Miedo al olvido

17 agosto, 20207:42 pmAutor: Valentín Ortiz RebollosoCultura

No me aterra el fin del mundo y si el olvido, el destierro en mi propia jaula, el exilio de mi pueblo , el embargo de mi peor es nada, la ingratitud de mis gentes y el que ni los perros me ladren. Suele que a veces el eco de las voces de mi madre, mi tío Rey, mis hermanos e hijos me levantan, al igual que las voces de los duendecillos que ahora son ciudadanos y los otros que me escuchan de vez en cuando. Sueño que un día en voz de ellos no seré invisible. Hoy el escuchar «Angelitos Negros» me llevó a recordar a tanta gente que por su vida, me di cuenta que existo. No me van a creer, algunas lágrimas me brotaron de los ojos. Volví a la realidad cuando un ser de los olvidados sobre una banca de la Plaza del Pueblo me preguntó: ¿a qué se debe el milagro? Creí mirar un fantasma, por lo que me le acerqué para verlo con mis propios ojos. Era mi cuate de infancia, el que nos soplaba al oído en la escuela, las respuestas correctas del examen de la secundaria. Le di unos pesos para su buen café y unos tacos. Mañana me la corto manito, por esta, te lo juro. El kiosco de la plaza de mi pueblo era una virgen en espera del enamorado que le cantara el Cielito Lindo en tiempos del coronavirus. Atentamente, El Roba Tubos. Posdata: ¿te acuerdas cuando te llevaba a cenar unos ricos taquitos blanditos con el buen Juanito?

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