¡Fuera máscaras!

14 octubre, 20207:54 pmAutor: Felipe de Jesús Cervantes PérezColaboradores Opinion

“Todo el mal que puede desplegarse en el mundo se esconde en un nido de traidores”. Francesco Petrarca (1304-1374) Poeta italiano

Los consensos entre diputados para nombrar cada año sus mesas directivas son siempre interesantes y resultan un instrumento objetivo para evaluar la calidad de nuestra democracia y el nivel de la ética política de sus protagonistas. A nivel federal, una vez integradas las bancadas, correspondió presidir el primer año a Morena, el segundo al PAN y el tercero al PRI. Porfirio Muñoz Ledo presidió sin problemas el primer año a propuesta de Morena. En el segundo año se atoraron los consensos ya que el PAN propuso a Xavier Azuara para presidir. No logró el respaldo y los panistas sugieren entonces a Laura Rojas. Al final, el PAN logró la presidencia no sin antes sufrir el intento reeleccionista de Porfirio Muñoz Ledo. Apenas hace un mes se dio el relevo para el tercer periodo correspondiente al PRI. Los jaloneos se hicieron presentes cuando el PT maniobró para sentar en la presidencia a Gerardo Fernández Noroña. Hasta una segunda votación la priista (dino)Sauri Riancho logró la mayoría.

En ambas ocasiones el propio Andrés Manuel López Obrador se vio precisado, a pregunta de los periodistas, a fijar su postura que resultó definitiva para poner un alto al ejercicio de la política sin calidad moral que busca triunfar a toda costa, sin escrúpulos. Aunque sea en su fuero interno, para panistas y priistas debió crecer la figura del presidente, de verdadero demócrata, respetuoso de las minorías y lejos del avasallamiento autoritario. Ojalá que los diputados de Morena y sus aliados, hayan aprendido algo. Los hechos dados en el congreso potosino no son para echar a vuelo las campanas. Con seis diputados por partido, Morena y PAN empatan como primeras minorías. El PRI con cinco queda en tercer lugar. El acuerdo inicial fue que el PAN presidía el primer año y Morena el último, dejando el periodo intermedio al PRI.

La panista Sonia Mendoza Díaz presidió el primer año y el priista Martín Juárez Córdova el segundo, como estaba previsto. Las dificultades internas que trascendieron se han dado en las bancadas del PAN y de Morena. Los panistas las sobrellevaron con mayor discreción pero no sucedió lo mismo con los morenistas. Al inicio de la legislatura, las diputadas Marité Hernández Correa, Angélica Mendoza Camacho y Consuelo Carmona, enfrentaron unidas el intervencionismo grosero del hoy delegado federal Gabino Morales Mendoza. El individuo buscó ejercer una especie de jefatura política, quiso hacerse del control del congreso cuando pretendió imponer como coordinadora de la fracción de Morena a la diputada del PT, Paola Arreola. El bloque firme de Hernández, Carmona y todavía Mendoza, le dio la batalla en tanto Alejandra Valdés y Rosa Zúñiga se plegaban a la voluntad del incipiente cacique pueblerino.

Fue Édson Quintanar Sánchez el sexto en la fracción de Morena y al mismo tiempo el de mayor votación en su distrito, que apoyado por sus reacias compañeras, quedó como coordinador. Pero pronto fue cooptado por la dupla Sonia Mendoza y Gabino Morales. No tardó la diputada Angélica Mendoza en sumarse, pues el nombramiento de delegado le abrió a Morales la posibilidad de contratar cientos de servidores de la nación, muy atractivo para políticos clientelares como se reveló con la diputada. Ante los ya cuatro diputados “agabinados”, Hernández y Carmona quedaron en minoría apoyándose en el desplazado por el PT, Pedro Carrizales “el Mijis”, quien fue marginado tras el acuerdo entre Gabino Morales y la delegada del PT, Patricia Álvarez, una gordillista ex diputada local por Nueva Alianza, para reconocer como petista a Paola Arreola, cuya familia de raigambre priista ha embelesado al corrupto  “super delegado”.

La mezcla de miedo y odio que en Morales Mendoza despierta el hoy senador de la república, ingeniero Primo Dothé Mata, alcanza a las diputadas Hernández y Carmona, de quienes su mente enferma supone, son gente de Dothé. Por más que la capacidad, independencia y reconocimiento personal propios, de ambas diputadas las reivindican por sí mismas, el delegado quiere sometimiento absoluto. Una y otra vez las hacen víctimas de mayoriteo interno por más que son las representantes de Morena mejor calificadas y con mayor reconocimiento social, siempre se les cierra el paso. La bandera de que Morales Mendoza estaba en los afectos del propio AMLO, le permitió negociar, de forma directa, con la panista Sonia Mendoza y otras fracciones minoritarias.

Pero llegamos ahora al tercer y último año y la situación parece haber cambiado de manera radical, por estar en el umbral del cambio de gobierno. Después que a nivel federal las minorías tanto del PAN como del PRI fueron respetadas gracias a la intervención indirecta del propio presidente de la república, ambas fracciones se manifestaron dispuestas a respetar el turno de Morena para presidir la mesa directiva. Pero algo sucedió. Ya no estuvo en el ánimo de PRI y PAN tolerar el intervencionismo de Gabino Morales. Los desencuentros sumados en dos años de la legislatura, hicieron a priistas y panistas reservarse la aceptación de la propuesta de Morena.

En una primera reunión rechazaron a Alejandra Valdés propuesta por Édson Quintanar, para el segundo intento, el vallense insistió en sostenerla, recibiendo nuevo revés. Para una tercera oportunidad, propuso entonces a Angélica Mendoza, que también fue bateada. Y es que, al parecer, los diputados adversarios de Morena decidieron “desgabinarse” y cerrar el paso al delegado y sus personeros. Hasta donde ha trascendido, el propio gobernador, Juan Manuel Carreas, en reciprocidad por el reconocimiento de (dino) Sauri Riancho, estaba conforme en que se alcanzaran consensos para que Morena obtuviera la presidencia de la mesa directiva. En el tenor plantearon a Édson Quintanar que el acuerdo podría alcanzarse con la diputada Marité Hernández Correa. Cuando llegaron a la cuarta cita, volvió a proponer a Angélica Mendoza, prefiriendo que se entregara a una panista la presidencia de la mesa directiva y no a Marité Hernández.

Su excusa lamentable e irrisoria fue que “no se puede dar tanto poder al senador”.
Entonces las fracciones partidistas procedieron a proponer su propia mesa directiva. La panista Vianey Montes Colunga declaró: “sí tenemos palabra y no se lograron los consensos”. Considero que hasta el momento de la elección, la bancada de Morena no sabía de qué lado mascaba la iguana y tanto Hernández,  Carmona, Valdés y Mendoza, señalaban un agandalle de sus opositores. Juntas tomaron la tribuna, apoyadas por Mario Lárraga y Pedro Carrizales. El consenso en torno a Hernández se había logrado, por al menos un voto de diferencia y el agabinado Quintanar prefirió perder la posición que entregarla a quien asumen es “incondicional” de Dothé. El misógino delegado, “como ciudadano” dijo, salió a declarar que habían sido gandallas y se lo cobrarían en las urnas.

A más de uno le pareció ver un hilillo de sangre escurriendo por la comisura de los labios. “¿No te mordiste la lengua?”, pudieron haberle espetado recordando el mayoriteo de su propia fracción en contra de las no sometidas, Hernández y Carmona. El doble juego de Morales quedó al descubierto cuando Paola Arreola y Rosa Zúñiga, 100% “agabinadas” votan con los 17 para elegir a la nueva mesa directiva. El que tenga ojos que vea. Y la sorpresa final: a la abstención de Marité Hernández, se suman los siete votos que se mantuvieron firmes: Consuelo Carmona, Alejandra Valdés, Angélica Mendoza, Mario Lárraga, Pedro “Mijis” Carrizales, por supuesto Édson Quintanar (para continuar el engaño hacia Valdés y Mendoza) y, agárrense, el inesperado voto de Martín Juárez Córdova en correspondencia por el reconocimiento que en el congreso federal se dio al PRI como tercera minoría. ¡Qué familia! Prefieren abrir el paso a una panista a permitir el consenso en torno a una diputada cuyo pecado es ser independiente a Gabino Morales, que la ubica en la línea de Dothé. Por algo se clama: “señor, cuídame de mis amigos, que de mis enemigos yo me cuido solo”.

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