El derecho a la verdad

5 agosto, 202010:43 pmAutor: Francisco Parra BarbosaColaboradores Opinion

Nunca había sido tan acuciosa, como hoy, la necesidad de conocer la verdad, acerca de lo que está sucediendo, pero además, la verdad es un derecho, el derecho humano a conocer la verdad. Dentro del ámbito amplísimo del Derecho Internacional se abre el trípode del Derecho Internacional de los Derechos Humanos, el Derecho Penal Internacional y el Derecho Humanitario, todos complementarios y guiados por la premisa de la justicia. Entonces, hay que conocer la verdad para saber quiénes son los responsables, quienes deben asumir las consecuencias de sus actos y quienes deben rendir cuentas sobre también tres aspectos: quiénes Violaron Derechos Humanos, quiénes cometieron delitos de lesa humanidad y quiénes atentaron contra la humanidad por genocidio, uso de armas prohibidas y exterminio masivo de personas.

Hoy estamos en la coyuntura histórica donde los bandos que se erigen contra toda la humanidad, se jactan de ser uno mejor que el otro, llámese patriotas contra globalistas, arios contra iluministas, monárquicos contra republicanos o simplemente controladores contra rebeldes. El asunto es que como nunca antes queda en evidencia que la lucha por el poder hace que las caretas se develen y nos muestren a todo mundo que las ideologías, sobre todo de los últimos dos siglos, han sido distractores de grupos que se entendían muy bien debajo de la mesa. Por ejemplo, la supuesta enemistad entre capitalistas y socialistas, entre derecha e izquierda, entre centralistas y federalistas, situaciones cosméticas que ocultaron lo que hoy, de manera descarada y sin pudor, muestran a sujetos sin escrúpulos. En una encarnizada lucha por controlar a la humanidad, inventan las mayores y más increíbles historias y cuentos para mantener su hegemonía y se arrojan la mayor cantidad de lodo y usan todo tipo de propaganda para destronar un grupo al otro.

Es decir, en el 2020, por fin se terminó la inocencia y la trifulca de los grupos de poder solo están logrando desnudarse pública y con desparpajos ante todos y muestran las tripas de la podredumbre y el ilimitado apetito voraz por controlarnos y someternos a sus deseos demenciales: expoliación económica, obediencia ciega e incuestionable al discurso político del régimen y la alienación a un sistema de vida prediseñado con aspiraciones limitadas a las reglas del susodicho sistema. Toda la farsa se ha desenmascarado desde el 2008, cuando el sistema financiero colapsó por la insaciable voracidad de los especuladores de Wall Street y quienes a través de los ‘derivados’ de las burbujas, creaban créditos sobre créditos y se respaldaban en deudas sobre deudas, hicieron estallar y quebraron una ficticia economía de la nada.

A casi veinte años, 1989, de la caída de otro muro que dividía a las dos Alemanias, poniendo fin a la supuesta Guerra Fría, un Estados Unidos borracho de poder y lleno de vanidad por creerse el ganador unipolar, provocó la caída total de todo el andamiaje. Es hasta 2020 que por la acumulación de todas las mentiras, se hizo totalmente insostenible, pero de manera cínica todavía intentan salirse con la suya, han inventado una pandemia para asustarnos. A la manera de quien arroja arena a los ojos para que no lo vean, los sinvergüenzas destrozan la posibilidad de exhibir todas sus trapacerías. En tanto logramos abrir los ojos y enterarnos de lo que sucede, nos bombardean con una serie de mentiras que ni a la más desquiciada mente pudo habérsele ocurrido. Sólo para muestra, nos exponen que Hitler era muy decente y que jamás ordenó masacrar 6 millones de judíos.

Lo que en realidad quería era zafarse del control bancario y económico de la cabal sionista judía controladora del sistema financiero, por lo que lo obligaron ir a la Segunda Guerra Mundial, desde la que, como se nos ha enseñado en los libros de la historia gubernamental, redactada por la británica editorial Pearson, Hitler fue el mismo demonio, caricaturizado hasta la ignominia por Chaplin y ridiculizado por el Pato Donald del muy oscuro Walt Disney. Es como tenemos que hoy, estos días, si abren Facebook, verán como nunca antes, la abierta defensa de Hitler, mostrado como un cariñoso amante de los animales y tierno acariciante de bebés, todo un héroe al que su pueblo se rendía por haberlo sacado de la pobreza y arrancarlo de las garras de los sionistas, que, de manera malévola lo llevaron a la guerra, donde lo destrozaron, unidos Churchill, Stalin, Roosevelt, es decir, Gran Bretaña, Rusia y Estados Unidos, los supuestos enemigos entre sí.

A más de 70 años de los hechos, lo único que lograron es que la gente se traga el cuento del Hitler todo bondad y víctima del cabal sionista. Goebbels logró manipular las masas con los mismos embustes. Y sin embargo, caemos en la cuenta que no por haberse desecho de Hitler, sus métodos de control mediático y de masas dejaron de utilizarse. ¿Acaso no nos controla el binomio capitalista-socialista sujeto a guerras que pulularon los últimos años? Corea, el conflicto de los misiles en Cuba, Vietnam, Angola, Afganistán, Centroamérica, Irak, la invasión del Golfo Pérsico, Kuwait, otra vez Afganistán, la eterna pelea de Palestina, Las Malvinas, Croacia. El caso es no habernos dejado quietos y tranquilos, es más de medio siglo de conflictos bélicos, donde la intención era tenernos con miedo, apabullados, temerosos. Para no distraernos o se nos olvidara, la maquinaria hollywoodense nos restregaba una y otra vez lo mismo: el Rambo gringo héroe que tiene derecho de aniquilar al asiático, cuya vida no vale nada.

Son épicos los filmes, desde Pelotón hasta los Bastardos sin Gloria, cada película educándonos sobre quien es el ‘bueno’ y quien el ‘malo’. ¿Deveras ha habido buenos y malos? ¿Se nos olvidó que había un loco que, al apretar un botón, podía aniquilar a toda la humanidad? Ahora existe un encierro mundial, un ilegal arresto domiciliario de toda la población humana, donde nos mienten de manera descarada sobre una supuesta pandemia, la inocencia se ha acabado. Ya ha sido suficiente. Basta de tanta mentira. Tenemos derecho a la verdad. Es a través del miedo como quieren controlarnos. Ante el fin de las meta historias, después de la leche derramada, ahora quieren venir a sugerirnos que los patriotas son mejores porque no desayunan niños ni son pedófilos, salen gurús mediáticos a granel como David Icke, León Valverde y el hilarante Mario Carrillo, que nos hablan de reptilianos, illuminatis y controladores holográficos.

Hasta defensores a ultranza, peores que sus cuestionadores, un atareado Bill Gates que a fuerzas quiere que le compremos y nos inyectemos su vacuna a la que acusan, nos quiere introducir un chip para con la 5G, enfermarnos sin alambres, tratándonos como su paquetería chafa de Windows, la que lo hizo multi, archimillonario al venderla toda viruleada y que obligaba luego a los usuarios a comprarle sus ‘vacunas’, práctica que, ya aprendido el caminito, ahora quiere enderezar contra toda la humanidad, para volverse inmensa, inconmensurablemente más rico. Sus detractores señalan que es un exterminador, que quiere matar a más del 15% de toda la población con su chip. Y en medio de toda la rebatinga entre los Clinton, Obama, los Soros, surge la disputa que encumbra a Donald Trump como el Prometeo, el Sansón, el Hércules, el gran héroe que viene a enfrentarse al denominado Estado Profundo, que se sale de la Organización Mundial de la Salud. Desde que llegó al poder, no ha hecho más que bullear a China.

La que desbancó desde hace mucho a la economía gringa. En México conocemos por haber quebrado la industria del calzado, la ropa y la juguetería. Made in China nos inunda con la ropa y el más impensable y menos sospechado artículo de lo que sea. Trump contra China y en medio, la lucha por el control de todos nosotros. Soros es el demonio que atiza con su terrorismo farmacéutico una falsa pandemia. Gobiernos secuaces y sometidos como el español y el argentino, que han vendido por lentejas su dignidad y honra. La parálisis internacional por muertos de gripa, inventados como muertos de covid. Ingenuos aseguran que Santa Clos si existe y que el ratón de los dientes es real, pero cuestionan a los terraplanistas y se burlan de los que no creen que el ser humano ha llegado a la luna. El derecho a la verdad no está sujeto a declaraciones, tratados o pactos de una cuestionada ONU, señalada como parte de la tiranía globalista. El derecho a la verdad sobrepasa el enjuague de cualquier cumbre internacional. Existe la desquiciada teoría del rayo azul, la baraja iluminati y la conspiranoia, que abarca la falsa bandera de la orquestada caída de las torres gemelas, Facebook y watsapp. Nos vigilan, bloquean o eliminan como en Tweter. O nos restringen como en Youtube, a través de la censura, que expone la cura con dióxido de cloro.

Acceder a la verdad, se ha convertido en la verdadera lucha. Acabamos en medio de una paranoia, por enterarnos que Carmen Aristegui actúa como una agente de la CIA, que nos engañó a todos de ser víctima de la dictadura priista, cuando en realidad, como Jacobo Zabludovsky o López Dóriga o hasta el muy menor Carlos Loret, acabó como parte del mismo sistema. Luego de toda la pérdida de inocencia, queda claro que Fidel Castro siempre fue un agente de la Cia también, al cual ayudó Luis Echeverría Álvarez, al brindarle el barco Granma. Litempo se hacía llamar Echeverría, también agente de la CIA y en sus ratos libres, presidente de México. Castro, el padre del actual primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, de lo que se entera uno. 2020 pasará como el año donde debemos decir, ni con Dios ni con el Diablo. Basta de tanta mentira, sólo queremos la verdad y nada más que la verdad

 

 

 

 

 

 

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