que estaba fuera del cargo. “Me dijo, le tengo una mala noticia, está despedida. Cuestioné el motivo, si había incurrido en alguna falta. Me contestó que no, que habría muchos despidos en enero, febrero, marzo y abril, debido a que en el presupuesto se deben reducir los gastos”.

Expuso que dos meses antes, ya trabajaba con presiones por parte de los directivos, que de repente llegaron a imponer un nuevo esquema, con más horas de labores que no serían pagadas. Junto con algunas compañeras, acudieron con el dirigente del sindicato, José Guadalupe Valencia Contreras, quien se mostró apático. Al no darles una respuesta, tuvieron que cercarlo afuera de su oficina. Molesto, sin poder escapar, escuchó los cuestionamientos. Las timó al prometerles un total apoyo y resolver su problemática. “Había miedo. Le dijimos que podíamos acudir más horas, siempre y cuando nos pagaran las horas extras. Era ilógico que fuéramos de 8 a 3 y las compañeras a las que les hacemos las labores de alimentar los niños, las despidan. Nos sugirió no hacer nada, que nos ayudaría”.

Al día siguiente de interceptar a Valencia, en todos los centros educativos, desde las 8:30 de la mañana, se encontraban emisarios de recursos humanos, que hostigaban a los educadores, les tomaban fotos. A la semana, recibieron un oficio que los obligaron a firmar. Indicaba que por no haber acatado el horario de 8 a 3, se cambiaría la forma de pago de jornada laboral a horas de trabajo. La mentora Rocha como otras se negaron a signar. A la semana les rebajaron mil pesos de su sueldo, nunca les explicaron las razones, menos les repusieron los descuentos. “Cuando nos afectan en lo económico, fuimos de nueva cuenta al sindicato con el señor Valencia. Nos dijo que haríamos un paro laboral, pero no fue cierto. Elaboró un oficio, pero comentó que dijéramos que nosotros lo hicimos y lo firmamos las 45 afectadas. Lo llevé a la oficialía mayor donde me tenían identificada. Fui de las primeras en ser despedida”.

Martínez Rocha señaló que en todos los departamentos corrían trabajadores. Al mes acudió a derechos humanos, donde le informaron que había como 700 personas en las mismas circunstancias. Añadió que pisotean sus garantías laborales sin importar que las agraviadas sean mayores de edad, enfermas o sean el único sustento para sus familias. Expuso el caso de un empleado de 70 años, con 25 de laborar, que resultó despedido. Tras buscar una respuesta, lo mandaron a la comunidad de Bocas donde lo hicieron esperar 15 días para notificarle que no había trabajo. Los verdugos de recursos humanos le dieron la alternativa de ser ocupado con menor sueldo. No aceptó, alegó que no había cometido alguna irregularidad. A la semana se le notificó que ya no tenía lugar en el ayuntamiento.

Otro abuso se dio con maestras del centro educativo Satélite, que tras haber laborado más de 10 años fueron inhabilitadas. Valencia se pintó como solucionador para que regresaran, pero las condicionó a ser reubicadas sin tener ningún derecho laboral ni de antigüedad. Las que aceptaron laborar condicionadas a renovar contrato cada cierto tiempo, en diciembre no recibieron aguinaldo, como cuando eran sindicalizadas. “Valencia solo dice, no se desesperen. Colaboró a que algunas regresaran a trabajar sin derechos, lo que no es ayudar. Abandonó al personal del centro educativo Tangamanga donde despidieron a dos. Lo mismo pasó con una cocinera. A la compañera Liliana Hernández, que tiene lupus y necesita el servicio médico, no les importó y la dieron de baja. Otro amigo, Felipe Liñán, que padece cáncer, lo reubicaron. A una prima la quitaron de su puesto al ver que tiene cáncer y la pasaron a otro departamento. Hay varias personas con problemas de salud, con pocas posibilidades de conseguir otro empleo, los echan sin motivos”. La afectada destacó que los despidos injustificados se dan para que Gallardo Juárez meta a la nómina a sus incondicionales, para cumplir sus acuerdos de campaña, sin importarle que no tengan el perfil requerido. Como la administradora de los centros educativos del DIF municipal, Heriberta Cortina García, que escribe con faltas de ortografía, por lo que solicita a los demás, le redacten los documentos.

Martínez resaltó que en la ola de despidos masivos, se falsifican las firmas de los trabajadores para sustentar que se van por su propia cuenta. “A mí me presentaron la renuncia con mi firma, lo que nunca hice”. Añade que el encargado de realizar las bajunas artimañas es el jefe de recursos humanos, Gildardo Castañeda Moreno, que acude a todas las audiencias para declarar que los mismos trabajadores pidieron la baja. “Asiste con dos personas. Los tres sostienen que nosotros aceptamos la renuncia, es ilógico. Somos muchos a los que nos han falsificado las firmas. Incluso en los careos con los abogados del ayuntamiento hay trampas. En la audiencia me dejan sola, me presentan el expediente. Me preguntan si lo conozco. Al decir que sí, dan la orden de registrar que admito que mi firma está plasmada, que apruebo mi salida. ¿Cómo después de 22 años voy a renunciar y acepto que el ayuntamiento no me pague nada de honorarios, cuando soy madre de familia y no tengo otro trabajo?”. Agregó que en ningún trienio anterior las habían hostigado tanto como ahora con Gallardo, que las obliga asistir al desayuno del 10 de mayo. O de lo contrario, ordena levantar actas administrativas. “Como preside el acto, busca que su persona resalte. Muchas compañeras no querían ir, como apoyo a los despedidos. Otros no se dan cuenta que el objetivo del edil es lucrar con las necesidades de las personas, las utiliza para hacerse proselitismo. Es lamentable cómo pisotea a los trabajadores, los monitorea, pero regala tortillas, garrafones de agua, juguetes y despensas. La gente cae en su juego. También existe el miedo continuo que se atente contra la familia. He recibido mensajes en el celular donde me exigen que le baje, que me tienen identificada”.

“Me han dicho que me puede levantar gente del alcalde y argumentar que es por la inseguridad. No temo por mí, porque tengo pruebas que me despidieron de manera injustificada. Me difamaron y falsificaron la firma. Pero si algo llegara a pasarle a mis hijos o familiares, hago responsable directo a Ricardo Gallardo Juárez”. Además, persiste el temor que el edil se quiera reelegir y que su hijo, el ex alcalde de Soledad, Ricardo Gallardo Cardona, busque la gubernatura. Es algo que aterra a los trabajadores, que compren a los peritos para que resuelvan a favor del ayuntamiento. “Esperamos que haya justicia, porque lo que hacen es una porquería”. Martínez resaltó que el munícipe se ensaña con los trabajadores, como lo hizo antes en Soledad, donde casi desapareció al sindicato. Provocó un gran daño. Se imaginó hacer lo mismo en la capital. “Se equivocó, conocemos nuestros derechos. Ante una injusticia, la gente se defiende. Gallardo está enfermo de poder, hace lo que quiere, por lo que se ha ganado el sobrenombre del Abarca de San Luis. Todos sus atropellos deben salir a la luz, aunque ha comprado muchos medios, por lo que no se atreven a escribir una nota en su contra. Pero existe la justicia divina”.

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