Pascual Martínez: memorias de un peleador callejero

12 julio, 20176:16 pmAutor: Juan Pablo Moreno GuzmánDeportes

Guiado por su padre José Cruz Martínez Llamas pero impulsado por el sueño de llegar a ser un gran boxeador en la época de los setentas, el tres veces alcalde de Santa María del Río, Pascual Martínez Martínez, se inició a los 7 años en el trajín de los golpes. Mostró sus primeros destellos en una reyerta de barrio que le buscó su progenitor. El novato salió victorioso con una casi nula técnica. Aprendía a vencer sus miedos al practicar una sus vitales pasiones.

Los matices iniciales surgieron por la costumbre de su papá que tenía la costumbre de cada sábado a las 10 de la noche recorrer 10 cuadras para acudir a un lugar que contaba con televisión para ver las peleas de box . “Me tocó admirar peleadores excelentes como Rodolfo López o José Ángel Nápoles, Mantequilla”.

Nostálgico, Martínez relata que para su primer duelo, su papá lo persiguió para convencerlo de que se enfrentara a un joven de otro barrio. Se escondió en lo alto de un mezquite. El tiempo a solas lo hizo recapacitar. Se convenció que el miedo es solo un obstáculo de las circunstancias, por lo que decidido, confiado en sí mismo, volvió. Con el valor por delante venció a su rival, al que dejó tirado en unos abrojos. Desde entonces le gustó pelear. Sintió un impacto que desconocía, lo describe como adrenalina. Se repitió cada vez que se ponía los guantes para medirse con otros rivales en iguales condiciones.

Con un victoria a cuestas, se acercó al instructor Mario Hernández, que entrenaba en el palenque municipal de Santa María. Fue su único maestro que le enseñó las técnicas del boxeo. Hizo equipo cuando pedía un voluntario para practicar. Nadie se animaba, ya que tenía una gran potencia en los puños. Martínez, tembloroso, aceptó subir al cuadrilátero para romperle la nariz.

Hernández invitó al novato todos los días. Fue como adquirió las cualidades de un amateur. Cierta vez peleó contra 5 oponentes, dio cátedra de hábiles combinaciones. A todos los noqueó. A uno ya lo había confrontado cuando era principiante. Se aprovechó de su inexperiencia para fracturarle la nariz. Con el entrenamiento encima, mandó a la lona a su verdugo por varios minutos.

Una pelea quedó grabada en la memoria de Martínez. Fue la que sostuvo con un opositor del barrio La Trinidad. El combate se dio en la fiesta patronal. Sus vecinos fueron a sacarlo de una tertulia. Le tenían un rival que le daría problemas. Cuando llegó al sitio ya había una multitud que lo esperaba. Combatió con estrategia, sabía del poder de su rival. Las ocasiones que lo conectó, lo hizo mirar estrellas. Decidió cansarlo con combinaciones y un perfecto caminado. El binomio estratégico le dio la victoria cuando su oponente dijo que era suficiente. La pelea duró más de 15 minutos sin intervalos de descanso. Fue una de las riñas más difíciles que recuerda el pugilista.

Como aficionado, Pascual Martínez sostuvo 14 peleas formales. Empezó en la categoría de gallo y luego peso ligero. Tuvo un récord de 12 victorias, un empate y una derrota. Buscó ganar el campeonato estatal. Se pactó a doce rounds contra Jesús “Ruco” Rodríguez, el cual era un peleador complicado, lleno de experiencia y le doblaba la edad. El encuentro se dio en el desaparecido palenque de Santa María. El local ya no salió para el sexto asalto. “Me confié, no hice un entrenamiento sólido. Me faltó oxígeno, no pegaba con fuerza, no podía caminar ni esquivar. Iba a que me noqueara. No dosifiqué el esfuerzo».

Después de la derrota, Martínez se alejó del boxeo. Pero todavía lo practica en sus ratos libres, lo que le genera actitud, valor, disciplina, forja el carácter y vence miedos. El peleador callejero lamenta que el deporte de sus amores se ha opacado por opulentos intereses. Ahora los pugilistas salen a cuidarse, a durar los doce rounds ya que los intervalos de descanso están predestinados a la publicidad de los diversos patrocinadores. En México el último ícono fue Juan Manuel Márquez, quien tiene la característica del contra ataque, suelta muchos golpes con estrategia. Ubicó al ídolo retirado Julio César Chávez como un fajador muy completo. Supo combinar perfecto el gancho al hígado y tirar de manera simultánea a la mandíbula, lo que le dio muchos triunfos y lo convirtieron en el máximo representante mexicano.

Martínez indicó que ahora los boxeadores son meros productos comerciales como Saúl “Canelo” Álvarez que antes se midió ante el potosino Michel Ruiz, al que venció en el séptimo episodio. Entonces enseñó potencial, pero ahora se ha mercantilizado. Lo cuidan mucho, le arreglan las peleas con oponentes de menor peso o que están a punto de retirarse para hacer un show. Lamentó que falte amor por el box. Se olvidó la pasión de estar frente a un oponente de igual peso, por lo que se han creado figuras sin carácter. Ya no hay calidad. Se gestó un circo capitaneado por empresas gigantes que perjudican al rudo deporte.

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