Polvo del barro místico

17 febrero, 20219:37 pmAutor: Cale AgundisCultura

Siempre dije que en mi sepelio, no quería lágrimas falsas, flores en coronas, presencias inútiles. Pero amigos: morí en tiempos de pandemia. Esperé no tener gente falsa al lado de mi féretro, pero ha sido peor… nadie asiste a mi último adiós. La funeraria ha prohibido la asistencia de deudos y los panteones están cerrados. Estoy solo en un lugar helado en espera de la incineración. Algún morboso sin quehacer transmite la misa de cuerpo presente por las redes sociales, entre otros actos alternos, por vía Zoom y se pierde la atención que solo se recupera cuando el sacerdote pronuncia mi nombre: pide por el eterno descanso de mi alma. No podré. Me habían aislado catorce días antes, desde que salí positivo al virus. Aislado sin ver a mi familia, de la que no me despedí. ¿Cómo voy a poder descansar en paz? Ya no vi la sonrisa de mi hijo, la mirada de mi madre, ya no escuché el consejo de mi hermano. ¿Cómo voy a descansar en paz? Dejé hijos, deudas y mucho dolor. ¿Cómo llegó el bicho a mí?, no lo sé. Extremé cuidados, me apegué a los protocolos sanitarios y aun así. El drama que viví y el que vive mi familia, se multiplica. No obstante, mucha gente insiste en la fiesta, el jolgorio, tratando de vivir el momento como si fuera el último aliento de vida, sin pensar en el dolor y en los problemas que se habrán de heredar a los seres queridos. Vivir en el nombre del placer individual, el futuro y la seguridad de aquellos que se dice querer. Aquí estoy, ahora, a punto de volver a ser polvo del barro místico, pero sin paz y sin amor.

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